Alanís Enciso: Ideas y reflexiones de Manuel Gamio acerca de los migrantes de retorno (1925-1930)



INTRODUCCIÓN

La obra de Manuel Gamio (1883-1960) acerca de la migración mexicana a Estados Unidos es ampliamente conocida y citada por los estudiosos del tema, aunque sus planteamientos centrales han sido poco examinados. No existe un análisis sistemático de sus ideas en torno a los resultados que obtuvo acerca del perfil del migrante, lugar de origen, las estimaciones cuantitativas que realizó, los sitios a dónde se dirigían, los aspectos culturales, sociales y económicos que él estudió de los migrantes, las fuentes en las que se basó, entre otros temas. Diversos trabajos mencionan la visión que Gamio tenía de los migrantes de retorno ( Walsh, 2005, pp. 53-73 ; Walsh, 2004, pp. 118-145 , entre otros), pero no ponen atención en examinar las características de estos migrantes, las fuentes en que Gamio se basó para hacer el análisis de ese tipo de migrantes, sus hipótesis sobre la participación que tuvieron en los procesos sociales y económicos más relevantes de principios del siglo XX, así como los motivos que lo llevaron a plantear un proyecto de repatriación.

El objetivo de este artículo es analizar las ideas centrales que Gamio desarrolló acerca de los migrantes de retorno, es decir, aquellos hombres –acorde a su época, en sus estudios se enfoca en los varones y muy pocas veces aparecen las mujeres, los niños y las familias– que salieron de México a laborar a Estados Unidos a comienzos del siglo XX y después volvieron a sus lugares de origen, y que en sus estudios reciben el nombre de repatriados, inmigrante repatriado, retornados o reinmigrantes. Para ello examino las características que les adjudicó a partir de la experiencia migratoria y de los artículos que traían al volver al país, el papel que desde su punto de vista jugaron en la Revolución mexicana, en el movimiento obrero y en la Reforma Agraria, y las razones por las cuales propuso la realización de un proyecto de repatriación.

Este artículo expone la tendencia de Gamio a demostrar que el contacto de los migrantes con la sociedad estadounidense los trasformaba en el ámbito laboral, cultural, físico y educativo, por lo que al volver a México venían con cambios significativos. Asimismo, muestra el empeño del padre de la antropología en México por sugerir que los migrantes de retorno recibían una importante influencia de la “cultura material” estadounidense. Es decir, este trabajo demuestra que tuvo una constante tendencia a exagerar y sobrevalorar las cualidades y habilidades que adquirían en Estados Unidos, y el impacto social y económico que esto había tenido a su retorno a México.

En ese contexto, Gamio planteó que los hombres que volvieron en las primeras décadas del siglo XX habían sido precursores de la Revolución mexicana, del movimiento laboral y de la Reforma Agraria. Igualmente pensaba que, con tan destacadas cualidades, el gobierno mexicano podría promover su regreso a través un plan especial para ellos, con el objetivo de formar colonias agrícolas y así aprovechar sus capacidades a fin de que contribuyeran al desarrollo económico y cultural de México, idealismo que también tenía su origen en el desencanto acerca de que en las primeras tres décadas del siglo no se hubieran aprovechado las capacidades agrícolas y culturales que supuestamente los migrantes de retorno habían adquirido en Estados Unidos. En general, la relevancia de este trabajo radica en que analiza las primeras ideas que surgieron en el medio académico mexicano acerca del migrante de retorno, la influencia que la sociedad estadounidense tenía en ellos y las consecuencias sociales y económicas de su llegada a México.

Este trabajo abarca de finales de 1925 hasta 1930. Comienza en 1925 porque fue el momento en que Gamio elaboró un proyecto de investigación sobre la migración mexicana a Estados Unidos donde dejó esbozadas algunas ideas en torno al tema que interesa examinar en este artículo. Finaliza en 1930 cuando apareció su obra más importante (Mexican Immigration to the United States; A Study of Human Migration and Adjustment) la cual contiene los planteamientos centrales respecto a los migrantes de retorno.

EL CAMINO AL ESTUDIO DE LA MIGRACIÓN

A mediados de la década de 1920 Gamio comenzó a estudiar la migración mexicana a Estados Unidos por la petición que le hicieron fundaciones estadounidenses interesadas en el tema. A comienzos de diciembre de 1925, Lawrence K. Frank, director de The Laura Spelman Rockefeller Memorial (1923-1929), se entrevistó en Washington con Gamio. El objetivo fue hacerle la propuesta de llevar a cabo una investigación sobre la población mexicana en Estados Unidos.

El encuentro se dio gracias al interés de la institución que encabezaba Frank y del Dr. Charles E. Merrian, director del Social Research Council, de buscar a alguien que realizara ese estudio. Asimismo, porque lo consideraban “la persona más calificada para ese trabajo” pues tenía una trayectoria académica reconocida.2

Gamio estudió la maestría en Antropología en la Universidad de Columbia, Estados Unidos, de 1910 a 1912, en donde se relacionó con importantes antropólogos, entre ellos Franz Boas, de origen alemán, considerado padre de la antropología cultural, quien influyó mundialmente en la formación de destacados académicos en esa área en Estados Unidos y en Latinoamérica. Asimismo, obtuvo el grado doctoral en la Universidad de Columbia con su estudio sobre la población del Valle de Teotihuacán (1924). Su estudio le valió el reconocimiento de los antropólogos estadounidenses y motivó invitaciones a dictar varias conferencias, principalmente en Washington y Nueva York, sobre grupos indígenas de México, el arte, las costumbres, la indumentaria y, principalmente, las características culturales. A principios de la década de los veinte había consolidado su prestigio en Estados Unidos y América Latina y era considerado el antropólogo más importante en Latinoamérica ( González Gamio, 1987, p. 67 ; Gamio y Vasconcelos, 1926 ).

La invitación que hizo Lawrence K. Frank a Gamio se enmarcaba en el interés académico estadounidense por analizar el impacto de la migración mexicana en la sociedad de ese país. Por esos días Paul S. Taylor (1895-1984) y Emory S. Bogardus (1882-1973) intentaban explicar los efectos de la inmigración en ciudades como Chicago, hacia a donde se empezó a desplazar el flujo migratorio ( Arredondo, 1999 ; Kerr, 1976 ; Jones y Wilson, 1931 ; Taylor, 1932 ). Taylor, economista doctorado en la Universidad de California en Berkeley, formó un grupo integrado por estudiantes de universidades locales, agencias gubernamentales y promotores de vivienda que constituyeron la primera generación que realizó investigaciones y estudios de la comunidad mexicana en Chicago en la segunda mitad de la década de los veinte. Por su parte, Bogardus, figura prominente de la sociología estadunidense, también llevó a cabo investigaciones sobre el impacto social y cultural de la migración mexicana en esta etapa, las cuales se publicaron a comienzos de la década de los treinta ( Bogardus, 1933, pp. 169-176 ; Bogardus, 1934 ).

Gamio aceptó la invitación de Frank, pues para entonces había dejado la subsecretaría de Educación Pública por diferencias con su titular, José M. Puig Casauranc. Además estaba por terminar un estudio sobre la relación entre las culturas Arcaica y Maya en Guatemala que le habían solicitado los funcionarios de la Archaeologial Society of Washington ( González, 1987, pp. 84-86 ; Alanís, 2003, pp. 979-1020 ). Así, a mediados de la década de los veinte, gracias a la invitación de The Laura Spelman Rockefeller Memorial y el Social Research Council, Gamio se sentó a redactar un proyecto acerca de la migración mexicana a Estados Unidos.

Las primeras ideas para el estudio de migración y el retorno

A finales de 1925 Gamio escribió un documento titulado Preliminary Survey of the Antecedents and Conditions of The Mexican Population in the United States, and the Formation of a Program for a Definite and Scientific Study of the Problem. En este escrito no ponía ninguna atención en la migración de retorno. La propuesta central era analizar el lugar de origen de los migrantes, las condiciones que los hacían salir, el sitio de destino en Estados Unidos y las causas que los hacían emigrar a esos lugares, es decir los antecedentes de la migración.3

Posteriormente Gamio redactó un “el programa definitivo” el cual estaba formado por cinco apartados subtitulados “Neo-mexicanos”, “Mexicanos emigrantes en sus regiones de procedencia”, “Mexicanos inmigrantes en los Estados Unidos”, “Investigaciones futuras” y un “Resumen”. En el segundo apartado señaló que uno de sus objetivos era responder la pregunta de “¿qué aspecto orgánico, económico, cultural y educativo presentaban los mexicanos que habían regresado a México después de su permanencia en Estados Unidos?”.4 Esta es la primera mención que Gamio hizo al tema de las personas que regresaban y en donde muestra su interés en analizar la apariencia física así como la situación económica y cultural de algunos hombres que habían retornado a México después de haber estado trabajando un tiempo en Estados Unidos.

El tercer apartado del “programa” fue al que le dedicó mayor atención. Fue dividido en seis partes que versan sobre la situación y posición socioeconómica de los mexicanos que estaban fuera del país. Gamio apuntó que uno de sus fines era estudiar los hábitos de ahorro, adquisición de vivienda, muebles, vestido, alimentos, alhajas y gastos en general. Asimismo, le interesaba analizar las influencias de “los métodos científicos” y de la maquinaria estadounidense en el obrero mexicano. Igualmente fue de su interés “la clasificación de aptitudes”, industriales y agrícolas, antes y después de regresar de Estados Unidos, entre otros temas.5 Nuevamente dejó asentado su interés en examinar la condición social, económica y cultural de los migrantes antes de partir a Estados Unidos y luego a su retorno.

