Rosas and Gayet: Migraciones, sexualidades e imaginarios transnacionales. Mujeres peruanas en Buenos Aires y varones mexicanos en Chicago



INTRODUCCIÓN

En las comunidades transnacionales circulan rumores basados en imaginarios que conforman sistemas de referencias que otorgan diferentes sentidos a la migración y la dotan de una serie de atributos. Es conocido, por ejemplo, que entre los migrantes y sus familias permanecen latentes imaginarios positivos sobre las posibilidades laborales que ofrecerían los países de destino y el ascenso social consecuente, con relativa independencia de las evidencias. Ahora bien, los imaginarios que acompañan los procesos migratorios no sólo exhiben claves económico-laborales, sino también de otros tipos, como las sexuales. En efecto, las comunidades difunden imágenes y supuestos sobre la vida sexual de quienes migran y sobre las formas en que se experimenta la sexualidad en las sociedades de destino de la migración. No se trata de un tema irrelevante para las comunidades transnacionales, dado que se le dedica tiempo de reflexión, se perturban sentimientos y vínculos afectivos, ocasionándose trastornos tanto en quienes se van, como en quienes se quedan.

El objetivo de este artículo es analizar los contenidos de los imaginarios que circulan al interior de las comunidades transnacionales y que refieren a las prácticas sexuales de los migrantes adultos heterosexuales, tanto de varones como de mujeres ubicados en Norte y Sudamérica. Particularmente nos interesa explorar el rasgo erotizado de la figura del migrante, su difusión en la forma de rumores transnacionales y la tensión entre regulación y transformación social que los mismos expresan. También reflexionamos sobre la función de estos imaginarios y rumores, dirigida a advertir –en su doble acepción de revelar y prevenir– las prácticas que cuestionan morales hegemónicas asociadas con la familia y la exclusividad sexual, con la dominación sobre la mujer y con el trabajo productivo, entre otras.

Cabe mencionar que los imaginarios sociales pueden ser comprendidos como “múltiples y variadas construcciones mentales (ideaciones) socialmente compartidas de significancia práctica del mundo, en sentido amplio, destinadas al otorgamiento de sentido existencial” ( Baeza, 2011, p. 33 ). Son un conjunto de repertorios con los que una sociedad o grupo sistematiza y normativiza las imágenes de sí mismo, lo cual involucra también a los modos en que esa sociedad se proyecta hacia lo diferente ( García Canclini, 1997 ). Es decir, son construcciones simbólicas a las cuales los sujetos recurren para interpretar y otorgar sentido a lo que sucede, a los demás y a sí mismos. Según Escobar Villegas (2000) :

[…] un imaginario, es un conjunto real y complejo de imágenes mentales, independientes de los criterios científicos de verdad y producidas en una sociedad a partir de herencias, creaciones y transferencias relativamente conscientes; conjunto que funciona de diversas maneras en una época determinada y que se transforma en una multiplicidad de ritmos. Conjunto de imágenes mentales que se sirve de producciones estéticas, literarias y morales, pero también políticas, científicas y otras, como de diferentes formas de memoria colectiva y de prácticas sociales para sobrevivir y ser transmitido ( Escobar Villegas, 2000, p. 113 ).

Se trata entonces de imaginarios en plural, ya que se refieren a tiempos históricos específicos y, en tanto que sociales, son colectivos. Además, son reales en la medida en que pueden intervenir sobre los comportamientos, con independencia de la realidad de sus contenidos ( Escobar Villegas, 2000 ). En este sentido, según Fressard (2006) los imaginarios sociales son un “magma” de significaciones sociales encarnadas en instituciones del Estado, la familia, educativas, religiosas, políticas, etcétera. No obstante, toda sociedad contiene en sí misma una potencia de alteridad, porque conjuga una estabilización relativa de un conjunto de instituciones con una dinámica que impulsa su transformación. Así, señala Escobar Villegas (2000) , las imágenes provienen de distintas fuentes del pasado o se generan por las condiciones presentes y se transmiten en la vida cotidiana; y –lo que resulta fundamental– pueden transformarse y tener distintas funciones, ya sea justificar a las sociedades o ponerlas en cuestión.

El rumor es uno de los repertorios comunicativos de los imaginarios; el mismo refiere a lo secreto, lo no dicho y los miedos colectivos, así como a las utopías, las esperanzas, lo verosímil de una época y de un contexto cultural, el pensamiento social y los imaginarios sociales ( Zires, 2009 ). Los rumores se pueden comprender como “afirmaciones en circulación sobre información instrumentalmente relevante y no verificada que emergen en un contexto de ambigüedad, peligro o potencial amenaza, y que funcionan ayudando a la gente a dar sentido y manejar el riesgo” ( DiFonzo & Bordia, 2007, pp.1-2 ). Por ello, al igual que los imaginarios, los rumores no deben ser comprendidos en términos de verdad o falsedad. Más bien, dice Rouquette (2009) , el valor pragmático del rumor radica en la “advertencia” que el mismo puede suscitar.

En este escrito hemos puesto especial atención en los rumores que transitan por sobre las fronteras de los Estados nacionales, los cuales dan cuenta de los imaginarios construidos en el marco de los procesos migratorios. Hemos priorizado aquellos de tipo impersonal que refieren a colectivos (los varones migrantes o las mujeres migrantes) antes que a eventos específicos o personas, y que suelen ser encabezados (explícita o implícitamente) por la expresión “se dice que” o sus diversas sinonimias.3

Para cumplir los objetivos retomamos resultados de investigaciones cualitativas conducidas con dos grupos de migrantes latinoamericanos: a) mexicanos que residen en Chicago, Estados Unidos, y b) peruanos que viven en Buenos Aires, Argentina. Cabe indicar que Estados Unidos es el principal receptor de migrantes latinoamericanos, mientras que Argentina es el tercero en importancia.

Para la primera investigación señalada, entre los años 2001 y 2002 se realizaron 48 entrevistas a profundidad (a 27 varones y 21 mujeres) en el lugar de origen (municipio de Naolinco, estado de Veracruz, México) y en el de destino (ciudad de Chicago, estado de Illinois, Estados Unidos). En lo que respecta a los migrantes de origen peruano entrevistados en Buenos Aires, se realizaron 45 entrevistas a profundidad (a 19 varones y 26 mujeres) entre 2005 y 2007 y, posteriormente, cinco entrevistas a mujeres peruanas durante los años 2013 y 2014. Para este artículo seleccionamos los casos de mujeres y varones que estaban en unión conyugal (sea ésta civil, religiosa o de hecho) al momento de la migración suya o de su cónyuge. Las investigaciones compartieron perspectivas teóricas, intereses temáticos e instrumentos metodológicos, que fueron adaptados a cada contexto. En todos los casos se hicieron entrevistas biográficas4 que permitieron reconstruir retrospectivamente el pasado de los entrevistados.

Los dos flujos migratorios estudiados nacieron durante la última década del siglo XX.5 Por lo tanto, al momento en que se realizaron los trabajos de campo ambos contaban con escasa antigüedad migratoria y con redes en proceso de consolidación. Entre los mexicanos prevalecía la migración de varones rurales, mientras que entre los peruanos predominaban los movimientos de mujeres urbanas. En los dos casos sobresalían las razones laborales y económicas. Ambos estaban constituidos por población joven (en edades laborales), de escolaridad media, que se insertaba en los países de destino en ocupaciones no calificadas. No obstante, los contextos presentaban condiciones migratorias sumamente diferentes. A diferencia de lo que sucedía en el Norte, los peruanos encontraban en el Sur el mismo idioma, fronteras menos vigiladas, y transitaban dentro de un mercado regional (MERCOSUR) que favorecía relativamente la libre movilidad de los ciudadanos de los Estados parte y asociados. Asimismo, los flujos que se dirigen a la Argentina no encuentran las restricciones ni la peligrosidad que afectan los movimientos hacia Estados Unidos. Estos aspectos, sumados a las oportunidades diferenciales que brindaban los mercados de trabajo a varones y mujeres, contribuyen a comprender por qué el mexicano es un flujo masculinizado y el peruano, uno feminizado.

En cuanto a la estructura del artículo, en la sección siguiente se presenta el recorrido de los estudios que en el campo migratorio latinoamericano han abordado la sexualidad, sin pretensión de exhaustividad. Seguidamente se analizan los imaginarios construidos alrededor de los escenarios de destino, en lo que concierne a las costumbres y las prácticas asociadas a la sexualidad. Luego nos dedicamos a los rumores que circulan en relación a la vida sexual de las y los migrantes, así como a las características imaginadas de los sujetos con los que supuestamente se relacionarían. También dedicamos un apartado a observar las particularidades de los imaginarios sobre las mujeres migrantes. Finalmente, se presenta una discusión sobre la función de los imaginarios y de los rumores transnacionales.6

ANTECEDENTES EN EL ESTUDIO DE LAS SEXUALIDADES Y LAS MIGRACIONES DE LATINOAMERICANOS

Tanto la sexualidad como la migración son procesos sociales, y en tanto que tales, incluyen actos, relaciones y significados. En cuanto a la primera, “[l]a sociedad es la instancia principal de la producción de la sexualidad humana” ( Bozon, 2009, p. 7 ). Es decir, los seres humanos no nos comportamos sexualmente por instinto, sino que aprendemos a comportarnos sexualmente; y, en tanto que construcción cultural, la sexualidad humana implica la coordinación de una actividad mental, una interacción social y de una actividad corporal ( Bozon, 2009 ). La sexualidad se construye en contextos sociales y culturales específicos, y en términos generales puede decirse que en ambas sociedades de origen de los migrantes, mexicana y peruana, está caracterizada por el énfasis en normas heteropatriarcales y de exclusividad sexual entre las personas unidas, al igual que en las sociedades de destino, argentina y estadounidense.7

La dimensión de la sexualidad estuvo relativamente invisibilizada en el campo de los estudios de migración hasta épocas recientes cuando la vinculación entre sexualidad y migración se convirtió en un campo de estudio en crecimiento ( Manalansan, 2006 ; Hernández-Hernández, 2015 ). Siguiendo la tendencia de otros lugares del mundo, las primeras vinculaciones entre la sexualidad y las migraciones latinoamericanas fueron elaboradas por especialistas preocupados por la expansión de la epidemia del VIH.

Muchos de esos estudios se hicieron desde la perspectiva de la salud pública, aunque con el tiempo se fueron incorporando otras perspectivas donde sobresale la de género, y se abordaron las conductas sexuales de los migrantes en Estados Unidos, así como las estrategias de prevención y las consecuencias sobre las esposas de los migrantes, entre otros aspectos ( Bronfman & Minello, 1999 ; Salgado de Snyder, 1998 ; Hirsch, 1999 ; Gayet, Magis & Bronfman, 2000 ; Magis-Rodríguez, Gayet, Negroni, Leyva, Bravo-García, Uribe y Bronfman, 2004 ; Caballero, Leyva-Flores, Ochoa-Marín, Zarco & Guerrero, 2008 ; Hidalgo, García, Flores, Castañeda, Lemp y Ruiz, 2008 ; Martinez-Donate, Hovell, Rangel, Zhang, Sipan, Magis-Rodríguez y González-Fagoaga, 2015 ; entre otros).