Ideas más desarrolladas sobre el repatriado y el retorno

El resultado final del Preliminary Survey y el “programa definitivo” fue la elaboración de un libro titulado Mexican immigration to the United States. A Study of human migration and adjustment, que se publicó en 1930 por la Universidad de Chicago. Ahí Gamio desarrolló con mayor amplitud sus ideas en torno a los migrantes de retorno. El nombre que le designó denota los aspectos centrales que le interesaba estudiar: por un lado, cómo se adaptaban los migrantes mexicanos al medio social, laboral, económico y cultural estadounidense y, por otro, cómo lo hacían cuando volvían a México después de haber vivido y trabajado por un tiempo en aquel país.

En la introducción, Gamio escribió que para cumplir el propósito de ese estudio “había sido necesario considerar al migrante antes de su partida a Estados Unidos, durante su residencia allí, y también en su condición de repatriado como reinmigrante a México” ( Gamio, 1930a, p. viii ), noción de la época a la cual no era ajeno. Ésta aparecía en la Ley de Migración mexicana de 1930 y las dependencias oficiales encargadas de cuantificar los flujos migratorios la empleaban para referirse a los mexicanos que regresaban al país ( Dirección General de Estadística, 1934, p. 48 ).

Lo que Gamio señaló en la introducción de su libro Mexican immigration to the United States fue que había tomado en cuenta tres diferentes momentos del proceso migratorio: el lugar de partida, el de destino y el retorno, aunque en realidad dedicó la mayor parte de su obra a los temas que tenían que ver con aspectos de la migración en Estados Unidos y menos a los sitios de origen de los migrantes, así como a su regreso. En la obra hay pocas menciones al repatriado y la repatriación y ninguna definición de estos términos.

En ocasiones Gamio también se refirió al “retorno” de inmigrantes, concepto que aparece pocas veces citado, aludiendo a los que volvían a México desde tierras estadounidenses después de haber estado por un tiempo allá. No hizo distinción entre la gran variedad de casos de retorno que podían presentarse: niños, mujeres y hombres deportados por autoridades de una ciudad, condado y los gobiernos estatales, o una combinación en la que participaban los tres niveles –no hace alguna referencia a los datos del Bureau of Immigration pues no los utilizó–. No los tomó en cuenta debido a que las oficinas de inmigración americanas obligaban estrictamente a registrarse a los mexicanos cuando entraban a Estados Unidos, pero “no les imponen la misma obligación cuando salen de ese país”.

Gamio se basó en las cifras recopiladas por el Departamento de Migración de México. Lo hizo así porque las oficinas de migración de ese país “si obligan a mexicanos y a extranjeros a registrarse tanto al entrar como al salir del país. Debido a ello, Gamio considerara que “los datos del Departamento de Migración son a este respecto más satisfactorios que los del Bureau of Immigration” ; los que regresaron voluntariamente, los regresos inducidos o por coerción, por el desempleo, la xenofobia y la violencia, las repatriaciones organizadas por agencias privadas y civiles de beneficencia pública así como las coordinadas por los condados, las realizadas por el gobierno de México, entre otras categorías.

Su definición de los repatriados era muy general, acorde a la época y las dependencias encargadas de los flujos migratorios quienes consideraban a éstos como mexicanos que habían vivido en un país extranjero y regresaban a la república “con el propósito de establecerse, sin importar si regresaron por su propia voluntad o habían sido deportados por autoridades extranjeras” ( Bogardus, 1934, pp. 90-95 ).

LAS PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS DE LOS MIGRANTES DE RETORNO

Gamio tenía una idea nítida acerca de las características de aquellos que volvían a México después de haber estado por un tiempo laborando en Estados Unidos. Ésta exaltaba sobremanera los atributos adquiridos gracias a su experiencia migratoria; creía que la mayoría de trabajadores que emigraban sufrían una trasformación laboral, cultural, material e incluso física, lo cual los llevaba a adquirir cualidades especiales.

Clasificó a “los brazos” que iban a Estados Unidos en tres grandes grupos: obreros no especializados, especializados y “agricultores arrendatarios”. Estos últimos fueron el objetivo central de su estudio. De ellos señaló que los primeros constituían la gran mayoría de la migración y era el grupo que experimentaba cambios al trabajar en el exterior. Entre otros, la estrecha cooperación, la especialización y “la distribución de la actividad individual”. Asimismo, creía que experimentaban “la disciplina del trabajo moderno”, “buenos hábitos de trabajo”, además, según él, estos hombres habían elevado su nivel cultural, aprendido a templar su carácter y a ahorrar. Además, se especializaban y aprendían a usar y manejar la maquinaria industrial y agrícola –las llamó “herramientas modernas”–, a partir de ello muchos adquirían experiencia singular en esas áreas. Igualmente, desde su punto de vista, se ilustraban en “agricultura intensiva científica” y en la transformación de la materia prima en productos industriales ( Gamio, 1930a, pp. 33, 42, 49-50, 236 ).

Según Gamio, un alto porcentaje de los migrantes mexicanos que había ido a laborar a Estados Unidos habían manejado maquinas que no había en México, aprendido a trabajar de manera diferente a como lo hacían en su país, experimentando con ello otro tipo de organización laboral, puesto que habían trabajado bajo otros esquemas y patrones. Por si fuera poco, habían asimilado y experimentado los avances industriales de Estados Unidos. Gamio veía a los trabajadores en México como atrasados, desordenados, no especializados, ni colaboradores entre ellos. En cambio, los que habían emigrado se habían “quitado” esas malas características. La migración había hecho que se convirtieran en progresistas y vanguardistas, en mejores trabajadores, “tecnológica y culturalmente progresistas”; es decir se trasformaron en obreros “del tipo moderno, mucho más eficiente que antes” ( Gamio, 1930a, pp. 49-50 ). Entonces al volver a México llegaban cargados de grandes cualidades.

Llegó a la conclusión de que el contacto de los migrantes mexicanos con “los elementos sociales de la civilización americana” provocaba diversos cambios en ellos. La principal influencia sobre el migrante mexicano, según él, era respecto a la cultura material; es decir, en materia de vivienda, ropa, comida, higiene y “educación agrícola e industrial” –con respecto a la ropa esta era “el gran cambio” que observó en los migrantes– ( Gamio, 1930a, pp. 146, 172-173) . Consideraba que muchos de ellos asumían “características americanas” al grado de que, en algunos casos, la “cultura material mexicana” se perdía y asumían la estadounidense.

En conjunto, Gamio consideraba que había un cambio marcado en los migrantes “tanto en cantidad como en calidad”. Por lo mismo, creía que eran “mejorados en los Estados Unidos de varias maneras”, y la civilización americana era de beneficio para ellos pues adoptaban algunas de sus características: vestían mejor, trabajaban más eficientemente, alimentaban con una sobresaliente dieta, algunos hasta habían aprendido a leer y escribir, lograban nociones de organización y, por si fuera poco, alcanzaban a ser más disciplinados ( Gamio, 1930a, pp. 67-69, 144, 172-173 ).

Desde el punto de vista de Gamio, los migrantes habían adquirido grandes cualidades culturales, laborales, físicas, económicas, “morales e intelectuales” durante su estancia en Estados Unidos –idea compartida por algunos periodistas de la época e integrantes de la clase política como Alfonso Fabila Montes de Oca, quien en 1932 estuvo encargado de una oficina de repatriación ( Fabila, 1991 [1928], p. 38 )–. Así, el medio ambiente estadounidense en donde se habían desenvuelto los había hecho renacer, despertar y transformar en una especie de súper hombres por lo tanto su retorno sería favorable para México en tanto esas virtudes podrían ser explotadas y aprovechadas en ese país.

Los planteamientos de Gamio tenían como trasfondo la idea de Franz Boas, su mentor, acerca de la poderosa influencia que el ambiente ejercía no solo en el desarrollo cultural de los hombres, sino en el físico ( Gamio, 1942, pp. 36-37 ). Al reflexionar sobre la inmigración de Europa a Estados Unidos Boas consideraba que “tanto respecto a su forma corporal como su conducta mental los migrantes están sujetos a la influencia de su nuevo medio ambiente”. Asimismo, afirmaba que “se ha demostrado que la conducta social y mental de los descendientes de inmigrantes revelan en todos los rasgos investigados una asimilación a los tipos americanos” ( Boas, 1964, p. 263 ).

Las pruebas de la influencia estadounidense

Para demostrar que los migrantes en efecto sufrían la influencia de “la cultura material americana”, Manuel Gamio llevó a cabo una investigación con base en los objetos “traídos a México libres de derecho de aduana” por 2 104 “migrantes que retornaban” a México en 1927. Los objetos habían sido adquiridos y utilizados en Estados Unidos. La información fue recabada por funcionarios de las aduanas en las ciudades fronterizas más importantes de entonces: Ciudad Juárez, Laredo, Agua Prieta, Piedras Negras, Matamoros, Reynosa, Ojinaga, Sásabe y Ciudad Guerrero ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ).

Los artículos abarcaban herramientas agrícolas e industriales, automóviles y camionetas, animales domésticos, implementos de casa, muebles y utensilios domésticos y, finalmente, instrumentos musicales. Con base en esta información Gamio llegó a las siguientes conclusiones: la primera fue que la gran masa de inmigrantes que entraban a México habían creado nuevas necesidades durante su estadía en Estados Unidos. “Lo más notable”, según él, era la tendencia a elevar el nivel de comodidad doméstica, ya que estos migrantes no habían utilizado inodoros, refrigeradores, estufas, máquinas de coser y de escribir en México antes de emigrar. En cambio, muchos al volver traía consigo este tipo de artículos (Tabla 1) ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ).

Table 1.

Porcentaje de número de objetos indicados por cada 100 inmigrantes registrados

Artículos Porcentaje
Bañeras 38.19
Inodoros de madera o metal 12.73
Refrigeradores 3.8
Utensilios de cocina de meta 77.99
Lavadoras 0.38
Estufas 27.58
Camas 82.88
Colchones 70.53
Sillas 134.58
Máquinas de coser 16.57
Máquinas de escribir 1.42

Fuente: Gamio (1930a, p. 68). En el original está citada como Tabla IX.

La segunda era que la ropa representaba un alto porcentaje y denotaba “la influencia cultural estadounidense” ya que mostraba “el gusto colectivo” en relación a lo que los migrantes adquirían en el “medio americano” ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ). Consideraba que los bultos, maletas y velices que contenían ropa llegaba a 3 653 por lo que el número de prendas de vestir separadas debía haber alcanzado decenas de miles. La tercera fue respecto a la posesión de automóviles la cual considero algo “absolutamente inaudito” en “la clase social humilde” a la que generalmente pertenecían los migrantes ya que el 37.69 por ciento de las personas de la muestra, poseía un automóvil al regresar a México. De éstos, 27.81 por ciento eran coches de pasajeros y 9.88 camiones ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ).

La cuarta resolución se refería al ganado. Consideró que eran pocos los caballos, burros, vacas y cabras que habían traído los migrantes de retorno, destacando la cantidad de gallinas. Al respecto lamentaba que la cantidad de animales y en general de ganado hubiera sido tan escaso, ya que según él no sirvió para mejorar “las razas nativas”. Igualmente, el número de herramientas agrícolas e industriales había sido moderado, pues las cajas que las contenían representaban una proporción de 13.72. La proporción de arados era de 8.64, 0.95 de cultivadores y 1.04 de plantadores. Aunque no lo expresó, también debió de haber lamentado que la cantidad de herramientas fueran escasa ya que como se verá más adelante, Gamio esperaba una fuerte influencia de los retornados en la economía agrícola nacional.

La quinta conclusión fue sobre “las tendencias musicales y artísticas de los migrantes” que según él se infería en la cantidad de fonógrafos que traían la cual era de 21.82 por ciento. También le llamó la atención el “notable” número de los pianos, pues probablemente eran instrumentos musicales costosos. La última fue respecto a los libros. Gamio afirmaba que considerando que la gran mayoría de los inmigrantes no sabían leer ni escribir cuando iban a Estados Unidos, “el progreso intelectual podía expresarse” por la cantidad de libros traídos. Según sus cálculos, suponiendo que cada caja contenía un promedio de 40 libros, o un total de 2 600, había al menos un libro para cada individuo del grupo analizado ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ). Esta interpretación ésta ligada a la idea de que durante su estancia en Estados Unidos los migrantes desarrollaban habilidades y aspiraciones de alfabetización. Según la visión de Gamio, muchos de ellos tuvieron “una experiencia educativa” que los llevó a aprender a leer y escribir.

Los resultados más significativos del análisis de Gamio fueron a) “la influencia cultural” de la ropa, b) el número de los automóviles que traían, y c) “el avance educativo” que lograban los migrantes gracias a los libros. Así entonces, desde su visión eran hombres que al regresar a México estaban mejor vestidos que sus paisanos que no habían salido del país y más alfabetizados.

El análisis que hizo Gamio de la información obtenida en las aduanas de la frontera norte fue limitado, pues no examinó con detalle cada uno de los tópicos de los cuales obtuvo información. Para un análisis más fino examiné cada uno de los rubros y tomé una muestra de los artículos más representativos, los que cuantitativamente aparecen en mayor número, los cuales entraron principalmente por dos lugares: Ciudad Juárez, Chihuahua y Laredo, Tamaulipas. Los resultados fueron los siguientes. En cuanto a los automóviles y camionetas, la información muestra que cargaban con un gran número de neumáticos de repuesto (792), posiblemente porque no los encontrarían fácilmente en México. También traían diversas clases de tubos que le podrían servir como refacciones en caso de descompostura (549). Algo que muestra la información es que la gran mayoría de los automóviles y camionetas eran de la marca Ford ( Gamio, 1930a, p. 225 ).

En cuanto a los implementos de casa, sobresalían, además de fonógrafos, camas (1 745), colchones (1 484) y sábanas (807), lo cual nos habla de cierta asimilación al confort de la vida estadounidense. Esa comodidad se corroboraba, en parte, por el grado de nuevas necesidades a las que se acostumbraron los migrantes durante su permanencia en Estados Unidos ( Gamio, 1930a, p. 225 ). En relación a los muebles y utensilios domésticos, destaca la cantidad de sillas que traían (2 156) –quizá porque los materiales con que estaban elaboradas eran difíciles conseguir en México, o porque los diseños eran poco comunes para el medio mexicano– así como los utensilios de cocina (1642) elaborados también con materiales y diseños poco conocidos en México. Le sigue en importancia los bultos que contenían ropa de cama (634) –relacionados con la cantidad de camas registrada en la lista de implementos de casa–, mesas (596), estufas (581) y marcos para fotografías. Es decir, se trataba de artículos de uso común en la cocina y en los cuartos para dormir ( Gamio, 1930a, pp. 226-228 ).

La información de los animales domésticos muestra de manera abrumadora la presencia de gallinas (2 247), seguido de cabras (333) y, en menor proporción, gallos (131) y mulas (111). Tal como apuntó Gamio, fue poco el ganado que trajeron los “inmigrantes que volvieron” en 1927. Respecto a la cantidad de herramientas agrícolas e industriales importadas, esta también fue muy limitada en comparación a otros artículos tales como camas, colchones o ropa, ya que solo sobresalieron algunos juegos de herramientas (289), arados (182) y hachas (156). En términos generales, los que volvieron al país traían pocas herramientas ( Gamio, 1930a, pp. 224-225 ).

En conjunto, las personas que volvieron a México en 1927 trajeron principalmente ropa, sillas, camas, colchones, fonógrafos, gallinas y algunos automóviles. A partir de ello, se puede notar la manera en que Gamio forzó la información para llegar a conclusiones sobre la influencia de “la cultura material americana” en los migrantes. No cabe duda que ésta pudo darse en algunos casos, que no cita expresamente, pero generaliza. Igualmente son excedidas sus opiniones sobre el impacto cultural, sobre todo cuando hace una relación entre los libros y el nivel de alfabetización que algunos migrantes pudieron llegar a tener. Nuevamente, esto pudo haber pasado en algunos casos, pero Gamio lo llevó al extremo generalizando las consecuencias. En general, “las pruebas” que proporciona son poco convincentes para mostrar el peso de la cultura estadounidense en la mayoría de los migrantes que volvieron a México.

La información que Gamio recabó tiene además otros problemas que deben ser examinados, a fin de dimensionar sus alcances. En primer lugar, no queda claro de quiénes proviene la información es decir, quiénes fueron las personas que la proporcionaron. No se sabe el si eran solteros, casados, con familia (número de integrantes), la duración de su estancia en aquel país, las razones por las que volvían, entre otros datos. Es decir, se requiere información sobre el perfil de los “inmigrantes que retornaban”. Por la información documentada es posible imaginar que son personas que volvieron al país después de varios años de vivir en Estados Unidos por la cantidad de cosas que traían; la mayoría era casada; está la presencia de mujeres y niños.

La muestra en conjunto era muy general y desafortunadamente para la época no existen otras fuentes que hayan intentado cuantificar de forma sistemática la información que analizó Gamio. Existe el registro de noticias esporádicas en periódicos de la frontera que reportaban las cosas que traían los mexicanos al volver al país y en ocasiones, si se trataba de personas solas o de familias. También hay datos de algunos cónsules, tanto mexicanos en Estados Unidos como estadounidenses en México, acerca de los artículos y las características de las personas que entraban al país. En ambos casos, la información no ha sido trabajada de manera sistemática, de ahí que este trabajo no incluya un aparato estadístico más riguroso.

Otra limitante del trabajo de Gamio fue la información que empleó, pues ésta fue obtenida en 1927. En ese año no sucedieron acontecimientos destacados que influyeran de manera determinante en los flujos migratorios. No hubo una migración notable ni un retorno singular causado por una recesión o deportaciones en gran escala. De hecho, entre 1920 y 1927 hubo otros años con mayor número de retornos (1923, 85 825; 1924, 105 834; 1925, 77 056 y 1927, 69 125). Es decir, la información de 1927 es una muestra sesgada del número, del tipo de personas que volvieron y de las cosas que traían.