El afianzamiento de la perspectiva de género en el campo migratorio fue dando lugar a estudios que, por fuera del enfoque epidemiológico, incluyeron análisis de distintas dimensiones de la vida sexual de las y los migrantes. En esa línea se analizaron las características de las relaciones sexuales mantenidas en los países de destino, las prácticas de control de la sexualidad femenina a la distancia, y los efectos sobre la vida de las mujeres que quedan en los lugares de origen, entre otros aspectos ( D'Aubeterre Buznego, 2000 ; Hirsch, 1999 ; Pedone, 2003 ; Rosas, 2008 ; Caballero, et al., 2008 ; González-López, 2009 ; Ochoa-Marín, Cristancho-Marulanda & González-López, 2011 ; Rivera-Heredia, Obregón Velasco & Cervantes Pacheco, 2013 , entre otros).

Entre los estudios dedicados a analizar los procesos subjetivos asociados a la sexualidad, encontramos el de Skolnik , De La Vega & Steigenga (2012) , donde se analizan los chismes transnacionales que producen distintas consecuencias en las mujeres guatemaltecas esposas de migrantes, así como los factores que intensifican la circulación de chismes. Cabe señalar que los chismes y rumores transnacionales conforman un interesante y rico ámbito de estudio escasamente abordado por los estudios de migración, de modo que nuestro análisis procura realizar un aporte a dicho ámbito.

También ha habido interés por evidenciar procesos de cambio en la vida sexual de las mujeres migrantes: mexicanas en Estados Unidos ( González-López, 2009 ), peruanas en Buenos Aires ( Rosas, 2010 ) y colombianas en España ( Gonzálvez, 2014 ), entre otras. Mientras que otros abordajes se han interesado por la vinculación entre migración, sexualidad y violencia ( Pérez Oseguera, Coppe Gorozope, Pérez Petrone & Trujillo Viruega, 2008 ; Delgadillo Guzmán, Vargas Cortez, Nievar, Argüello Zepeda & González Villanueva, 2013 ).

Los estudios sobre masculinidades ( Rosas, 2008 ; Quispe-Lázaro & Muñoz-Laboy, 2008 ; Cohen, 2015 ) han puesto el acento en las emociones y relaciones afectivo-sexuales de los varones migrantes en Estados Unidos y en las formas que ellos las explican e intentan aminorar su impacto sobre sus esposas y familias, entre otros aspectos. Por su parte, Quispe-Lázaro y Muñoz-Laboy (2008) mostraron que algunos varones se ven obligados a tener relaciones sexuales a cambio de dinero por razones económicas, pero también como un mecanismo para paliar la soledad.

Otro aspecto que ha tenido relativa visibilidad es aquel interesado en la relación entre los procesos migratorios y la llamada “industria del sexo”. Se han analizado, por ejemplo, las trayectorias de trabajadoras sexuales brasileñas que se unieron con varones italianos ( Piscitelli, 2008 ), así como los proyectos migratorios y situación de las mujeres peruanas y colombianas que trabajan en el comercio sexual en una zona fronteriza del Ecuador ( Ruiz, 2008 ).

Más recientemente, la vinculación entre el campo migratorio y los estudios LGBTQ ha permitido cuestionar algunos supuestos en torno a la familia, la reproducción heterosexual y el matrimonio que abundan en la bibliografía sobre migración y género ( Stang, 2015 ), los cuales han tendido a concebir a la sexualidad en un sentido heteronormativo. Para Manalansan (2006) , en la investigación sobre migraciones la sexualidad ha estado relegada al análisis de la reproducción, de la abstinencia forzada causada por la migración y del abuso sexual o la violación. Ha habido discusiones muy limitadas sobre la sexualidad y el placer. Este autor nos invita a ir más allá del agente migrante trabajador y a poner de relieve el deseo y el placer buscado por los y las migrantes. De igual manera, González-López (2009) señala la necesidad de centrar la mirada en los usos y significados del cuerpo, en el erotismo y el deseo.

En consonancia con lo anterior, muchos estudios abogan por el reconocimiento de que las identidades y las prácticas sexuales son factores centrales de los proyectos migratorios ( Pichardo Galán, 2003 ; Córdova Quero, 2014 ; García y Oñate Martínez, 2008 ; Cribari, Pandolfi & Torre, 2012 ; entre otros) y varios de ellos enfatizan la necesidad de incorporar una perspectiva interseccional en el abordaje de la experiencia migrante ( Luibhéid & Cantú, 2005 ; Manalansan, 2006 ), lo cual procuraremos realizar en estas páginas.

Cabe indicar que la interseccionalidad es una perspectiva analítica que pondera el abordaje de la interacción entre las categorías sociales del género, las construcciones raciales, la clase social y otros principios socioculturales de clasificación en la vida de las personas y en las prácticas sociales, visibles también en las convenciones institucionales y las ideologías culturales, así como las consecuencias de estas interacciones ( Stolcke, 2010 ). De hecho, Magliano (2015) señala que los procesos migratorios están conformados por diversos ejes de desigualdades, y que por ello resultan un campo relevante para el análisis teórico y empírico de la interseccionalidad. Es decir, la intersección de las clasificaciones de género, clase, origen nacional, raza, etnicidad, edad y condición migratoria incide en la vida cotidiana de varones y mujeres migrantes, e influye en su acceso a derechos y oportunidades, así como en las situaciones de exclusión o de privilegio que de ellas se derivan, y en las posibilidades de transformación social.

DESTINOS IMAGINADOS

Las migraciones conllevan la producción y reproducción de imaginarios sobre los lugares de destino, en las que participan tanto los sujetos migrantes como los familiares y allegados. Aun antes de migrar se producen anticipaciones sobre las características del destino, donde no están exentos los imaginarios sobre las prácticas sexuales en ese lugar, las cuales tienden a visualizarse y valorarse como diferentes y lejanas a las costumbres del origen.

Para quienes ven partir a los migrantes, los destinos se representan como espacios socioculturales en los cuales habría más libertad para vincularse sexualmente con otras personas. Blanca, una de las esposas entrevistada en México, explica que en su pueblo se dice que los hombres se van porque ya se cansaron de la esposa, de la obligación y se van a ser libres por allá. Por otra parte, el relato de Alicia revela la intriga que las esposas mantienen sobre los comportamientos de sus parejas, y las hipótesis que se tejen sobre la existencia de amplias posibilidades sexuales a disposición de los varones migrantes en Estados Unidos.

[Le digo a mi esposo] “sabrá Dios qué hagan, porque ustedes son hombres y no faltan mujeres…” Dice mi esposo que allá las mujeres hasta los van a buscar a las casas... Quién sabe cómo será eso ¿Las mujeres van a buscar a los hombres o los hombres van a buscar a las mujeres? (Alicia, mexicana, comunicación personal, 8 9 de mayo de 2001).

Según las entrevistadas, en su pueblo no existe la misma libertad que en Estados Unidos, menos aún para las mujeres. Lorna, cuyo esposo también migró a Estados Unidos, explica que en la localidad de origen: “no somos libres […] tú, porque la gente no hable de ti, o porque la gente no piense mal, siempre andas bien derechita”.

En Perú circulan ideas similares respecto del país de destino, Argentina. Eso se observa en los relatos de los esposos varones que migraron después que sus esposas, como es el caso de Paulo: “[antes de venir, yo pensaba] de repente ella se olvida de mí; esa era mi preocupación […] allá [en Perú] se dice que hay mucho libertinaje [en Argentina]” (comunicación personal, 11 de marzo de 2006). Así, en el contexto sudamericano se replica la idea de que el destino ofrece mayores posibilidades de relacionamientos sexuales, pero en este caso son las mujeres quienes ganarían libertad al migrar.

Por su parte, los migrantes, quienes efectivamente han conocido los destinos, parecen reforzar el imaginario a través de distintos relatos. Si bien los mexicanos y peruanos entrevistados conviven con paisanos y parientes en los destinos, muchos expresan que ahí no tienen que cuidar sus acciones como lo hacían antes de migrar. Dicen sentirse relativamente anónimos en Argentina y en Estados Unidos; se ha aminorado su preocupación por el qué dirán, ya que ahora uno hace su vida y no le importa lo que hace el de al lado. Este es un aspecto en el que coinciden gran parte de los estudios dedicados a las migraciones LGBTQ. Por ejemplo, Cribari et al. (2012) señalan que sus entrevistados de origen uruguayo refieren que las ciudades de destino tienen estilos de vida modernos, que allí no sienten la intromisión de otros en su vida privada, y que se sienten anónimos.

Los peruanos marcan mayores contrastes entre “la sociedad” de destino y su lugar de origen, que los mexicanos. Daniel, por ejemplo, expresa que la cultura [argentina] es un poco más liberal (comunicación personal, 6 de diciembre de 2006); Beatriz menciona con molestia que no hay pudor en Argentina, mientras que Rudy y Emma enfatizan que en Perú hay más respeto. Algunos se sorprenden ante los programas televisivos en los que abiertamente se habla de sexualidad y donde se muestran cuerpos semidesnudos. También suele afirmarse que, a diferencia de lo que ocurre en Perú, en Argentina los varones son menos machistas, y que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre . Les sorprende, además, observar que algunas mujeres tienen amigos varones y sus esposos no se los impiden. 9

Estos relatos dan cuenta de la existencia de estereotipos que dicotomizan y sustancializan supuestas diferencias socioculturales entre los orígenes y los destinos. A estos dos últimos se los asocia con imágenes antagónicas en relación al pudor, la libertad, el respeto y el anonimato. Así, las fronteras geopolíticas son grandes productoras de fronteras simbólicas con importantes consecuencias en la vida cotidiana de los sujetos, migrantes y no migrantes.

Si bien los imaginarios existen y su análisis es relevante en la medida que producen múltiples efectos, es necesario no perder de vista su carácter simbólico y recordar las muchas investigaciones que contradicen las imágenes antagonistas. Asimismo, sin negar la existencia de contrastes socioculturales entre los países, nosotras compartimos los cuestionamientos a los análisis que pretenden jerarquizar contextos migratorios basándose en diferencias “objetivas” en las formas y significados de la sexualidad ( Cantú, 2009 ; Vidal Ortiz, 2013 ).

Así, cuestionamos los análisis que desde un enfoque de género piensan a los contextos de origen como tradicionales y opresivos, y a los de destino como espacios modernos y emancipadores de la mujer, invisibilizando la heterogeneidad que los caracteriza y olvidando que en los destinos los migrantes experimentan una gama diversa de discriminaciones y controles en distintos ámbitos de sus vidas ( Rosas, 2010 ). Tampoco podemos olvidar que los imaginarios que enfatizan contrastes culturales o étnicos suelen ser producidos y reproducidos por los discursos académicos, políticos y religiosos, por los medios de comunicación y por las autoridades de turno. Es decir, no es casual que estos imaginarios estén extendidos entre las/los entrevistados.

La erotización de la figura del migrante

En algunos países de América Latina existe un refrán que dicta que “en casa del jabonero quien no cae, resbala”.10 Uno de los entrevistados peruanos, Martín, lo enunció para sugerir que las personas en unión conyugal que migran a un lugar con una imaginada sexualidad libre, inevitablemente mantendrán alguna relación sexual extramatrimonial (pisarán el palito), contradiciendo así la norma monogámica.