El mismo Gamio reconoció que su plan de estudiar “la condición cultural” de los mexicanos que regresaron a sus hogares, después de haber vivido durante algún tiempo en Estados Unidos, no tuvo el éxito deseado. Esto se debió a que en el momento en que realizó su investigación (1927 y 1928) el flujo de retorno había disminuido considerablemente en las regiones visitadas (Guanajuato, Jalisco y Michoacán) debido a los conflictos religiosos en estas regiones (la Guerra Cristera, conflicto entre la Iglesia y el Estado que abarcó desde 1926 hasta 1929). Entonces los repatriados, en vez de volver a sus estados, se dirigieron a lugares menos conflictivos. Fue por ello, para cubrir esa laguna, que analizó los objetos de los migrantes que regresaron de Estados Unidos en 1927 a través de los diversos puntos fronterizos ( Gamio, 1930b, p. 21 ). Por esa misma razón, considero que el material obtenido sobre influencias culturales de carácter intelectual no fue abundante y solo le había permitido llegar a conclusiones parciales.

Lo que hicieron en México aquellos que vinieron de Estados Unidos

Gamio creía que los migrantes que habían regresado al país después de haber permanecido un tiempo en Estados Unidos habían jugado un papel relevante en la Revolución, el movimiento obrero y la Reforma Agraria. Esta creencia se basaba en la hipótesis de que la experiencia de vida en otro país, laboral y hasta ideológica, les había dejado una honda huella acerca de una mejor forma de vida en términos de salario, trabajo y, en general, de bienestar social. Por lo tanto, a su retorno demandaron mejoras e intentaron implementar algunas de las situaciones que vivieron allá. Es decir, según la visión de Gamio, los migrantes volvieron con ganas de mejorar y demandar al gobierno mejores condiciones laborales y de vida, y ello se reflejó en el papel que tuvieron en la guerra civil, la organización de los trabajadores, y en la lucha por la tierra.

En cuanto a la Revolución, creía que los migrantes regresaron a su país con ideas y recuerdos de una mejor manera de vivir. Estas ideas se extendieron y se desarrollaron en las masas, sobre todo entre los peones que eran, según Gamio, “la clase” de donde provenían la mayoría de ellos. Consideraba que durante la presidencia del general Porfirio Díaz, la migración se había desarrollado. Esto había sido gracias al impulso que el gobierno le dio a la construcción de las vías férreas hacia la frontera con Estados Unidos. Según él, los anhelos de “las masas mexicanas” se cristalizaron con el retorno de los migrantes que representaban otra clase de vida, “comparando las ventajas y libertades del trabajador americano con la terrible miseria del mexicano” ( Gamio, 1930a, p. 160 ). Luego, se dieron las exigencias de mejores condiciones de vida, y como los funcionarios “eternamente inconscientes de los fenómenos sociales”, no satisfacían estas demandas, estallaron “las revoluciones que han desgarrado a México desde comienzos de este siglo” ( Gamio, 1930a, p. 160 ).

La influencia en la Revolución de los migrantes de retorno, según Gamio, era patente por el hecho de que desde la época del presidente Francisco I. Madero y hasta finales de 1920, “la ruta de la Revolución” había sido de norte a sur, es decir, que los presidentes y muchos de los ministros y altas autoridades militares habían nacido en los estados fronterizos. Asimismo, algunos de ellos habían sido educados en Estados Unidos o habían vivido en ese país. Era la idea que algunos intelectuales compartían acerca de que la Revolución había sido impulsada por “hombres de la frontera o por ex inmigrantes” ( Gamio, 1930a, pp. 160-161 ).

Gamio consideraba que otro “ejemplo de revolución, no por armas, sino económica” donde se veía la influencia de los migrantes de retorno, era el movimiento laboral mexicano. Varios de sus líderes habían sido migrantes, y sus grandes organizaciones se inspiraban, según Gamio, directamente en la Federación Americana del Trabajo (American Federation of Labor, AFL una de las primeras federaciones de sindicatos más importantes y grandes de Estados Unidos fundada en 1886 por Samuel Gompers). Desde el punto de vista de Gamio, esa influencia “de las ideas laborales norteamericanas” era de esperarse, sobre todo entre los trabajadores mexicanos que laboraban en “los estados fronterizos en la miseria y la ignorancia”, mientras su contraparte estadounidense estaba “organizado y desarrollado” ( Gamio, 1930a, p. 161 ).

Gamio también sugirió que “los inmigrantes repatriados” de comienzos del siglo XX “probablemente” habían importado el movimiento agrario de Estados Unidos a México, ya que las circunstancias de la vida social estadounidense habían impresionado al migrante mexicano. Un argumento en defensa de esta hipótesis, según Gamio, fue que hasta que la migración a Estados Unidos comenzó a desarrollarse en gran escala y, en consecuencia, la repatriación de los migrantes aumentó, el movimiento revolucionario mexicano iniciado en 1910 tuvo un carácter social, económico y político, además de agrario ( Gamio, 1930a, pp. 161-162 ).

La propuesta de Gamio acerca de la relevancia que tuvieron los hombres que volvieron de Estados Unidos en la Revolución, el movimiento obrero y en la Reforma Agraria es muy sugerente; no obstante, es excedida debido a que no existen amplias pruebas de ello. Gamio no presentó datos e información que sustentara esta hipótesis, sino solo ejemplos esporádicos. Asimismo, se basó en el comportamiento de los flujos migratorios de ida y vuelta.

Para corroborar la hipótesis de Gamio habría que indagar en las comunidades de origen de los migrantes qué tanta influencia tuvieron algunos de ellos en la lucha por mejorar la condiciones de su comunidad después de volver de su experiencia en Estados Unidos. Posteriormente, el análisis se tendría que hacerse a un nivel regional, estatal e incluso nacional. Solo así cabría la posibilidad lanzar una propuesta acerca del grado de importancia que pudieron tener aquellos que regresaron del exterior en la Revolución. Con base en la información con la que se cuenta en la actualidad, la propuesta de Gamio es muy cuestionable pues son pocas las pruebas que existen para llegar a conclusiones más contundentes.

Paul S. Taylor, que hizo un estudio a finales de los años veinte y principios de los treinta en Arandas, Jalisco, una comunidad de migrantes, no da indicios de que los migrantes que volvieron de Estados Unidos hayan impulsado las ideas revolucionarias ( Taylor, 1933 ); habría que indagar en otras localidades del norte, centro y sur del país y analizar sus condiciones sociales y económicas a fin de diferenciar entre la posible influencia de personajes que habían ido a Estados Unidos y las circunstancias propias de cada entidad como detonantes que llevaron a la participación en la guerra civil.

Igualmente, habría que responder una serie de interrogantes que hasta el momento no han sido planteadas, entre otras ¿quiénes fueron los migrantes que estuvieron decididos a pelear por buscar un mejor modelo de vida a partir del estándar que conocieron en el extranjero? ¿cuántos de ellos? ¿en qué municipio o estados llevaron a cabo su actividad? ¿La cantidad de migrantes que volvieron “con ideas revolucionarias” a principios del siglo XX, pudo ser un factor clave para impulsar en la Revolución mexicana? ¿cuáles eran las diferencias entre los migrantes que regresaron de las comunidades del norte (Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Sonora) con los del centro (Michoacán, Guanajuato y Jalisco) respecto a sus aspiraciones de vida? ¿qué pruebas existen de que algunos migrantes hayan hecho notar a los gobiernos locales o al federal las diferencias entre el modo de vida estadounidense y el de México? Esto por lo que toca a un análisis desde “abajo”.

Un examen desde “arriba” también plantea otra serie de preguntas. En el caso de las élites que participaron como precursores de la Revolución de origen norteño (Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Francisco Villa, Pascual Orozco, entre otros muchos) educados en Estados Unidos, o que vivieron en la frontera, habría que hacer un análisis meticuloso caso por caso para responder a la pregunta de qué tanto su experiencia fronteriza, la migratoria, o las condiciones sociales y económicas locales de donde eran originarios, influyeron para que se enrolaran en la lucha revolucionaria. Por lo pronto, la propuesta de Gamio sólo es una hipótesis por resolver.

En cuanto a la influencia en el movimiento obrero existen casos documentados que dan cuenta de que algunos “migrantes repatriados” participaron activamente en organizaciones sindicales. Uno de ellos es Ricardo Treviño, quien durante su residencia en Estados Unidos había formado parte del sindicato de Trabajadores Industriales del Mundo (Industrial Workers of World, IWW unión fundada en 1905 y abierta a todos los trabajadores), y posteriormente a su regreso a México fue elegido secretario del Exterior en la naciente Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) en 1924 ( Álvarez, 1995, p. 54 ).

Práxedis Guerrero también fue un migrante que se trasladó a las minas de Colorado y trabajó en Morenci, Arizona, para después constituirse en uno de los principales organizadores de obreros en las zonas mineras de los estados fronterizos de México y Estados Unidos (Torres, 2014, p. 139). Otro caso es el de Fernando Palomárez, un mayo de Sinaloa que en 1905 había emigrado a Estados Unidos y rápidamente se involucró en la organización de los trabajadores mineros en la IWW en Arizona, después volvió a México a los campamentos mineros de Cananea, Sonora, para encontrarse con yaquis y mayos a fin de organizarlos ( Weber, 2012, p. 219 ). Recientes investigaciones han mostrado la participación activa de migrantes (Sonora, Chihuahua y Durango) en zonas mineras –y en el sector ferroviario– en distintas organizaciones trabajadores durante su estancia en Estados Unidos, así como su participación sindical y en huelgas y a su retorno a México su incorporación al movimiento laboral y sindical ( Torres, 2014, pp. 134-135 ).