Acá [en Argentina] es “la casa del jabonero: el que no cae, resbala”. Mi señora tiene muchos familiares acá, primas, cantidad; no hay ninguna que no haya pisado el palito, no hay ninguna que no haya tenido un problema de infidelidad. Siguen con sus esposos en Perú muy tranquilos. Cuando yo viajo allá, todas me tienen miedo; dicen: “a éste se le va a salir la lengua”. Pero yo soy muy varón, no sé nada de nada (Martín, peruano, comunicación personal, 26 de septiembre de 2007).

Es decir, junto al supuesto de que los destinos (Estados Unidos y Argentina) son más liberales en materia sexual que los lugares de origen, se supone también que los migrantes aprovechan las oportunidades para ejercer la sexualidad por fuera de la monogamia normativa. En otras palabras, hay un arraigado imaginario erotizado de la figura del migrante, sea este varón o mujer, que parece sentenciado a resbalar o caer. En ese marco, muchos entrevistados pronostican que las y los migrantes abandonarán a sus esposas o esposos que quedaron en el lugar de origen.

Como se observa, la concepción del lugar de destino como un espacio con poderes modificatorios de la conducta sexual del migrante es una idea compartida por los entrevistados mexicanos y peruanos. Es así que cuando alguien transita hacia una sociedad que se imagina con menos controles sociales, generalmente se supone que intensificará su actividad sexual.

Según Mario, en su pueblo mexicano todos dicen que quien se marcha a Estados Unidos, lo hace para buscar mujeres. Blanca acota que “las mujeres que tienen sus esposos allá [en EU] o que piensan irse, pues el temor de ellas es que [ellos] ya no regresen […] porque muchos no han regresado; se han casado allá ” (comunicación personal, 5 de junio de 2002).

Por su parte, los esposos que quedaron en Perú mientras sus mujeres migraron a la Argentina, experimentaban preocupaciones similares y recibían con frecuencia burlas por la posibilidad de ser abandonados por ellas ( Rosas, 2010 ). ¿Vos crees que tu mujer te va a llevar, huevón? Eso me decían mis amigos, relata Rudy (comunicación personal, 10 de octubre de 2005). Mientras que a Sara, una mujer que migró a la Argentina antes que su esposo, sus familiares y amigos en Perú le decían “¡qué valiente [que no abandonaste a tu marido]! Porque mayormente las que se van, se consiguen otro marido, se olvidan de los hijos” (comunicación personal, 15 de mayo de 2006).

Si bien en los discursos de los familiares que se quedaron en el lugar de origen se observa la afirmación de este imaginario que supone una intensificación de la actividad sexual en los destinos, las narraciones de los migrantes se observan menos contundentes. Los relatos de estos últimos oscilan entre aquellos que parecen reforzar el imaginario y otros que lo cuestionan rotundamente, como veremos a continuación.

Un ejemplo de quienes contribuyen a afirmar el imaginario lo encontramos en Beto, uno de los pioneros en su pueblo de la emigración hacia Estados Unidos, quien en medio de su dolor por emprender el largo y peligroso viaje se despidió de sus amigos diciendo en forma de broma “ahí les saludo a las gringas”. Otro ejemplo lo encontramos en Martín, citado al comienzo de este apartado, quien enfáticamente generaliza que todas las migrantes emparentadas con su esposa han “tenido un problema de infidelidad ” (comunicación personal, 26 de septiembre de 2007 ). Mientras que Emma también refuerza el imaginario al argumentar que no es su generación la que se ha tomado mayores libertades sexuales en Argentina, sino que las jóvenes que están viniendo ahora son un desastre, porque vienen, trabajan y se van a bailar, se olvidan de los hijos en Perú.

Quienes aseguran que las y los migrantes viven con mayor libertad su sexualidad en los destinos, tienden a explicarlo diciendo que se trata de una necesidad del cuerpo, que se impone a su voluntad. “Aquí el sexo viene siendo… como que casi lo agarras como una necesidad; ‘donde tú dices: mi cuerpo lo necesita […] Lo que tú necesitas es sacar tu necesidad”, menciona Beto desde Chicago (comunicación personal, 26 de noviembre de 2001). Cabe señalar que el énfasis en el aspecto corporal-genital procura quitar el elemento afectivo, y así disminuir el ofensivo.

De hecho, los estudios de masculinidad han mostrado que el imaginario sobre el deseo sexual y la imposibilidad de “aguantarse” durante cierto tiempo sin mantener relaciones sexuales, está sostenido en la creencia de que existe una “naturaleza” en los varones que los obliga a mantener relaciones periódicamente. Aunque con menos frecuencia, también entre los peruanos encontramos relatos que reconocen el deseo erótico en la mujer migrante y sugieren su dificultad para “aguantarse”. En este sentido Tito, un peruano entrevistado en Buenos Aires, interpreta que al estar alejadas de los esposos “la mujer [migrante] estaba tan ávida de sexo, que no aguantaba ” (comunicación personal, 6 de junio de 2007).

En el contexto migratorio, la mayor libertad sexual imaginada para quienes cruzan las fronteras está altamente vinculada al movimiento y a las inquietudes que suscita el nomadismo. Esta idea fue sugerida por Ana, de origen peruano, cuando aseveró que quienes andan por todos lados tienden a ser mujeriegos. De hecho, “los que duermen fuera” son un grupo representado en los discursos históricos mexicanos como quienes tendrían más posibilidades de adquirir infecciones de transmisión sexual ( Gayet, 2015 ). Aparecen así distintos tipos de viajeros siendo asociados con comportamientos sexuales “riesgosos”. Y la figura del migrante, varón o mujer, se ajusta a esa representación.

A pesar de que como hemos visto algunos migrantes contribuyen con sus relatos a exaltar el imaginario, otros lo cuestionan manifestando malestar e indignación. Varios varones mexicanos cuestionaron la exageración contenida en el mismo y adujeron que eso desmerece su esfuerzo cotidiano, así como los peligros que enfrentaron para llegar a Estados Unidos y el tiempo que le dedican a trabajar para sostener a sus familias.

Al respecto, con una mezcla de tristeza e impotencia, Silvio expresa que “las personas que están de aquel lado [en México] piensan cosas muy distintas a lo que es la realidad aquí... No se dan cuenta, no saben la forma de vivir aquí uno […] [Mi esposa] me dice: ¡tú andas acá y tú andas allá! Digo, ¡nooo! Y hay veces que ni siquiera salgo por una semana ” (comunicación personal, 5 de diciembre de 2001). Hugo también considera que en México dicen de más. Según su percepción, no hay diferencias en el comportamiento sexual de los varones en Estados Unidos y en México en cuanto a tener parejas simultáneas: eso no nomás es aquí [en EU], también allá [en México] lo hacen (comunicación personal, 28 de noviembre de 2001).

Como consecuencia del imaginario descripto, las parejas mexicanas y peruanas que se encuentran separadas por miles de kilómetros dedican mucho tiempo a discutir y a reprocharse mutuamente vía telefónica. Para quienes se reunifican en los destinos tampoco es sencillo superar las sospechas alimentadas por los rumores. Todo ello, además, suele acongojar a los hijos y al resto de la familia, como explica Emma: “mis hijas me llamaban [desde Perú] y me decían: mamá lleva a mi papá porque aquí todos lo joden […] [Mi hija me decía:] mi papá llora, le dicen que ya tú tienes otro allá, que ya no lo vas a llevar, que no vas a venir nunca” (comunicación personal, 16 de noviembre de 2005).

En síntesis, en las comunidades transnacionales hay un arraigado imaginario erotizado de la figura del migrante. Especialmente entre quienes permanecen en los lugares de origen prevalece la idea de que las y los migrantes dedican muchas energías a su vida sexual, y que ello eleva la probabilidad de que abandonen a sus parejas y familias. Es interesante notar que ese imaginario se replica en dos comunidades transnacionales que no tienen vínculos entre sí y que está adherido tanto a varones como a mujeres migrantes.

Como dijimos en el apartado anterior, el dar cuenta de los imaginarios y de los efectos que ellos producen no implica otorgarle valor de verdad a su contenido ni olvidar su carácter simbólico. En este sentido, si bien la experiencia migratoria puede conllevar cambios en la experiencia sexual de las personas, no se trata de un proceso necesario. Es decir, si bien “es sabido que algunos mantienen una doble vida familiar posibilitada por la distancia” ( Pedone, 2003, p. 302 ), la esencialización del comportamiento sexual de las y los migrantes presente en el imaginario debe ser cuestionada con los mismos argumentos que utilizamos para cuestionar la sustancialización del antagonismo entre los contextos de origen y destino.

Sujetos de deseo imaginados

Los “mercados” afectivos y sexuales a los que acceden los migrantes suelen tener características relativamente homogámicas ( Rosas, 2013 ). Quienes conforman pareja en los destinos lo hacen principalmente dentro de un entorno espacial y sociocultural acotado ( Quispe-Lázaro & Muñoz-Laboy, 2008 ; Cohen, 2015 ). Además, no es sencillo para los migrantes vincularse con sujetos de las sociedades de destino, donde se los discrimina de diversas maneras.

Sin embargo, las comunidades transnacionales imaginan otras vivencias. Entre las esposas mexicanas que permanecen en los lugares de origen está arraigada la idea de que los varones migrantes tienen amplias posibilidades de seducir a, y ser seducidos por, mujeres a quienes imaginan guapas, libertinas y disponibles (que se prestan y están a la orden del día).

Asimismo, entre los peruanos observamos un imaginario con características similares. Algunos varones creen que sus esposas migrantes desean a los argentinos porque son lindos, son bonitos. Más específicamente, los rumores difunden que las mujeres peruanas acceden a, y son deseadas por varones argentinos, jóvenes, bellos y con mayores recursos económicos. Imaginarios similares han sido encontrados en otros contextos migratorios (véase Pedone (2003) para el caso de mujeres ecuatorianas en España).

Tanto entre los peruanos como entre los mexicanos entrevistados los imaginarios sobre los sujetos de deseo están configurados por ideas hegemónicas –de género, nacionalidad y construcciones étnico-raciales– que sirven para subrayar su sentido de exclusión. De forma similar a lo señalado por Esguerra Muelle (2014) , podemos decir que dichos imaginarios expresan formas sutiles de racismo que van en detrimento de los migrantes, de sus esposos y esposas, así como de sus comunidades transnacionales en general. Esta autora observó “tanto un racismo fenotípico como uno más complejo vinculado a ideas sobre el prestigio (la elegancia), la belleza, o incluso la civilización y la modernidad” (2014, p. 148). Es así que siguiendo a Canessa (2008) podemos decir que en estos imaginarios el deseo sexual de los migrantes es concebido a partir de una estética sensual que también está vinculada a una erótica del poder.

Para finalizar, es importante mencionar que en el caso de las mujeres peruanas en Buenos Aires aparece también en el imaginario la figura de otras mujeres como posibles objetos de deseo. Así, la migración femenina parece incluso poner en cuestión la heterosexualidad normativa. Eso se observa en el relato de Pablo, un migrante peruano. Es notable la forma en que el entrevistado normaliza y amplifica la manifestación de relaciones homoeróticas de mujeres migrantes en espacios públicos. De hecho, sus palabras condensan los distintos temas tratados a lo largo de las páginas anteriores: la sociedad de origen aparece descripta como un espacio regulador de las prácticas mientras que el lugar de destino es interpretado como más permisivo respecto a las relaciones entre personas del mismo sexo, y las mujeres migrantes son representadas como quebradoras de las barreras normativas de la sociedad de origen en cuanto al objeto del deseo sexual.

En estos últimos años se nota una tendencia a que muchas mujeres peruanas son lesbianas […] Ahora ya es casi normal ir a un baile y encontrar a dos mujeres bailando y besándose, no les interesa el resto. Es que esa barrera ya se ha superado, y eso lo han superado acá [en Argentina], porque la sociedad te lo permite también. En Perú era muy difícil (Pablo, peruano, comunicación personal, 8 de mayo de 2006).

Imaginarios similares, pero no iguales: “ellas se ven peor”

En las secciones anteriores expusimos las principales similitudes encontradas en los imaginarios construidos sobre la vida sexual de los varones migrantes mexicanos en Estados Unidos y de las migrantes peruanas en Argentina. Tanto a unos como a otras se les imagina ávidos por el sexo, y se construyen conjeturas en las que se sostiene que eso afectará su rol laboral, el envío de remesas y sus vínculos familiares. Además, a ambos grupos se los imagina proclives a vincularse con sujetos que reúnen características étnico-raciales representadas como hegemónicas.

Sin embargo, hay diferencias no sutiles entre las imágenes que refieren a unos y otras, ya que los cuestionamientos a las mujeres alcanzan mayor magnitud y virulencia. También Dreby (2009) encontró que los rumores acerca de la mujer llevan a un mayor estigma debido a que sus supuestas “transgresiones” son de carácter moral; en cambio, según la autora, los chismes sobre los hombres sólo son graves cuando su “transgresión” amenaza su papel tradicional como proveedores económicos.

En efecto, a diferencia de lo que sucede con las mujeres, el ejercicio sexual extramatrimonial de los varones suele justificarse. En el marco de nuestras investigaciones encontramos que es común que las esposas de los migrantes mexicanos expliquen este imaginario diciendo “ellos son hombres”. Es decir, se los concibe como víctimas de su biología (su cuerpo les demanda tener relaciones sexuales) o como presos de su aprendizaje de género (los hombres no saben aguantarse las ganas, las mujeres sí). Estos imaginarios sobre los varones no sólo se encuentran en contextos migratorios, sino que responden a las construcciones sexo-genéricas relacionadas con la masculinidad y la feminidad heterosexuales en las sociedades latinoamericanas. En términos generales, en esas construcciones las figuras masculinas (padres, esposos, hermanos, etcétera) y femeninas (madres, esposas, hijas, etcétera) son estereotipadas como antagónicas y asimétricas en términos de poder, bajo el supuesto de que los primeros ejercen control sobre las segundas, gozan de mayor libertad para relacionarse y ejercer su sexualidad, y fortalecen su dominación mediante la provisión económica.

Dichas construcciones sexo-genéricas también están presentes en Perú y ayudan a comprender la emergencia de los mayores cuestionamientos que reciben las mujeres migrantes peruanas. Como expresan Nyberg Sørensen y Vammen (2016) , los imaginarios sobre las estrechas relaciones emocionales madre-hijo se ven confrontados por la migración de estas mujeres, que se alejan geográficamente de sus hijos. Por ello, las madres migrantes procuran reponer su desgaste emocional y estigma social enviando la mayor parte posible de sus ingresos. En efecto, en las entrevistas realizadas en Buenos Aires se relata que luego de trabajar y de cumplir con el envío de remesas, muchas mujeres peruanas salen a divertirse para combatir la soledad y olvidar la dureza de su trabajo cotidiano como empleadas domésticas. De hecho, algunos varones peruanos entrevistados dicen comprender que las mujeres deseen divertirse, porque ellos siempre han hecho lo mismo. Pero precisamente porque trabajar e ir solos a bares era una experiencia atribuida a los varones en Perú, y no a las mujeres, se dice que una vez en Buenos Aires ellas bebían de más y luego ´venía lo que venía´” [tenían relaciones sexuales extramatrimoniales]. Incluso, se relata la presencia de hombres que sacarían ventajas de las migrantes, ya sea quitándoles dinero o acosándolas sexualmente: “detrás de una mujer mareada hay dos o tres hombres que la quieren llevar a cualquier lado”, sentencia Pablo (comunicación personal, 8 de mayo de 2006). En pocas palabras, en este imaginario se reconoce a la mujer como sujeto de deseo, pero también se deja constancia de que ella no sabe cómo manejar “adecuadamente” ese deseo (porque sería inexperta o no le sería propio), y con frecuencia se la subordina a una figura masculina que saca provecho de ella.

En términos comparativos, los relatos que refieren a la actividad sexual de las mujeres migrantes peruanas contienen una mayor carga denigratoria y estigmatizante que la evidenciada respecto de los varones mexicanos. Se dice que algunas se alcoholizan y se las representa bien como mujeres viejas que acosan a jóvenes, o bien como jóvenes que son un desastre, salen a bailar y se olvidan de sus hijos. Tito, por ejemplo, no duda en expresar que estas mujeres producen bochorno porque en las bailantas “gastan el poco dinero que tienen, y tratan de comprar cariños y besos” (comunicación personal, 6 de junio de 2007).

Se sostiene, además, que ellas llaman la atención, que se ven peor que un varón. Se menciona que una cosa es ver a un hombre mareado, pero ¡ver a una mujer mareada! [es peor]. Es decir, no causan sorpresa las relaciones extramatrimoniales de ellos, ni verlos tratando de seducir a una joven. Tampoco sorprende ver a un hombre alcoholizado. La sorpresa y el repudio aparecen cuando es una mujer quien lo hace. Si bien, como dijimos, esa mayor sorpresa que causan las mujeres se debe a que sobre ellas opera una organización sexo-genérica heteropatriarcal, también indica que el accionar de algunas está poniendo en cuestión lo socialmente esperado, es decir, lo prescripto por dicha organización. Ellas hacen visible que algunos de los papeles socialmente asignados a los varones, como el de la seducción, son también posibles para las mujeres.11

En otros contextos se han realizado hallazgos similares. Pedone (2008) refiere que en el contexto de migraciones femeninas en Ecuador también se ha construido una visión homogénea y estigmatizante de “las mujeres de la migración” que abandonarían a los hijos. Incluso, indica la autora, las instituciones comprometidas con el trabajo de base en el hecho migratorio han reafirmado esa visión, exaltando los peligros que corre la mujer al migrar, la posibilidad del abandono del hogar y de sus hijos e hijas. Marroni (2006) también da cuenta de la existencia de un imaginario similar asociado a las mujeres campesinas mexicanas, el cual supone que quienes migran “van de locochonas” o “andan de locas”.

Durante el trabajo de campo con las mujeres peruanas documentamos su gran preocupación ante estos rumores que las estigmatizan y culpabilizan. Por temor a ser calificadas como “malas mujeres” o “malas madres” por sus parientes o hijos, algunas prefirieron reunificarse con sus esposos violentos. A resultados similares llegaron Skolnik et al. (2012) , quienes encontraron que, en comparación con los varones, las mujeres guatemaltecas toman más medidas preventivas para evitar ser “chismorreadas” y se ven más afectadas negativamente por los efectos de los chismes transnacionales. Las autoras enfatizan la naturaleza altamente generizada del chisme transnacional, que potencialmente puede reforzar las relaciones patriarcales. De hecho, el aumento de la ansiedad, la depresión y el aislamiento entre las mujeres puede considerarse un subproducto de la facilidad con que corren los rumores y chismes de un país a otro.

LA FUNCIÓN DE LOS IMAGINARIOS Y DE LOS RUMORES TRANSNACIONALES

Mediante la difusión de rumores las sociedades reafirman imaginarios instituidos, se proyectan hacia lo instituyente y elaboran advertencias. Siguiendo a Canessa (2008) decimos que estos imaginarios y los rumores asociados señalan una verdad, y no una verdad que resida necesariamente en el comportamiento sexual de los y las migrantes, sino en las ansiedades que su posibilidad suscita. Entonces, como lo señalamos en la introducción, la verdad de los rumores no puede ser juzgada por su contenido, sino por su valor pragmático y por la moral que sugiere. Su verdad, indica Rouquette (2009) , es ser el signo de un espanto o de un desposeimiento. En efecto, consideramos que los rumores analizados expresan el “espanto” ante la posible “transgresión” de morales hegemónicas. Pero expresan también un “desposeimiento”, el del control directo. Es decir, el rumor es la forma –transnacional, en este caso– que adquiere el control cuando no se lo puede ejercer directamente.

Según Fressard (2006) , los imaginarios sociales orientan el decir, la acción, el sentir, el desear, así como las maneras de pensar. También los rumores sugieren “una norma de acción (no ir a tal lugar, no comprar tal producto, tomar tal precaución...). Ésta proporciona entonces cierto dominio a partir de la evitación” ( Rouquette, 2009, pp. 160-161 ). Lo mismo se ha dicho con respecto al chisme. Skolnik et al. (2012) mencionan que cuando un grupo se siente amenazado, los chismes aumentan. Para las autoras, hablar negativamente sobre los comportamientos considerados inadecuados es una manera de aclarar qué comportamientos son apropiados y así reafirmar la identidad del grupo. Al estigmatizar ciertas acciones, se busca evitarlas e instituir “normalidades”. En las dos corrientes migratorias analizadas en este escrito observamos que los rumores y los chismes buscan instituir la monogamia y el control de la sexualidad femenina, la obligación por sobre el divertimento y el placer, el trabajo por sobre el deseo, así como invalidar los entrecruzamientos sexuales interetarios, interétnicos y entre clases sociales. Así, rumores y chismes actúan proporcionando confirmación y refuerzo de la brújula de la moral colectiva dominante ( Wert & Salovey, 2004 ).

Wade (2008, p. 50) menciona que las mujeres figuran en los discursos nacionalistas como guardianes y civilizadoras, “pero pueden ser vistas también como una amenaza posible del cuerpo de la nación si no se comportan bien –sobre todo en lo relacionado con el sexo–. La idea de “comportarse bien” muchas veces implica mantener relaciones en su grupo o categoría social”. Lo expresado por Wade permite, en primer lugar, comprender que nuestros hallazgos no aluden solamente a un tipo de control ejercido al interior de las familias o de las parejas. Estos imaginarios expresan ansiedades que trascienden las comunidades migrantes, y que responden a órdenes socioculturales, políticos y económicos mayores. En segundo lugar, se comprende que los varones migrantes pueden también ser vistos como una amenaza para el cuerpo de la nación en lo vinculado a su sexualidad y, por eso, también son objeto de rumores transnacionales. Los Estados-nación de origen y destino esperan que los varones migrantes, al igual que las mujeres, se “comporten bien”, trabajen productivamente, envíen remesas, sostengan a su familia y mantengan relaciones sexuales con los de su mismo grupo. Es por ello que mediante el rumor se sanciona preventivamente (denigrando por anticipado) a quienes pudieran actuar en contrario.