Asimismo, está el ejemplo del Partido Liberal Mexicano (PLM), organización política fundada a comienzos del siglo XX entre otros por Enrique y Ricardo Flores Magón. Los hermanos Magón huyeron de la persecución porfirista a que fueron sometidos en México.

A partir de 1904 llevaron a cabo actividades en Estados Unidos. Los miembros del PLM provenían principalmente de trabajadores industriales con fuerte presencia en California, Texas y Nuevo México.

Desde 1905 el PLM tuvo una base social de trabajadores, formado por obreros migrantes que recorrían el sur de Estados Unidos y el norte de México, en busca de empleo. Estas circunstancias apoyaron la estrecha relación surgida entre el PLM y la IWW en algunos puntos del territorio estadounidense así como una constante relación de esas organizaciones con el movimiento obrero de México ( Torres, 2014, p. 137 ). Bajo estas circunstancia no es de dudar que algunos migrantes que estuvieron en contacto con los líderes del PLM y participaron en los movimientos obreros y sindicales en Estados Unidos al volver a México intentaron hace lo mismo.

Lo anterior es muy notorio en el caso de algunos puntos de la frontera, en los centros mineros de Chihuahua donde había estrechos contactos con los obreros de Arizona y Texas ( Friedich, 1981, p. 33 ). Para hacer una interpretación más fina también habría que considerar otros casos en los que las condiciones nacionales tuvieron mayor peso, es decir el ascenso del movimiento obrero en México y la agitación en el medio obrero mexicano, impulsada por el derrocamiento de Porfirio Díaz y el surgimiento de nuevos sindicatos y centrales obreras debido a las condiciones internas del país ( Carr, 1991 ; Ruiz, 1978 ; Torres, 2014, pp. 57-58, 148 ).

En el caso de la influencia que se considera que tuvieron los repatriados en la Reforma Agraria, Gamio encuentra una relación directa entre el incremento de la migración y el retorno de migrantes, y las demandas agrarias en México. Considera que coincidieron temporalmente, en lo cual tiene razón hasta cierto punto, ya que las demandas agrarias se dieron casi al mismo tiempo que se incrementaba la salida y el retorno desde 1917 hasta 1929. Sin embargo, la hipótesis requiere más elementos para ser demostrada de manera más fehaciente –Gamio no presentó evidencias– para lo cual es necesario analizar las condiciones sociales y económicas de diversos lugares de origen de aquellos hombres que volvieron de Estados Unidos así como el grado de influencia que su estancia en el exterior efectivamente pudo haber tenido en ellos para detonar las demandas de tipo agrario.

Ann L. Craig (1983) , estaba de acuerdo con la hipótesis de Gamio acerca de que la experiencia laboral de algunos migrantes en Estados Unidos y el retorno a sus comunidades de origen contribuyó “al activismo agrario”. Para dar pruebas de ello realizó un estudio sobre los primeros agraristas en Lagos de Moreno, Jalisco, donde presenta el caso de varios migrantes que fueron a Estados Unidos en los primeros años del siglo XX y a su retorno en la década de los veinte, participaron activamente en la reforma agraria ( Craig, 1983, pp. 154, 189-193, 195-215 ).

En algunos casos que presenta Craig es evidente que la vivencia laboral en Estados Unidos, tanto como política, fue fundamental e influyó en las ideas que algunos desarrollaron en su comunidad. Como en el caso de Víctor Reyes. En otros, no tuvieron ningún tipo de experiencia o activismo laboral en el norte que posteriormente a su retorno pudiera haber sido crucial para su participación. Fue la situación de Juan Oliva, Arcadio Amézquita. Asimismo, estaban los casos de quienes tenían una experiencia política previa a haber emigrado. Es decir, antes de salir a Estados Unidos ya estaban conscientes de los problemas sociales de sus comunidades y tenían interés en colaborar y participar de manera organizada para cambiar la situación.

El caso de Primo Tapia (1885-1926), un migrante purépecha de comienzos del siglo XX, que después de haber participado en la organización de trabajadores en Estados Unidos en la IWW y con los líderes del PLM, ha sido citado como ejemplo de un migrante que a su retorno a Naranja, Michoacán, se convirtió en líder de su comunidad en la lucha para obtener la tierra de forma comunal. No obstante, es necesario hacer algunos matices.

Tapia fue influido por los Flores Magón en Estados Unidos, al entrar en contacto con ellos se convirtió en un ferviente partidario del anarquismo agrario, es decir, sus ideales no estaban directamente relacionados con su contacto con la sociedad estadounidense, sino con sus propios paisanos que llevaron la lucha revolucionaria al exilio ( Friedich, 1981, pp. 18, 81-159 ).

En el caso de Arandas, Jalisco, no hay indicios que los migrantes que regresaron influyeron de alguna manera en las demandas agrarias. Paul S. Taylor considero que las personas que regresaron afectaron “muy poco a las actitudes y formas de vida y trabajo de la comunidad” ( Taylor, 1933, pp. 36, 48, 55-63 ) –en el mismo sentido Enrique Santibánez, cónsul de México en San Antonio, consideraba que debido a que la mayoría de los brazos mexicanos desempeñaban labores agrícolas en Estados Unidos a su retorno “no vemos, en consecuencia cómo la masa de la inmigración lleve elementos de progreso al país de su origen” ( Santibánez, 1991 [1930], p. 123 )–. Entonces, tenemos es una variedad de situaciones personales y locales en donde se puede corroborar solo en parte la propuesta de Gamio.

Las propuestas que hizo Gamio respecto al papel que tuvieron los migrantes retornados en los grandes procesos sociales del México de principios del siglo XX son muy provocativas, pues aunque efectivamente coincidieron en tiempo con los flujos de salida y retorno de Estados Unidos, son pocas las pruebas que presentó para corroborar cada una de ellas.

Los estudios que hemos mencionado, tanto de corte histórico como antropológico, analizaron las condiciones de algunas localidades en la década de los años veinte y treinta. Por ello, ayudan a examinar cada una de las hipótesis que aquí se han cuestionado. Asimismo, dan luz sobre los diversos matices que pueden existir respecto al papel que pudieron tener las personas que regresaron de Estados Unidos.

Lo que muestra las propuesta de Gamio es nuevamente la visión extremada de las cualidades de los migrantes que Gamio tenía de ellos y el impacto que pensaba que éstos habían tenido en el país a su regreso. Desde esta visión, ya no solo eran los hombres que al emigrar a Estados Unidos se habían convertido en súper varones y regresaban dotados de grandes cualidades. También fueron considerados factores clave de procesos sociales y económicos del México de comienzos del siglo XX.

EL PROYECTO DE REPATRIACIÓN

Otro de los planteamientos centrales en la obra de Gamio respecto a la migración de retorno es la propuesta de un proyecto de repatriación, es decir un programa especial para establecer a pequeños grupos de agricultores en una o varias colonias, aislados de otros centros de población con el respaldo del gobierno que invertiría recursos moderados para el transporte, la dotación de tierras y el establecimiento ( Gamio, 1930a, pp. 238-240 ). Las razones que llevaron a Gamio a proponer este plan fueron principalmente cuatro. La primera tuvo que ver con una tendencia generalizada que existía en varios círculos de la sociedad mexicana a promover el retorno tal y como él proponía; es decir, la propuesta no era nueva.

Desde principios del siglo algunos secretarios de Estado, líderes obreros y demógrafos se pronunciaron por formar colonias agrícolas con repatriados, agricultores sobre todo. Asimismo, se manifestaron a favor de apoyar el regreso de forma tal que ocupara mínimamente los fondos oficiales. Andrés Landa y Piña, jefe del Departamento de Migración de la Secretaría de Gobernación a finales de la década de 1920, respaldo estas ideas. Igualmente, Gilberto Loyo, uno de los demógrafos más importantes de la época que intervinieron en la elaboración de la política de población durante la década de los treinta. Del mismo modo, Vicente Lombardo Toledano, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México CTM y líder máximo del movimiento obrero organizado, entre otros. Los ideólogos de la irrigación de mediados de la década de los veinte también tenían una concepción parecida, e insistieron que esto debía llevarse a cabo en regiones irrigadas del norte de México ( Alanís, 2007, pp.101, 114 ; Aboites, 1987 )

La segunda razón radicaba en el hecho de que consideraba que los migrantes retornados, perdían muchas de las potencialidades al volver a sus lugares de origen, y esto le hacía daño al país en tanto se desaprovechan sus actitudes y capacidades. Por tanto, una colonia de repatriados impediría que esas “nuevas costumbres y conocimientos, mucho más avanzados que los que predominan en los lugares de su procedencia”, se perdieran y no rindieran beneficio alguno a “nuestra Patria” ( Gamio, 1930a, pp. 236-237 ; Gamio, 1935, pp. 60-61, 58-60 ) .

La forma de aprovechar las virtudes de los repatriados era establecer colonias agrícolas de repatriados, que debían estar relativamente alejadas de otros pueblos y comunidades, a fin de evitar “la retrogresión” de los hábitos culturales y “su decadencia física”, pues según Gamio cuando se incorporaban a pueblos ya existentes, forzados por la tradición y el ambiente social, volvían a su antigua forma de vida ( Gamio, 1930a, pp. 236-237 ; Gamio, 1935, pp. 60-61, 58-60 ). A Gamio le preocupaba sobre manera que los retornados “perdieran” sus habilidades al volver a sus comunidades y que, al mismo tiempo, éstas se “desaprovecharan” en México.