En este artículo otorgamos relevancia al análisis del control de la sexualidad a través de los rumores transnacionales que provienen de imaginarios sedimentados. Sin embargo, ese énfasis no debe generar la sensación de que no existen posibilidades de resistencia, o de que los y las migrantes tienen vedado el acceso al placer y al erotismo. Aquí expusimos que, en diferentes grados, varones y mujeres migrantes disputan valores y normalizaciones. De hecho, los rumores que han sido objeto de reflexión en las páginas anteriores, al mismo tiempo que pueden ser concebidos como controles preventivos, reflejan las grietas del control.

También hay que decir que, si bien preocupa a los migrantes lo que se diga de ellos y se molesten ante la exageración contenida en los imaginarios sobre su sexualidad, algunos de los varones migrantes no desactivan el rumor, sino que más bien lo refuerzan. Ello se explica porque el rumor puede tener también una función de mejora de la autoimagen. En ciertos casos, en la soledad que resulta de la experiencia en la sociedad de destino, el rumor sobre ser sexualmente deseado y tener mucha actividad sexual puede ayudar a elevar, como máscara, la estima propia.

REFLEXIONES FINALES

En las secciones anteriores analizamos las características de los imaginarios que circulan en las comunidades transnacionales alrededor de la sexualidad de quienes migran. Abordamos el caso de los varones mexicanos migrantes en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, y de las mujeres peruanas que se destinan en Buenos Aires, Argentina.

Los imaginarios analizados condensan una serie de supuestos acerca de las sociedades de destino (a las que se supone menos rígidas en materia sexual, con más equidad de género, y que brindan mayor anonimato y libertad que las de origen) y de los migrantes (supuestos en frecuente búsqueda sexual, erotizados, como potenciales abandonadores de sus familias, y con acceso a sujetos nacionales, bellos, blancos y de mejor posición socioeconómica). Estos imaginarios operan tanto sobre los varones mexicanos como sobre las mujeres peruanas. Por eso, dado que ello también ha sido encontrado en contextos migratorios diferentes a los que nosotros estudiamos, puede conjeturarse que se trata de un aspecto extendido que acompaña los movimientos migratorios contemporáneos de latinoamericanos.

Ahora bien, los imaginarios analizados tienen una mayor carga estigmatizante cuando aluden a las mujeres migrantes, en particular a quienes han migrado sin sus hijos, lo cual es coherente con la socialización sexo-genérica que prevalece en América Latina. Es decir, los imaginarios y los rumores tienen una gran carga heteropatriarcal, además de racista y clasista. Así, identificando la articulación entre distintas clasificaciones de desigualdad presentes tanto en los lugares de origen como de destino, hemos procurado recuperar una perspectiva transnacional e interseccional en relación a la construcción y operatoria de los imaginarios y rumores en la vida de las y los migrantes, y en la propia configuración de los procesos migratorios. Si bien en este artículo pusimos énfasis en las lógicas de dominación, también dimos cuenta de la agencia y la transgresión delatadas en la mera existencia de los rumores.

Por otra parte, mostramos que aunque las sociedades de origen y destino son heterogéneas en su interior, los imaginarios operan uniformizando a cada una y obviando sus complejidades. Al mismo tiempo, exageran las diferencias y minimizan las similitudes entre ellas, de modo que las producen como antagónicas. Algo similar sucede con la figura del migrante. Los imaginarios producen una mitificación de esa figura y la convierten en antagónica a la figura del no migrante. De tal suerte que la vida sexual de las mujeres migrantes es representada distinta a la que ellas mismas llevaron cuando no eran migrantes; y lo mismo sucede con los varones.

Teniendo en cuenta lo anterior, en este escrito hemos insistido tanto en la importancia de atender las simplificaciones que operan en los imaginarios, como en el reconocimiento de su carácter simbólico y en la necesidad de desnaturalizar sus contenidos. En efecto, “la tendencia a sustancializar la diferencia cultural reclama, desde un enfoque crítico, un análisis profundo que se nutra de datos contextuales e históricos y observe la cultura como entramado de prácticas sociales, atravesadas por el poder” ( Gregorio Gil, 2009, p. 47 ). En este sentido, este artículo brinda elementos que permiten cuestionar los análisis reduccionistas que jerarquizan a los contextos de origen y destino con un gradiente de modernidad.

Finalmente, en las páginas anteriores discutimos la función de los imaginarios y rumores transnacionales. Hemos dicho que los mismos expresan las inquietudes que surgen en el marco del proceso migratorio ante la posibilidad de que se transgredan las fronteras normativas impuestas por la organización heteropatriarcal de la sexualidad y del género, pero también las impuestas por las construcciones raciales y la estructura de clases, entre otras. Es decir, expresan una tensión entre regulación y transformación social, y tienen la función de controlar la sexualidad a la distancia, a partir de veladas sanciones morales.

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2009Rumor: Voces del tejido social M. Zires Versión23813

Notas

1 Cabe señalar que el rumor es diferente al chisme. Este último refiere a asuntos privados de individuos específicos. Si bien nuestro artículo refiere a rumores, haremos referencia al chisme cuando citemos estudios específicos sobre el mismo.

2 La entrevista biográfica se interesa por las historias y experiencias de la vida cotidiana de las personas (Bron & Thunborg, 2015). La persona entrevistada construye su propia historia narrando su vida pasada tal como la recuerda y como desea que el otro la conozca, a partir de pautas dadas por el entrevistador (Atkinson, 1998).

3 En el caso de Veracruz, la migración creció a la luz de la crisis de los precios del café y de la caña de azúcar. De allí migraron pequeños propietarios, ejidatarios y peones que no lograban emplearse en las cosechas. Por otra parte, la migración de peruanos hacia Argentina estuvo empujada principalmente por los efectos de la aplicación de políticas neoliberales en Perú que elevaron la precariedad laboral y el desempleo, así como por una crisis institucional generalizada. Para abundar en estos aspectos consúltese Rosas (2008 y 2010).

4 Los nombres de las y los entrevistados han sido modificados para resguardar su anonimato. Por otra parte, las palabras textuales de nuestros entrevistados se introducen en el formato cursiva para distinguirlas del resto del escrito.

5 Para abundar en la dimensión de heteropatriarcado, véase Hoagland (2002).

6 La expresión “comunicación personal” ha sido introducida junto a los extractos de las entrevistas por exigencia del estilo de citación. Como se ha dicho en la introducción, este estudio es el resultado de investigaciones que utilizaron la técnica de entrevista a profundidad en el marco de diseños metodológicos de tipo cualitativo.

7 Entre los mexicanos hay escasos relatos que refieren a los gringos. Con éstos, los intercambios cotidianos se circunscriben a cuestiones laborales puntuales, mientras que los momentos de ocio se comparten con los paisanos. El idioma es una importante barrera que también puede impedir observar la televisión en inglés.

8 El mismo, en su sentido literal indica que donde se fabrica jabón (la casa del jabonero) el suelo está resbaloso y, por eso, quien por allí camine seguramente se caerá o resbalará.

9 Al identificar interseccionalmente distintas clasificaciones sociales de desigualdad no sólo se revelan lógicas de dominación sino que también se visibilizan las resistencias que las personas despliegan (Magliano, 2015).



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INTRODUCTION

In transnational communities there are rumors based on imaginaries that constitute themselves into frames of reference providing different meanings to migration and endowing it with different attributes. For example, it is known that among migrants and their families there are underlaying positive imaginaries about the job opportunities provided by the countries that host them and the social climbing derived from them, with relative disregard for actual evidence of such. Now, in addition to exhibiting economic-labor keys, the imaginaries associated with migratory processes also offer keys of other types, such as sexual ones. As a matter of fact, communities disseminate images and assumptions about the sexual life of migrants and the ways in which sexuality is experienced in host societies. It is not an irrelevant issue for transnational communities, since time is devoted to contemplating the matter, and feelings and emotional ties are disturbed, causing disorders in both those who leave and those who stay.

The aim of this article is to analyze the contents of the imaginaries that circulate in transnational communities, referring to the sexual practices of heterosexual adult migrants, both men and women located in North America and South America. We are particularly interested in exploring the eroticized features of the figure of the migrant, its diffusion in the form of transnational rumors and the tension between regulation and social transformation that they express. We also reflect on the role of these imaginaries and rumors, aimed at both revealing and preventing the practices that question hegemonic morals associated with the family and sexual exclusivity, domination over women and productive work, among others.

It is worth mentioning that social imaginaries can be understood as “multiple and varied, socially shared mental constructs (ideations) of practical significance for the world; broadly speaking, intended for the granting of existential sense” ( Baeza, 2011, p. 33 ).3 They are a set of repertoires with which a society or group systematizes and regulates its image, which also involves the ways in which that society projects itself towards the different ( García Canclini, 1997 ). That is, they are symbolic constructs used by people to interpret and give meaning to what happens, to others and to themselves. According to Escobar Villegas (2000) :

[…] an imaginary is a real and complex set of mental images, independent from scientific criteria of truth and produced in a society from relatively conscious inheritances, creations and transfers; which works in different ways at a given time and that transforms into a multiplicity of rhythms. It is a set of mental images that makes use of aesthetic, literary, moral, political, scientific and other productions, as well as of different forms of collective memory and social practices in order to survive and be transmitted ( Escobar Villegas, 2000, p. 113 ).

These are several imaginaries that we talk about here, since they refer to a specific historical time; in addition, they are of a social and collective nature. They are also real to the extent that they can intervene on behaviors, regardless of the reality of their contents ( Escobar Villegas, 2000 ). In this sense, according to Fressard (2006) , social imaginaries are a “magma” of social meanings embodied in family, educational, religious, political, State institutions, etc. However, every society contains a power of otherness, because it combines a relative stabilization of a set of institutions with a dynamic that drives its transformation. Thus, Escobar Villegas (2000) points out that images come from different sources of the past or are generated by present conditions and are transmitted in everyday life; in addition, they can be transformed and have different functions, either justifying societies or questioning them, an element that is fundamental.

Rumors are one of the communicative repertoires of imaginaries. They refer to the secret, to the unspoken and to collective fears, as well as to utopias, hopes, to what is believable in a given era and a particular cultural context, social thinking and social imaginary ( Zires, 2009 ). Rumors can be understood as “statements in circulation about instrumentally relevant and unverified information that emerge in a context of ambiguity, danger or potential threat, which help people make sense and manage risk” ( DiFonzo & Bordia, 2007, pp.1-2 ).4 Therefore, rumors should not be understood in terms of truth or falsehood, as with imaginaries. Instead, Rouquette (2009) states that the pragmatic value of the rumor lies in the “warnings” that it can generate.

In this article we have devoted special attention to the rumors that arise at the borders of national states, which reflect the imaginaries built within the framework of migration processes. We prioritized those of the impersonal type that refer to groups (migrant men or women) rather than specific events or individuals, and that usually open (explicitly or implicitly) with the expression “people say that” or synonyms.5

To meet our objectives, we continue with the results of the qualitative research conducted on two groups of Latin American migrants: a) Mexicans living in Chicago, United States; and b) Peruvians living in Buenos Aires, Argentina. It should be noted that the United States is the main recipient of Latin American migrants, whereas Argentina is the third.

For the first research, 48 in-depth interviews were conducted between 2001 and 2002 (27 men and 21 women) in the home country (municipality of Naolinco, Veracruz, Mexico) and in the host country (Chicago, Illinois, United States). On the other hand, for Peruvian migrants in Buenos Aires, 45 in-depth interviews (19 men and 26 women) were conducted between 2005 and 2007, and, subsequently, five interviews were conducted with Peruvian women during 2013 and 2014. For this article, we selected women and men who were in conjugal union (whether civil, religious or de facto) at the time of their migration or that of their spouse. The research shared theoretical perspectives, thematic interests and methodological instruments, which were adapted to each context. In all cases, biographical interviews were conducted,6 which allowed retrospectively reconstructing the interviewees’ past.

The two migratory flows studied arose during the last decade of the 20th century.7 Therefore, when the field work was carried out, both were relatively recent and had networks in the process of consolidation. For Mexicans, the migration of rural men prevailed; while for Peruvians, urban women's migration predominated. In both cases, labor and economic reasons stood out. Both were constituted by young population (in working ages), of intermediate school level, who were inserted in the host countries in unskilled occupations. However, the contexts presented extremely different migration conditions. Unlike Mexicans, Peruvians found in the South the same language, less guarded borders and could transit within a regional market (MERCOSUR) that allowed a relatively free mobility of citizens of member and associated states. Likewise, people who migrate to Argentina do not find the restrictions or dangers that affect mobilities towards the United States. These aspects, in addition to the different opportunities offered by labor markets to men and women, contribute to understanding why the Mexican is a masculinized flow and the Peruvian is a feminized one.

Regarding the structure of this article, the following section presents studies that have addressed sexuality in the Latin American migratory field, without claiming exhaustiveness. Next, the imaginaries built around the host scenarios are analyzed, regarding the customs and practices associated with sexuality. Then we point out the rumors that circulate in relation to the sexual life of migrants, as well as the imagined characteristics of the people with whom they would supposedly relate. We also dedicate a section to the particularities of the imaginaries about migrant women. Finally, a discussion about the role of the imaginaries and transnational rumors is presented.8

BACKGROUND IN THE STUDY OF SEXUALITY AND MIGRATION OF LATIN AMERICANS

Both sexuality and migration are social processes, and as such include acts, relationships and meanings. For the first, “society is the main instance of the production of human sexuality” ( Bozon, 2009, p. 7 );9 that is, human beings do not behave sexually by instinct, but rather we learn to behave sexually; moreover, being a cultural construct, human sexuality implies the coordination of a mental activity, a social interaction and a bodily activity ( Bozon, 2009 ). Sexuality is built in specific social and cultural contexts. In general terms, it can be said that in both societies of origin, Mexican and Peruvian, it is characterized by the emphasis on heteropatriarchal norms and sexual exclusivity, as in host societies, Argentina and the United States.10

The dimension of sexuality was relatively invisible in the field of migration studies. It was in recent times when the link between sexuality and migration became a growing field of study ( Manalansan, 2006 ; Hernández-Hernández, 2015 ). Following the trend from around the world, the first links between sexuality and Latin American migrations were prepared by specialists concerned about the spread of the HIV epidemic.

Many of these studies were done from the perspective of public health; although, over time, other perspectives –where gender stands out– were incorporated and the sexual behaviors of migrants in the United States were addressed, as well as prevention strategies and consequences on the wives of migrants, etc. ( Bronfman & Minello, 1999 ; Salgado de Snyder, 1998 ; Hirsch, 1999 ; Gayet, Magis & Bronfman, 2000 ; Magis-Rodríguez, Gayet, Negroni, Leyva, Bravo-García, Uribe & Bronfman, 2004 ; Caballero, Leyva-Flores, Ochoa-Marín, Zarco & Guerrero, 2008 ; Hidalgo, García, Flores, Castañeda, Lemp & Ruiz, 2008 ; Martinez-Donate, Hovell, Rangel, Zhang, Sipan, Magis-Rodríguez & González-Fagoaga, 2015 ; etc.).

The strengthening of the gender perspective in the migratory field has led to studies that, outside the epidemiological approach, included analyzes of different dimensions of the migrants’ sexual life. Along these lines, the characteristics of sexual relations maintained in host countries, female sexuality long-distance control practices, and the effects on the lives of women who remain in their countries of origin, etc. ( D'Aubeterre Buznego, 2000 ; Hirsch, 1999 ; Pedone, 2003 ; Rosas, 2008 ; Caballero, et al., 2008 ; González-López, 2009 ; Ochoa-Marín, Cristancho-Marulanda & González-López, 2011 ; Rivera-Heredia, Obregón Velasco & Cervantes Pacheco, 2013 , etc.).

Among the studies dedicated to analyzing the subjective processes associated with sexuality is that of Skolnik, De La Vega and Steigenga (2012) , in which the transnational gossiping having different consequences in the Guatemalan wives of migrants is analyzed, as well as the factors that intensify the circulation of said gossiping. It should be noted that gossiping and transnational rumors belong to an interesting and rich field of study seldomly addressed by migration studies, and so our analysis also aims at contributing to this area.

Processes of change in the sexual life of migrant women have also been evidenced: Mexican in the United States ( González-López, 2009 ), Peruvian in Buenos Aires ( Rosas, 2010 ) and Colombian in Spain ( Gonzálvez, 2014 ), etc. Other approaches have tried to find the link between migration, sexuality and violence ( Pérez Oseguera, Coppe Gorozope, Pérez Petrone & Trujillo Viruega, 2008 ; Delgadillo Guzmán, Vargas Cortez, Nievar, Argüello Zepeda & González Villanueva, 2013 ).

Studies on masculinity ( Rosas, 2008 ; Quispe-Lázaro & Muñoz-Laboy, 2008 ; Cohen, 2015 ) have emphasized the emotions and affective-sexual relationships of migrant men in the United States, as well as the ways in which they explain them and try to reduce their impact on their wives and families, among other aspects. On the other hand, Quispe-Lázaro and Muñoz-Laboy (2008) showed that sometimes men are forced to have sex in exchange for money due to economic reasons, but also as a mechanism to fight loneliness.

Another aspect with relative visibility is the link between migration processes and the so-called “sex industry.” For example, the paths followed by Brazilian sex workers who joined Italian men have been analyzed ( Piscitelli, 2008 ), as well as the migratory projects and situation of Peruvian and Colombian women working in the sex industry in a borderland location in Ecuador ( Ruiz, 2008 ).

More recently, the link between the migration field and LGBTQ studies has allowed questioning some assumptions about the family, heterosexual reproduction and marriage in the bibliography on migration and gender ( Stang, 2015 ), which tend to perceive sexuality in a heteronormative sense. For Manalansan (2006) , sexuality has been relegated in migration research to the analysis of reproduction, forced abstinence caused by migration and sexual abuse or rape. There have been very limited discussions about sexuality and pleasure. This author invites us to go beyond the worker migrant agent and to highlight the desire and pleasure sought by migrants. Similarly, González-López (2009) points out the need to focus on the uses and meanings of the body in eroticism and desire.

In line with the above, many studies advocate for the recognition of sexual identities and practices as main factors in migratory projects ( Pichardo Galán, 2003 ; Córdova Quero, 2014 ; García & Oñate Martínez, 2008 ; Cribari, Pandolfi & Torre, 2012 ; etc.) and some of them emphasize the need to incorporate an intersectional perspective when addressing the migrant experience ( Luibhéid & Cantú, 2005 ; Manalansan, 2006 ), which we will do in the following pages.

It should be noted that intersectionality is an analytical perspective that considers addressing the interaction between social categories of gender, racial constructs, social class and other socio-cultural principles of classification in people's lives and social practices, which are also visible in institutional conventions and cultural ideologies, as well as the consequences of these interactions ( Stolcke, 2010 ). In fact, Magliano (2015) points out that migratory processes are formed by different axes of inequalities; therefore, they are a relevant field for the theoretical and empirical analysis of intersectionality. In other words, the intersection of gender, class, nationality, race, ethnicity and age, and immigration status classifications, affects the daily lives of male and female migrants; in addition, it influences their access to rights and opportunities, as well as those instances of exclusion or privilege derived from them, and on the possibilities for social transformation.

IMAGINED DESTINATIONS

Migrations entail the production and reproduction of images about host countries, in which both migrant and family subjects participate. Even before migrating, assumptions about the characteristics of the destination are produced, in which the imaginary ones about sexual practices in that country are not exempt; although, these tend to be visualized and valued as different from the customs of the country of origin.

For those who see migrants leave, destinations are represented as socio-cultural spaces in which there would be more freedom to connect sexually with other people. Blanca is one of the wives interviewed in Mexico, and in her town they say that men leave because they are tired of their wives and obligations, and seek freedom in other countries. On the other hand, Alicia’s story reveals the intrigue that wives develop about the behaviors of their partners, and the hypotheses about the existence of ample sexual opportunities available to migrant men in the United States.

[I tell my husband] “Lord knows what will you do, because you are men and there are many women...” My husband says that women look for them in their homes... Who knows how that is, do women look for men or do men look for women? (Alicia, Mexican, personal communication. 11 May 9, 2001).

According to the interviewees, there is not the same freedom in their town as in the United States, much less for women. Lorna, whose husband also migrated to the United States, explains that in her home country: “we are not free […] you always walk upright, so people don't talk about you or get the wrong impression.”

Similar ideas circulate in Peru regarding the host country, Argentina. This is confirmed in the stories of husbands who migrated after their wives, like Paulo: “[before migrating, I thought] What if she suddenly forgets me? That was my concern. […] There [in Peru] people say there is much libertinism [in Argentina]” (personal communication, March 11, 2006). Thus, in the South American context there is also the idea that the host country offers greater sexual possibilities, but in this case, it is women who would gain freedom when migrating.

On the other hand, migrants, who actually know the destinations, seem to reinforce the imaginary through different stories. Although the Mexicans and Peruvians interviewed live with countrymen and relatives, many of them say that they no longer have to take care of their actions the same way they did in their home country. They say they feel relatively anonymous in Argentina and the United States; their concern for what people will say diminished, since now we only live our lives and do not care for what others do. This is an aspect in which a large part of the studies dedicated to LGBTQ migrations coincide. For example, Cribari et al. (2012) point out that their interviewees of Uruguayan origin say that the host cities have modern lifestyles; nobody intervenes in their private life and they feel anonymous.

Peruvians contrast even more the host “society” and its country of origin than Mexicans. Daniel, for example, expresses that [Argentinian] culture is a bit more liberal (personal communication, December 6, 2006); Beatriz angrily mentions that there is no modesty in Argentina, while Rudy and Emma emphasize that in Peru there is more respect. Some are surprised with the television programs that openly talk about sexuality and show half-naked bodies. It is also often stated that, unlike what happens in Peru, in Argentina men are less sexist and women have the same rights as men . They are also surprised to note that some women have male friends and their husbands do not prevent it. 12

These accounts show the existence of stereotypes that dichotomize and substantiate supposed sociocultural differences between host countries and countries of origin. These last two are associated with antagonistic images related to modesty, freedom, respect and anonymity. Thus, geopolitical borders are large producers of symbolic borders with important consequences in the daily lives of people, both migrants and non-migrants.

Although imaginaries do exist, and their analysis is relevant according to their multiple effects, it is necessary not to ignore their symbolic nature and remember the researches that contradict these antagonistic images. Likewise, without denying the existence of sociocultural contrasts between countries, we partake in questioning those analyzes that hierarchize migratory contexts based on “objective” differences in the ways and meanings of sexuality ( Cantú, 2009 ; Vidal Ortiz, 2013 ).