El tercer motivo detrás del proyecto de retorno era explotar “las potencialidades de sus paisanos” retornados. Desde su punto de vista, la “cultura productiva” de los migrantes tenía que ser aprovechada por el Estado para promover el desarrollo ya que la repatriación podría servir como un “enorme sistema educativo” en el que los repatriados serían los “maestros de la vida en general”. Es decir, los repatriados contribuirían a la educación del pueblo mexicano e influirían en la cultura, en tanto consideraba a este como retrasado ( Gamio, 1930a, pp. 160, 184, 236-241 ).

Gamio afirmaba que individuos dotados de tantas virtudes y aptitudes podrían regresar al país a vivir y trabajar fecundamente, ayudándose entre sí, como lo hacían en Estados Unidos, mediante “núcleos progresistas” (colonias agrícolas). Consideraba que con una campaña en pro del regreso, al gobierno, y en particular a la Secretaría de Educación Pública, se le presentaba la oportunidad de difundir a bajo costo la educación integral que “atesoraban” los emigrados entre millones de mexicanos incultos; la idea era que fueran los maestros de los que se quedaron.

Gamio también creía que los migrantes que volvían contribuirían a hacer de México “un gran país industrial y agrícola”, es decir su regreso tendría un impacto positivo en la economía nacional ( Gamio, 1930a, pp. 49-50, 236-241 ; Gamio, 1935, pp. 54-73 ). Al igual que muchos de sus contemporáneos, tenía muchas ilusiones depositadas en los hombres que venían de Estados Unidos. Soñaba con una colonia especial para que se establecieran y derramaran en ella las grandes cualidades que traían consigo. Esto sería el modelo de colonización que haría florecer al país y las regiones; ya no el proyecto decimonónico tendiente a promover la inmigración europea.

El trasfondo de estos planteamientos –normativos o morales, si así se quiere llamarlos– tenía que ver con las preocupaciones que Gamio tuvo en mente desde principios del siglo acerca de que “el México disperso y heterogéneo” se conformara en una patria bajo el modelo “occidental” de la unidad racial, cultural y lingüística. Dentro de ese proyecto había que mejorar las condiciones de miseria y explotación en que vivían los grupos indígenas, que conformaban la mayoría de la población mexicana, lo cual facilitaría la tarea de integrar a éstos al “progreso nacional”. Para ello era necesario que mejoraran “su alimentación, indumentaria, educación y esparcimientos” además “abrazarán la cultura contemporánea” ( Valdovinos, 2011, pp. 233-234 ). Fue precisamente en ese contexto donde, para Gamio, los migrantes podrían contribuir al proyecto de nación que tanto anhelaban las élites políticas de las posrevolución.

La última razón para hacer un proyecto con las características que proponía Gamio era evitar un nuevo fracaso, como había sucedido con la colonización de 300 personas que volvieron de La Laguna, California. De abril a agosto de 1927 Gamio examinó a detalle las condiciones de vida y la situación que vivieron en Acámbaro, Guanajuato, donde se habían establecido. Constató que desde que empezó la campaña las personas carecían de información sobre la geografía, la agricultura, las condiciones de las tierras en que se establecerían, los caminos, la topografía y los productos locales. Al llegar, la tierra fue insuficiente y las condiciones de higiene eran malas, por ello muchos partieron a varias partes del país o salieron a trabajar a la hacienda La Encarnación en el mismo estado de Guanajuato ( Gamio, 1930a, pp. 235-241 ).

El fracaso de la colonización con repatriados en Acámbaro llevó a Gamio a proponer que en el futuro sería necesario el apoyo del gobierno que debía incluir el transporte, la dotación de tierras y el establecimiento gratuito de las personas. Además, sugirió la formación de una comisión que organizara la repatriación y la colonización, cuyos objetivos serían, primero, investigar las características de la tierra, los medios de transporte y los mercados; segundo, ir a los lugares, en Estados Unidos, en los que la comunidad mexicana era numerosa, principalmente a las regiones en las que los mexicanos se ocupaban en la agricultura, como Texas, Arizona, California, Colorado y Nuevo México, a fin de promover y organizar el retorno de agricultores. El tercer objetivo sería dar información verbal suplementaria y los datos para el establecimiento en México ( Gamio, 1930a, pp. 238-240 ).

El plan de Gamio pudo llevarse casi al pie de la letra a comienzos de 1939, cuando el gobierno del general Lázaro Cárdenas, por iniciativa propia, presionado por las críticas por el apoyo a la llegada de exiliados españoles y en busca de respaldo interno a alguna iniciativa oficial, decidió llevar cabo un proyecto de repatriación en pequeña escala, con apoyo limitado, el cual se promovió en algunas poblaciones de Texas. Gamio, como jefe del Departamento Demográfico y de Repatriación, estuvo directamente involucrado.

Gamio sugirió el lugar donde se establecerían (el Valle Bajo del río Bravo, Tamaulipas) y participó en la gira que se organizó para promover el retorno en Estados Unidos. Las razones por las cuales se llevó a cabo el proyecto tuvieron como fondo principalmente motivos de corte político nacional e internacional más que la situación de los mexicanos en Estados Unidos o el ideal de aprovechar a los retornados para el desarrollo de una región al que aspiraba Gamio. El proyecto solo captó la atención del gobierno unos meses de 1939, en pleno declive de las reformas cardenistas, y lo más importante, no fue una prioridad de la política agraria o de colonización de ese gobierno ( Alanís, 2007, pp. 289-293 ).

CONCLUSIONES

El proyecto que Manuel Gamio elaboró para estudiar la migración mexicana a Estados Unidos, así como su principal obra, se enfocaron principalmente en la emigración, tal y como se lo pidió el director de The Laura Spelman Rockefeller Memorial y como lo deseaba el director del Social Research Council. A pesar de ello, conforme se fue empapando del tema se dio cuenta de la necesidad de incorporar reflexiones acerca del retorno y así lo hizo. Primero, quizá antes que nadie, planeó la necesidad de estudiarlo, después, intentó establecer un perfil de quiénes eran los migrantes de retorno. Además, recurrió a algunas metodologías para construir el perfil tomando como muestra artículos que traían de Estados Unidos.

Igualmente Gamio dejó sentada la necesidad de ir a las comunidades de origen para analizar el tema del retorno (cosa que señaló no pudo hacer por los conflictos internos en México). También analizó las influencias que los migrantes habían recibido en Estados Unidos e hizo propuestas sobre cómo aprovechar su retorno. Por si fuera poco, estableció algunas hipótesis sobre el impacto que supuestamente habían tenido en los grandes procesos sociales y económicos del país de principios del siglo XX. En conjunto, hizo un importante esfuerzo para presentar las primeras ideas sobre el retorno que se tiene noticia en el medio académico, de ahí su trascendencia.

Gamio mostró que efectivamente había una influencia de la cultura estadounidense en la manera de vestir de algunos migrantes de retorno, así como en el uso de algunos artículos que denotaban una asimilación al confort de vida de ese país. Igualmente, propuso que el movimiento laboral mexicano había estado fuertemente influido por el estadounidense para lo cual existen pruebas que así lo corroboran. Su atención estuvo centrada en cierto perfil de retornado en gran parte idealizado: hombres con “capacidades especiales”, “buen físico”, “alfabetizados”, bien alimentados, con cierto poder adquisitivo; podría decirse que aquellos que llamaron la atención de Gamio pertenecían a la clase media. No se fijó en aquellos migrantes de retorno que volvieron con muy pocos bienes y recursos, que pudieron haber enfrentado condiciones adversas a su estancia en Estados Unidos (deportación), ni en aquellos de clase alta.

La valoración que Gamio realizó sobre el impacto de la migración de retorno en México fue hasta cierto punto contradictoria, pues por un lado creía que había sido fundamental en ciertos procesos sociales y económicos de México y, por otro, subrayó que no se había aprovechado a los migrantes, ya que sus “grandes dotes” se habían perdido a su regreso a sus comunidades de origen de ahí su insistencia en llevar a cabo un plan de repatriación.

En general, Gamio exaltó las cualidades y virtudes de los migrantes de retorno basándose en la idea de que el contacto con el ambiente estadounidense (material, social, económico y cultural) les había dejado una honda huella. En ese sentido, compartía con varios de sus contemporáneos la idealización de la formación obtenida por el emigrante en Estados Unidos, que constantemente se reflejó en la prensa de la época, y su posible contribución en el país.

Cabe apuntar que son muy pocas las menciones negativas del retorno. Solo una cuantas líneas donde señaló que “varios no regresaban a sus tierras”, sino que iban a la capital del país o a otras grandes ciudades, lo que tenía como consecuencia que hombres que “podrían haber sido excelentes agricultores” se convertían en “mediocres” trabajadores urbanos que competían con los obreros nacionales y se sumaban al grupo de los desempleados. También pensaba que había “elementos nocivos” que se agregaban a los criminales en las ciudades o se convertían en bandidos y, a menudo, en rebeldes.

Otro grupo eran aquellos “que habían fracasado” al volver a México, que entonces regresaban a Estados Unidos y nunca más volvían de nuevo a sus comunidades de origen, pero ya en el vecino país condenaban y criticaban la colonización con repatriados y difundían su experiencia como una prueba negativa, lo que provocaba que otras personas no desearan regresar ( Gamio, 1930a, p. 238 ). En general, Gamio ponderó “los beneficios” que según él había tendido el retorno de migrantes –incluso, el que a futuro podría tener– más que sus posibles efectos negativos en la sociedad mexicana de aquella época.