Thus, we question the analyzes that, from a gender perspective, conceive the contexts of origin as traditional and oppressive, and those of the destination countries as modern and emancipatory spaces for women, ignoring the heterogeneity that characterizes them and forgetting that in host countries migrants experience a wide range of discrimination and control in different areas of their lives ( Rosas, 2010 ). Likewise, we cannot forget that the imaginaries that emphasize cultural or ethnic contrasts are usually produced and reproduced by academic, political and religious speeches, by the media and the authorities on duty; that is, it is no coincidence that these imaginaries are spread among the interviewees.

The Eroticization of the Migrant Image

In some Latin American countries there is a saying: “At the soap-maker’s house, if you don't fall, you slip.”13 Martín, one of the Peruvian interviewees, used it to suggest that people in marital union who migrate to a place with an imagined free sexuality will inevitably have some extramarital sexual relationship (they will take the bait), contradicting the monogamous norm.

Here [in Argentina] is “the soap-maker’s house: if you don't fall, you slip.” My wife has many relatives, cousins. They have all taken the bait; they all have an infidelity problem. Their husbands in Peru don't know anything. When I travel to Peru, everyone gets scared; they say: “ he is going to spill the beans .” But I'm a man; I don't know anything (Martín, Peruvian, personal communication, September 26, 2007).

That is, in addition to the assumption that host countries (United States and Argentina) are more liberal in sexual matters than their countries of origin, migrants are also supposed to have the opportunity to have sex outside of normative monogamy. In other words, there is an established imaginary that erotizes the migrant, be it male or female, who seems sentenced to slip or fall. In this context, many interviewees predict that migrants will abandon their wives or husbands, who are in the country of origin.

As can be seen, the conception of the host country as a space with modifying powers of the migrant’s sexual behavior is an idea shared by Mexican and Peruvian interviewees. Thus, when someone moves to a society that is considered to have fewer social controls, it is generally assumed that they will intensify their sexual activity.

According to Mario, in his Mexican town people say that everyone who goes to the United States does so to look for women. Blanca adds that “women whose husbands are there [in the US] or who plan to leave, fear that [they] will not return […] because many of them have not returned; they get married there” (personal communication, June 5, 2002).

On the other hand, husbands who are in Peru and whose wives migrated to Argentina experienced similar concerns and were often mocked by the possibility of being abandoned by them ( Rosas, 2010 ). Do you think your wife is going to take you there, bud? My friends told me that, said Rudy (personal communication, October 10, 2005). While Sara, a woman who migrated to Argentina before her husband did, had her relatives and friends in Peru telling her: “How brave you are [you didn't abandon your husband]! Because many of the women who leave, get another husband and forget the children” (personal communication, May 15, 2006).

While the common discourse of relatives who stayed in the country of origin focuses in the affirmation of this imaginary that supposes an intensification of sexual activity in destination countries, the narratives of actual migrants do not show the same. Their stories fluctuate between those who seem to reinforce the imaginary and those that flatly challenge it, as we will see next.

Beto is an example of those who contribute to affirm the imaginary; he is one of his town's pioneers in migration to the United States, who despite the pains of undertaking the long and dangerous journey, did say goodbye to his friends jokingly: “I'll give the gringas your greetings!.” Martín is another example; brought up at the beginning of this section, he emphatically generalizes that all migrants females related to his wife have an “infidelity problem” (personal communication, September 26, 2007). Emma is another one who also reinforces the imaginary by arguing that it is not her generation that has taken greater sexual freedoms in Argentina, but younger women who migrate lately are a mess, they work and then go partying, forgetting their children in Peru.

Those who say that migrants live with greater sexual freedom in host countries tend to explain it by saying that it is a need of the body, which prevails over their will. “Here, sex is like... a necessity. ‘You just go: my body needs it. […] You just have to fulfill your need,” says Beto from Chicago (personal communication, November 26, 2001). It should be noted that the emphasis on the body-genital aspect seeks to remove the affective element and decrease the offensive one.

In fact, studies on masculinity have shown that the imaginary about sexual desire and the impossibility of “holding from sex” for some time are based on the belief that there is a “nature” in men that forces them to have sex periodically. Less often but still so, among Peruvians we also find stories that acknowledge erotic desire in migrant women and suggest their difficulty in “holding on.” In this sense, Tito, a Peruvian interviewed in Buenos Aires, says that being away from their husbands “[migrant] women were so eager for sex that they could not resist” (personal communication, June 6, 2007).

Within the migratory context, the greatest sexual freedom imagined for those who cross borders is highly linked to the mobilities and concerns caused by nomadism. This idea was suggested by Ana, a Peruvian woman, when she said that those who wander around tend to be a womanizer. In fact, “those who sleep outside” are represented in Mexican historical discourses as those who would be more likely to get sexually transmitted infections ( Gayet, 2015 ). This way, different types of travelers appear that are associated with “risky” sexual behaviors, and migrants, both men and women, are in line with that representation.

Although, as we have seen, some migrants contribute to exalting the imaginary with their stories, others question it by expressing discomfort and indignation towards it. Several Mexican men questioned that argument and argued that it discredits their daily efforts, as well as the dangers they faced when migrating to the United States and the time spent working to support their families.

In this regard, Silvio, sad and helpless, states that “people who are in Mexico imagine things very different from reality... They do not realize and do not know how we live here […] [My wife] tells me: You wander around! I say: No! There are times that I don't even step out for a week” (personal communication, December 5, 2001). Hugo also believes that in Mexico people just run their mouths. The way he perceives it, there are no differences in the sexual behavior of men in the United States and in Mexico in terms of having simultaneous partners: Thats not only here [in the US], they also do the same over there [in Mexico] (personal communication, November 28, 2001).

As a consequence of the imaginary described, Mexican and Peruvian couples who are separated by thousands of kilometers spend many hours arguing and blaming each other over the phone. It is not easy for those who meet in host countries to overcome the suspicions fueled by rumors. In addition, this situation often disturbs children and families alike, as Emma explains: “my daughters called me [from Peru] and they said: Mom, take dad with you because everyone here makes fun of him […] [My daughter told me:] My dad cries, people tell him that you have another man, that you won't take him with you there and that you will never come back” (personal communication, November 16, 2005).

In short, in transnational communities there is a well established erotic imaginary around the figure of the migrant. Especially about those who stay in the countries of origin, the idea that migrants spend a lot of time on their sexual life prevails, which would mean that the likelihood of abandoning their partners and families increases. It is interesting to note that this imaginary repeats in two transnational communities without links; in addition, it applies to both men and women migrants.

As stated in the previous section, analyzing these imaginaries and the effects produced by them does not imply validating their contents or forgetting their symbolic nature. In this sense, although the migratory experience can lead to changes in people’s sexual experience, it is not necessarily so. That is to say that although “it is known that some people have a double family life made possible because of distance” ( Pedone, 2003, p. 302 ),14 the essentialization of the sexual behavior of migrants in the imaginary must be questioned with the same arguments that we use to question the substantiation of the antagonism between the origin and destination contexts.

Imaginary Subjects of Desire

Affective and sexual “markets” to which migrants have access often have relatively homogenous characteristics ( Rosas, 2013 ). Those who have partners in host countries do so mainly under a limited spacial and socio-cultural environment ( Quispe-Lázaro & Muñoz-Laboy, 2008 ; Cohen, 2015 ). In addition, it is not easy for migrants to connect with people from host societies, where they are discriminated against in different ways.

However, transnational communities imagine other experiences. Mexican wives, who remain in the countries of origin, believe that migrant men have great possibilities to seduce and be seduced by beautiful, libertine and available women (that are always ready and available).

Similarly, Peruvians have an imaginary with similar characteristics. Some men believe that their migrant wives want Argentinian males because they are handsome and beautiful. More specifically, rumors say that Peruvian women want and are desired by young and beautiful Argentinian men with higher economic resources. Similar imaginaries have been found in other migratory contexts (see Pedone (2003) for the case of Ecuadorian women in Spain).

For both Peruvians and Mexicans interviewed, the imaginaries about the subjects of desire are shaped by hegemonic ideas –of gender, nationality and ethnic-racial constructs– that are used to underline their sense of exclusion. Similarly, as Esguerra Muelle (2014) points out, we can say that these imaginaries express subtle forms of racism that affect migrants, their husbands and wives, as well as their transnational communities in general.

This author pointed out “both a phenotypic racism and a more complex one linked to ideas about prestige (elegance), beauty, or even civilization and modernity” (2014, p. 148).15 Thus, following Canessa (2008) , we can say that in these imaginaries the sexual desire of migrants is conceived from a sensual aesthetic that is also linked to an eroticism of power.

Finally, it is important to mention that in the case of Peruvian women in Buenos Aires, the figure of other women as possible subjects of desire also appears in the imaginary. Thus, in the imaginary, female migration seems to even question normative heterosexuality. That is reflected in the story of Pablo, a Peruvian migrant. The way in which the interviewee normalizes and amplifies the manifestation of homoerotic relationships of migrant women in public spaces is remarkable. In fact, his words summarize the different topics discussed throughout the previous pages: the society of origin is described as a regulatory space for practices while host countries are interpreted as more permissive with same-sex relationships, and migrant women are represented as breakers of the normative barriers of the society of origin regarding the object of sexual desire.

In recent years, it is a trend that many Peruvian women are lesbians […] Now it is almost normal to go dancing and find two women dancing and kissing; they do not care about the rest of the people. Here [in Argentina] that barrier has already been overcome, and people overcame it because society also allows it. In Peru, that would be very difficult (Pablo, Peruvian, personal communication, May 8, 2006).

The Imaginaries Are Similar, but not the Same: “Women Look Worse”

In the previous sections, we presented the main similarities found in the imaginaries about the sexual life of Mexican migrant men in the United States and of Peruvian migrant women in Argentina. Both men and women are imagined as eager for sex, and conjectures develop, which affirm that this will affect their labor role, the sending of remittances and their family ties. In addition, both groups are imagined to be linked to subjects that meet ethnic-racial characteristics represented as hegemonic.

However, there are clear differences between the images that represent them, since women are questioned in more emphatic and hostile ways. Dreby (2009) also found that rumors about women leave great stigma due to the fact that their supposed “transgressions” are moral in nature; instead, according to the author, gossip about men is only serious when their “transgression” threatens their traditional role as economic providers.

Indeed, unlike what happens with women, the extramarital sexual exercise of men is usually justified. In our research, we find that it is common for Mexican migrant wives to explain this imaginary saying “they are men”; that is, they are considered victims of their biology (their body requires them to have sex) or prisoners of their gender learning (men do not know how to hold their desire, women do). These imaginaries about men are not only found in migratory contexts, but they also appear in sex-generic constructs related to heterosexual masculinity and femininity in Latin American societies. In general terms, in these constructs the male (fathers, husbands, brothers, etc.) and female (mothers, wives, daughters, etc.) figures are stereotyped as antagonistic and asymmetrical in terms of power, under the assumption that men have control over women, they enjoy greater freedom to interact and have sex, and they strengthen their domination through economic provision.

These sex-generic constructs are also present in Peru and help to understand the emergence of the questions that Peruvian migrant women receive. As Nyberg Sørensen and Vammen (2016) express, the imaginaries about the close emotional relationships between mothers and their children are affected by the migration of these women, who geographically move away from them. Therefore, migrant mothers try to compensate for their emotional drain and social stigma by sending back as much of their income as possible. Indeed, in interviews conducted in Buenos Aires, it is reported that after working and sending remittances, many Peruvian women go out to have fun to combat loneliness and forget the harshness of their daily work as domestic workers. In fact, some Peruvian men interviewed say they understand that women want to have fun, because they always do the same. However, because working and going out for fun was an experience attributed to men in Peru, they say that women in Buenos Aires “drink too much and then ´that happens´” [they have extramarital sex]. They even talk about men who take advantage of migrants, either taking money from them or sexually harassing them: “Behind a dizzy woman there are two or three men who want to take her anywhere, says Pablo (personal communication, May 8, 2006). In other words, in this imaginary the woman is recognized as a subject of desire, but it is also recorded that she would not know how to “properly” manage that desire (as this desire would not be of her own or she would be inexperienced) and would often be subordinated to a male figure taking advantage of her.

In comparative terms, the stories that refer to the sexual activity of Peruvian migrant women are more denigrating and stigmatizing than the evidence related to Mexican men. The interviewees say that some of them (women) get drunk and are represented as old women who harass young men, or as irresponsible young women who go out to dance and forget their children. For example, Tito does not hesitate to express that these women are a shame because “they spend the little money they have and try to buy love and kisses” (personal communication, June 6, 2007).

They also argue that they try to get attention and that they look worse than a male. It is mentioned that it is different to see a dizzy man than to see a dizzy woman! [it is worse]; that is, extramarital relations in men are not surprising, as well as seeing them seducing a young woman. Similarly, it is not surprising to see a drunken man. However, surprise and repudiation do appear when a woman is the one doing so. Although, as we said, the surprise caused by this situation is due to the fact that a heteropatriarchal sex-generic organization operates on women, it also indicates that their actions question what is socially expected in that organization. Women in such contexts bring to light that some of the roles socially assigned to men, such as seduction, are also possible for women to hold.16

Similar findings have also been made in other contexts; Pedone (2008) reports that there is also a homogenous and stigmatizing vision of “migrant women” who abandon children in Ecuador. This author even goes on to indicate that the institutions committed to research in the migratory field reaffirm this vision, highlighting the dangers that women face when migrating, the possibility of abandoning their home and children. Marroni (2006) also reports the existence of a similar imaginary associated with Mexican peasant women, which assumes that those who migrate are “out of control” and “are all crazy.”

During the fieldwork with Peruvian women, we did record their concern about these rumors that stigmatize and blame them. Some women even prefer to meet with their violent husbands for fear of being labeled as “bad women” or “bad mothers” by their relatives or children. Skolnik et al. (2012) obtained similar results. They found that, compared to men, Guatemalan women take more preventive measures to avoid being “gossiped about” and are more negatively affected by the effects of transnational gossip. The authors emphasize the highly gendered nature of transnational gossip, which can potentially reinforce patriarchal relationships. In fact, increasing anxiety, depression and isolation among women can be considered a byproduct of how easy rumors and gossip spread from one country to another.

THE ROLE OF IMAGINARY AND TRANSNATIONAL RUMORS

By spreading rumors societies reaffirm instituted imaginaries, project themselves towards the instituting one, and warn on it. Following Canessa (2008) , we affirm that these imaginaries and their associated rumors point to a truth; although, it is not a truth that necessarily resides in the sexual behavior of migrants, but in the anxiety that its possibility generates. Then, as we pointed out in the introduction, the truth of the rumors cannot be judged by their content; it is necessary to judge their pragmatic value and the moral that it suggests. Rouquette (2009) indicates that the element of truth in them is to be signs of fright or of a dispossession. In fact, we consider that the rumors analyzed express “the fear” of the possible “transgression” of hegemonic morals, but they also express a “dispossession” of direct control; that is, rumors are the –transnational, in this case– form that assumes control when it cannot be directly exercised.

According to Fressard (2006) , social imaginaries provide direction to words, actions, feelings and desires, as well as ways of thinking. Also the rumors suggest “a rule of action (not going a certain place, not buying a certain product, being cautious in a certain way…). It provides a certain level of dominion by way of preventing” ( Rouquette, 2009, pp. 160-161 ).17 This also happens with gossip. Skolnik et al. (2012) mention that when a group feels threatened, gossip increases. For the authors, speaking negatively about behaviors considered inappropriate is a way to clarify which behaviors are appropriate and thus reaffirm the identity of the group. When stigmatizing certain actions, people seek to avoid them and institute “normalities.” In the two migratory groups analyzed in this paper, we notice that rumors and gossip seek to institute monogamy and control female sexuality; they aim at instituting responsibilities over fun and pleasure, work over desire, as well as at invalidating interetary and inter-ethnic sexual relationship, and those between social classes. Thus, rumors and gossip provide confirmation and reinforce the compass of the dominant collective morality ( Wert & Salovey, 2004 ).

Wade (2008, p. 50) mentions that women appear in nationalist discourse as guardians and civilizers, “but they can also be seen as a possible threat to the nation if they do not behave well –especially when it comes to sex–. The idea of ‘behaving well’ often implies keeping to relationships within their social group or category.”18 In the first place, this allows us to understand that our findings refer not only to a type of control exercised within families or couples. These imaginaries express an anxiety that transcends migrant communities and responds to major socio-cultural, political and economic orders. Secondly, it is understood that migrant men can also be seen as a threat to the nation in relation to their sexuality and, therefore, they are also subject to transnational rumors. Nation-states (host countries and countries of origin) expect that migrant men, like women, will “behave well,” work productively, send remittances, support their family and keep themselves to sexual relationships with those of their same groups. Therefore, rumors warn (denigrating in advance) those who could act otherwise.

In this article, relevance has been acknowledged to the analysis of sexuality control through transnational rumors that come from instituted imaginaries. However, this emphasis should not reflect the impossibility of resisting it or that migrants are prohibited from accessing pleasure and eroticism. We stated that, at different levels, both men and women dispute values and normalizations. In fact, the rumors that are reflected upon in previous pages –which can be conceived as preventive controls– reflect the instability of said control.

It should also be stated that, although migrants are concerned with what is said about them and are bothered by the exaggerations that the imaginaries project on their sexuality, some of the migrant men do not devalue the rumor, but rather reinforce it. This is explained due to the fact that rumors also help improve self-image. Sometimes, due to the loneliness they feel in the target society, rumors about them being sexually desired and having a lot of sexual activity can help rise –mask-like, as it were– their self-esteem.

FINAL THOUGHTS

In the previous sections, we analyzed the characteristics of the imaginaries that exist in transnational communities about the sexuality of those who migrate. We address the case of Mexican migrant men in the city of Chicago (United States), and Peruvian women in Buenos Aires (Argentina).

The imaginaries analyzed summarize a series of assumptions about host societies (societies supposedly less rigid in sexual matters, with gender equity and greater anonymity and freedom than the societies of origin) and migrants (eroticized, those who seek sexual experiences, leave their families and have access to national, beautiful, white individuals of a higher socioeconomic status). These imaginaries affect Mexican men and Peruvian women. Therefore, as they have also been found in migratory contexts different from those we study, they can be hypothesized as an extended aspect of contemporary Latin American migratory mobilities.

However, the imaginaries analyzed stigmatize more heavily against migrant women, especially those who have migrated without their children, which is consistent with the sex-genderist socialization that prevails in Latin America; that is, imaginaries and rumors are heteropatriarchal; they are also racist and classist. Thus, by identifying how the different inequality classifications present in both the countries of origin and host countries are articulated, we have attempted to regain a transnational and intersectional perspective in relation to the construction and operation of the imaginaries and rumors in the lives of migrants, and in the own configuration of the migratory processes. Although in this article we emphasized the logic of domination, we also provided evidence of the agency and transgression revealed by the mere presence of rumors.

On the other hand, we did show that origin and host societies are heterogeneous in their insides and that imaginaries operate by unifying each one and ignoring their complexities. At the same time, they exaggerate the differences and minimize the similarities between them, fabricating antagonism. Something similar happens with the figure of the migrant. The imaginaries mythicize the figure and make it antagonistic to the figure of the non-migrant. That way, the sexual life of migrant women is represented as different from the one they led before migrating, and the same goes for men.

Taking into account the above, in this article we have insisted on the importance of addressing to the simplifications that shape the imaginaries, on the recognition of their symbolic character and on the need to denaturalize their contents. Indeed, “the tendency to substantiate cultural difference demands, from a critical approach, a deep analysis nourished by contextual and historical data and based on culture as a framework of social practices, affected by power” ( Gregorio Gil, 2009, p. 47 ).19 In this sense, this article provides elements that allow questioning the reductionist analyzes that hierarchize the contexts of home and host countries with a gradient of modernity.

Finally, in the previous pages we discussed the role of transnational imaginaries and rumors. We have stated how they express the concerns that arise within the framework of the migration process, in face of the possibility of the transgression of the regulatory boundaries imposed by the heteropatriarchal organization of sexuality and gender, but also of those imposed by racial constructs and class structures, among others. That is, they express a tension between social regulation and transformation, and have the function of controlling sexuality at a distance, based on veiled moral sanctions.

Notas

1 Translator’s note: citation in English exclusive to this article.

2 TN: citation in English exclusive to this article.

3 It should be noted that rumors are different from gossip. The latter refers to private matters of specific individuals. Although our article deal with rumors, we will refer to gossip when specific studies on it are cited.

4 The biographical interview focuses in the stories and experiences of people’s daily lives (Bron & Thunborg, 2015). The interviewees build their own stories by telling their past life as they remember it and how they want others to know it, based on guidelines given by the interviewer (Atkinson, 1998).

5 In the case of Veracruz, migration grew due to the crisis in coffee and sugarcane prices. Many small owners, ejido holders and pawns who could not work on the crops migrated from there. On the other hand, the migration of Peruvians to Argentina was mainly driven by the effects of the implementation of neoliberal policies in Peru, that raised labor precariousness and unemployment, as well as due to a generalized institutional crisis. For more information consult Rosas (2008 and 2010)

6 The names of the interviewees have been modified to protect their anonymity. On the other hand, the textual words of our interviewees are in italics to distinguish them from the rest of the text.

7 TN: citation in English exclusive to this article.

8 For more information on heteropatriarchy, see Hoagland (2002).

9 The expression “personal communication” has been introduced along with the excerpts from the interviews as required by the citation style. As stated in the introduction, this study is the result of research that used the in-depth interview technique within the framework of qualitative methodological designs.

10 Among Mexicans, there are few stories that talk about gringos. That is why everyday exchanges are limited to specific labor issues, while leisure moments are shared with countrymen. Language is an important barrier that can also prevent people from watching English-language television.

11 The same in its literal sense indicates that there where soap is manufactured (the soap- maker’s house), the floor is slippery and, therefore, anyone who walks around will surely fall or slip.

12 TN: citation in English exclusive to this article.

13 TN: citation in English exclusive to this article.

14 By intersectionally identifying different social classifications of inequality, not only certain logics of domination are revealed, but also the resistances that people display are made visible (Magliano, 2015).

15 TN: citation in English exclusive to this article.

16 TN: citation in English exclusive to this article.

17 TN: citation in English exclusive to this article.

EL COLEGIO DE LA FRONTERA NORTE
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