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Weber, D. (2012). Keeping Community, Challenging Boundaries; Indigenous Migrants, Internationalist Workers and Mexican Revolutionaries, 1900-1920. In J. Tutino (Edit.), Mexico & Mexicans in the Making of the United States, (pp. 208-235). Austin, Texas: University of Texas Press.

2012Keeping Community, Challenging Boundaries; Indigenous Migrants, Internationalist Workers and Mexican Revolutionaries, 1900-1920 D. Weber J. Tutino Mexico & Mexicans in the Making of the United States208235Austin, TexasUniversity of Texas Press

Notas

1 Rockefeller Archive Center (RAC), Collection The Laura Spelman Rockefeller Memorial (LSRM), series 3, subseries, 6, Box 56, folder 603. Lawrence K. Frank a Dr. Manuel Gamio. New York. 4 de diciembre de 1925. RAC, LSRM, series 3, subseries, 6, Box 56, folder 603. Lawrence K. Frank memorándum de entrevista con el Dr. Manuel Gamio, New York, 3 de diciembre de 1925.

2 Archivo Plutarco Elías Calles (APEC), gaveta 33, exp. 38, leg. 1/6, inventario 2210. Documentos de Manuel Gamio. Estudio de la inmigración mexicana en los Estados Unidos y sus antecedentes.

3 APEC, gaveta 33, exp. 38, leg. 1/6, inventario 2210. Documentos de Manuel Gamio. Estudio de la inmigración mexicana en los Estados Unidos y sus antecedentes. Programa Definitivo, s.f., s.l.

4 APEC, gaveta 33, exp. 38, leg. 1/6, inventario 2210. Documentos de Manuel Gamio.



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INTRODUCTION

Manuel Gamio’s (1883-1960) works on Mexican migration to the United States are widely known and cited by scholars in the field, although his central ideas have been little examined. No systematic analyses have focused on his observations and ideas on the migrant’s profile, place of origin, destination, and the cultural, social, and economic aspects that he studied, as well as his sources and quantitative estimations. Different studies relay Gamio’s vision on return migrants ( Walsh, 2005, pp. 53-73 ; Walsh, 2004, pp. 118-145 , among others), but no attention has been paid to his ideas on their characteristics, the literature used by the author to base his analyses, his hypotheses about the role of these migrants on the most relevant social and economic aspects taking place during the early twentieth century, and the reasons behind his proposed repatriation project.

The purpose of the present study was to analyze Gamio’s central ideas about returning migrants, that is, men2 who left Mexico to work in the United States at the beginning of the twentieth century and then returned to their places of origin; the author referred to these people as returnees, repatriated immigrants, or ‘reimmigrants.’ For that purpose, we examined the characteristics ascribed by the author to these returnees based on their migration experiences and the items that they brought back to Mexico, the role that they played in the Mexican Revolution, the labor movement, and the agrarian reform, and the reasons why he proposed a repatriation project.

We also discuss Gamio’s frequent assertions that migrants were transformed as a result of their contact with American culture in terms of employment skills, culture, education, and physical appearance and that they were thus significantly changed when they returned to Mexico. We also highlight an insistent claim by the father of Mexican anthropology: that returning migrants were significantly influenced by the American “material culture.” The present study demonstrates the author’s constant exaggeration and overestimation of the qualities and skills acquired by migrants in the United States, as well as the social and economic impact of their return to Mexico.

Gamio stated that the men who returned in the first decades of the twentieth century were precursors of the Mexican Revolution, the labor movement, and the Agrarian Reform. He also thought that, given such outstanding qualities, the Mexican government should promote their return by means of a special program with the purpose of building agricultural colonies to take advantage of their acquired capabilities so that they contributed to economic and cultural development in Mexico. These idealistic views were also due to his disappointment that the agricultural and cultural capabilities supposedly acquired by return migrants in the United States had not been exploited during the first three decades of the century. This study is an approach to the first ideas on return migrants that emerged in Mexican academic circles, including the influence of American society on migrants and the social and economic consequences of their return to Mexico.

Our analysis focuses on the period from late 1925 to 1930. In 1925, Gamio conducted a research project on Mexican migration to the United States, where he outlined some ideas around the topic of interest in the present study, and in 1930, he described his central ideas on returning migrants in his most important work: Mexican Immigration to the United States; A Study of Human Migration and Adjustment.

THE PATH TO MIGRATION STUDIES

In the mid-1920s, Gamio began to study Mexican migration in the United States due to a request by American foundations interested in the matter. In early December 1925, Lawrence K. Frank, director of The Laura Spelman Rockefeller Memorial (1923-1929), met with Gamio in Washington. The purpose of this meeting was to request a research project centered on Mexican population in the United States. In addition to Lawrence Frank, Dr. Charles E. Merrian, director of the Social Research Council, considered Gamio the most qualified person for the job given his remarkable academic career.3

Gamio received a master’s degree in anthropology from Columbia University (United States) in 1912. He met important anthropologists in the institution, for instance, Franz Boas, considered the father of cultural anthropology, who had a worldwide influence on the formation of distinguished academics in the United States and Latin America. Gamio’s doctoral degree was also from Columbia University, and he had published a study on the population in the valley of Teotihuacán (1924). This study earned him the recognition of American anthropologists and prompted invitations to various conferences, especially in Washington and New York, on indigenous groups in Mexico, their art, customs, clothing, and especially their culture. By the early 1920s, his reputation in the United States and Latin America were consolidated, and he was considered the most important anthropologist in Latin America ( González Gamio, 1987, p.67 ; Gamio & Vasconcelos, 1926 ).

Lawrence K. Frank’s invitation was part of the interest of American academia in the impact of Mexican migration on the society of their country. In those days, Paul S. Taylor (1895-1984) and Emory S. Bogardus (1882-1973) described some of the effects of immigration in cities such as Chicago, an increasingly important destination for immigrants ( Arredondo, 1999 ; Kerr, 1976 ; Jones & Wilson, 1931 ; Taylor, 1932 ). Taylor, a doctor in economy from the University of California at Berkeley, formed a group of students from local universities, government agencies, and housing developers that became the first generation of researchers to conduct studies on the Mexican community in Chicago, during the second half of the 1920s. Bogardus, a prominent American sociologist, carried out research on the social and cultural impact of Mexican migration during that period and his work was published in the early 1930s ( Bogardus, 1933, pp. 169-176 ; Bogardus, 1934 ).

Gamio accepted Frank’s invitation because he had recently resigned the position of undersecretary of public education due to differences with the secretary, José M. Puig Casauranc. He was also about to complete a study on the relationship between the Archaic and Maya cultures in Guatemala, as requested by officials from the Archaeological Society of Washington ( González, 1987, pp. 84-86 ; Alanís, 2003, pp. 979-1020 ). Thus, in the mid- 1920s, and thanks to the invitation of the Laura Spelman Rockefeller Memorial Foundation and the Social Research Council, Gamio began working on his project on Mexican migration to the United States.

Early Ideas for the Study on Return Migration

In 1925, Gamio wrote a document entitled “Preliminary Survey of the Antecedents and Conditions of the Mexican Population in the United States, and the Formation of a Program for a Definite and Scientific Study of the Problem.” The phenomenon of return migration is absent from the study. The main purpose was to analyze the migrants’ places of origin, the conditions that motivated their migration, their places of destination in the United States, and the reasons why they chose those places, in other words, their migratory background.4

Afterward, Gamio wrote a “definitive program” consisting of five sections: Neo- Mexicans, Mexican immigrants in their regions of provenance, Mexican immigrants in the United States, Future research, and a closing summary. In the second section, he points out that one of his goals is to respond to the following question: What are the organic, economic, cultural, and educational circumstances of Mexicans when they return to Mexico after living in the United States?5 This is the first time that Gamio refers to return migrants, and his intention was to analyze the physical appearance and economic and cultural situations of some men who had returned to Mexico after working for some time in the United States.

The third section of the program received most of his attention. It was divided into six parts, and it described the circumstances and socioeconomic position of Mexicans living outside the country. Gamio points out that one of his goals was to study their saving habits and whether they had acquired property, furniture, clothing, food, and jewelry, in addition to general expenses. He was also interested in analyzing the influence of the “scientific methods” and machinery used in the United States on Mexican workers, among other topics,6 and he intended to explore the “classification of abilities” for agricultural and industrial activities developed by these migrants, which once again indicates his interest in the social, economic, and cultural conditions of migrants before leaving for the United States and when they returned.

Further Development of Ideas on Repatriation and Return

The final product of the Preliminary Survey and the “definitive program” was the book Mexican immigration to the United States: A study of human migration and adjustment, published in 1930 by the University of Chicago. In this work, Gamio developed his ideas about return migrants more broadly. The wording used in the title denotes his main areas of interest: on the one hand, how Mexican migrants adapted to the American social, labor, economic, and cultural environment, and on the other, how they readjusted to Mexico after living and working for some time in the United States.

In the introduction, Gamio wrote that, in order to accomplish the goals of the study, it had been necessary to consider migrants before leaving for the United States, during their residence in that country, and also as Mexican returnees or reimmigrants ( Gamio, 1930a, p. viii ). Gamio was aware of this contemporary notion, which was included in the Mexican Migration Act of 1930 and used by the official agencies responsible for quantifying migration flows to refer to Mexicans returning to the country ( Dirección General de Estadística, 1934, p. 48 ).

In the introduction to Mexican immigration to the United States, Gamio pointed out that he had taken into account three different phases of the migratory process: the place of origin, the destination, and the return of the immigrants, although the majority of his work is focused on migrants in the United States rather than on their places of origin and their life when they returned to Mexico. Repatriation and repatriated immigrants are scarcely discussed in the book, and no definition of these terms is provided.

Occasionally, Gamio refers to return migrants as people who had returned to Mexico from the United States after some time. He made no distinction between the wide range of possible types of returnee: children, women, men deported by city, county, or state authorities, or a combination involving all three levels, and he did not use data from the Bureau of Immigration because these offices required Mexicans to register when they entered into the United States but not required when they left the country.

Instead, the anthropologist used figures compiled by the Mexican Immigration Department since the migration offices in this country did require Mexicans and foreigners to report both their entry and their exit. Therefore, Gamio considered that the data from the Department of Immigration were more comprehensive than the data from the Bureau of Immigration, which included information concerning voluntary returnees, induced or coerced returnees, unemployment rates, and cases of xenophobia and violence, as well as repatriations organized by Mexican and international private and civil charitable agencies and by the Mexican government, among other actors.

His definition of returnees was very general, in tune with his time and the agencies in charge of migratory flows, which defined returnees as Mexicans who had lived in a foreign country and returned to Mexico with the purpose of establishing themselves, regardless of whether they returned on their own will or were deported by foreign authorities ( Bogardus, 1934, pp. 90-95 ).

MAIN CHARACTERISTICS OF RETURN MIGRANTS

Gamio had a clear-cut idea about the characteristics of people who returned to Mexico after having lived and worked for a period of time in the United States. However, the attributes acquired by these people were overly exalted by such an idea—he believed that most migrant workers underwent an occupational, cultural, material, and even physical transformation that granted them special qualities.

He classified the United States braceros into three large groups: unskilled workers, specialized workers, and tenant farmers. The third group was the central focus of Gamio’s attention. He pointed out that they represented the vast majority of migrants; some of the changes that they experienced were associated with their acquired specializations and skills for working in close cooperation and distributing individual activity. He also believed that they experienced ‘the discipline of modern work’ and ‘good working habits,’ and that, according to him, these men had raised their cultural level and learned to temper their character and save money. In addition, they became specialized and learned to operate industrial and agricultural machinery (called ‘modern tools’ by the author), and many of them acquired significant experience in these areas. Similarly, in his point of view, they were enlightened by ‘intensive scientific agriculture’ and the processes used to transform raw materials into industrial products ( Gamio, 1930a, pp. 33, 42, 49-50, 236 ).

According to Gamio, a high percentage of Mexican migrants who had worked in the United States had used machinery that was still unavailable in Mexico, and they learned new ways to work that differed from the prevalent practices in their country of origin, experiencing other schemes and patterns to organize work. If that were not enough, they had assimilated and experienced the industrial advances of the United States. Oppositely, Gamio regarded Mexican workers as ‘backward,’ disorderly, unskilled, and unable to collaborate with one another.

Nevertheless, migrants had ‘removed’ these bad traits from themselves. Migration had made them avant-garde citizens, better workers who were ‘technologically and culturally progressive’; that is, they transformed themselves into workers ‘of the modern type, much more efficient than before’ ( Gamio, 1930a, pp. 49-50 ); therefore, they brought many desirable qualities with them when they returned to Mexico.

He concluded that their contact with ‘the social elements of American civilization’ changed them in various ways. In Gamio’s opinion, their main influence was the material culture: housing, clothing, food, hygiene, and ‘agricultural and industrial education’; clothing, in particular, was the ‘great change’ ( Gamio, 1930a, pp. 146, 172- 173 ). Many of them assumed ‘American characteristics’ to the extent that, in some cases, the ‘Mexican material culture’ was lost and replaced by American culture.

Overall, Gamio considered that migrants underwent remarkable changes, both qualitatively and quantitatively. He believed that they were ‘improved in the United States in different ways’, and American civilization was beneficial because they adopted some of its traits: they dressed better, they worked more efficiently, their diet was excellent, and some had even learned to read and write, notions of organization, and they had also become more disciplined ( Gamio, 1930a, pp. 67-69, 144, 172-173 ).

Therefore, migrants acquired remarkable cultural, occupational, physical, economic, ‘moral and intellectual’ qualities in their life in the United States. This idea was shared by some journalists and politicians from that time, such as Alfonso Fabila Montes de Oca, who was in charge of a repatriation office in 1932 ( Fabila, 1991 [1928], p. 38 )–. The American environment had thus awakened them to a new life in which they emerged as a sort of supermen; therefore, their return to Mexico would be desirable because these virtues could be leveraged and exploited.

The background of Gamio’s points of view were the ideas of his mentor Franz Boas concerning the powerful influence of the environment not only on the cultural development of men but also on their physical development ( Gamio, 1942, pp. 36-37 ). Reflecting on immigration from Europe to the United States, Boas considered that ‘migrants are transformed due to the influence of their new environment in both their bodily form and their mental behavior.’ In addition, the author stated that the social and mental behavior of descendants of immigrants had been proven to assimilate into American types in all surveyed traits ( Boas, 1964, p. 263 ).

The Evidence of American Influence

To demonstrate that migrants were in fact under the influence of the ‘American material culture,’ Manuel Gamio carried out an investigation based on objects ‘brought to Mexico free of customs duty’ by 2 104 migrants returning to the country in 1927. These objects had been acquired and used in the United States, and the data had been collected by customs officials in the most important border cities at the time: Ciudad Juárez, Laredo, Agua Prieta, Piedras Negras, Matamoros, Reynosa, Ojinaga, Sásabe, and Ciudad Guerrero ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ).

Items included agricultural and industrial tools, automobiles and light trucks, domestic animals, household implements, furniture, household utensils, and musical instruments. Based on this information, Gamio concluded that most returnees had developed new needs during their time in the United States. ‘The most remarkable thing,’ according to the anthropologist, was their desire to increase their degree of domestic comfort, since these migrants had never used toilets, refrigerators, stoves, sewing machines, or typewriters in Mexico before migrating. Many of them brought these types of items when they came back (Table 1) ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ).

Table 1.

Percentage of Reported Items per 100 Registered Immigrants

Items Percentage
Bathtubs 38.19
Metal or wooden toilets 12.73
Refrigerators 3.8
Metal kitchenware 77.99
Washing machines 0.38
Stoves 27.58
Beds 82.88
Mattresses 70.53
Chairs 134.58
Sewing machines 16.57
Typewriters 1.42

Source: Gamio (1930a, p. 68). The original table is indicated as ‘Table IX.’

Clothing represented a high percentage of the items; therefore, Gamio concluded that these garments reflected the ‘American cultural influence’ because it showed the ‘collective taste’ acquired by migrants in the ‘American environment’ ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ). Considering that 3,753 packages, suitcases, and bags contained various types of garments, Gamio estimated the number of separate items to be in the in tens of thousands. A third conclusion was related to the possession of automobiles, something he considered to be ‘absolutely unheard of’ among people from the ‘humble social background’ shared by most migrants, since 37.69 percent of the return migrants in the sample owned a car when they returned to Mexico. Approximately 28 percent were passenger cars and 9.88 percent were trucks ( Gamio, 1930a, pp. 67-69 ).

The fourth conclusion referred to livestock. He observed that the migrants brought few horses, donkeys, cows, and goats, and highlighted the number of chickens. In this regard, he expressed regret that the number of animals and livestock, in general, had been so scarce: he considered it insufficient to improve ‘the native races.’ Similarly, the number of agricultural and industrial tools was moderate; 13.72 percent of the packages contained this type of items. Migrants also brought plows (8.64%), harvesters (0.95%), and dibbles (1.04%). He probably also regretted that the number of tools was scarce because, as will be discussed below, Gamio expected returnees to exert a significant influence on the national agricultural economy.

His fifth conclusion concerned ‘the musical and artistic tendencies of migrants;’ according to the author, such culture could be inferred from the 21.82 percent of reimmigrants who had brought American phonographs with them. He was struck by the ‘remarkable’ number of pianos, which were probably quite expensive musical instruments.

The last conclusion had to do with books. Considering that the vast majority of immigrants were illiterate when they migrated to the United States, their ‘intellectual progress could be expressed’ by the number of books that they brought back with them. According to the author’s estimations, each box contained an average of 40 books, or a total of 2 600: at least one book per individual in the study group ( Gamio, 1930a, pp. 67- 69 ). This interpretation is associated with the idea that migrants developed literacy skills and aspirations as a result of their experiences in the United States. According to Gamio’s vision, many of them had an ‘educational experience’ that inspired them to become literate.

The most significant results of Gamio’s analyses were: a) the ‘cultural influence’ reflected by clothing, b) the number of cars brought by reimmigrants, and c) the educational progress achieved by these people thanks to books. Thus, from his point of view, these men were better dressed and more literate than their countrymen who had stayed in the country.

Gamio’s analyses of the data obtained from the customs offices in the border were limited; for instance, he failed to examine in detail each of the sources from whence he obtained information. In the present study, we examined each of the categories more closely for a finer analysis focused on the most representative items, i.e., the most numerous items, introduced into Mexico mainly via Ciudad Juárez, Chihuahua, and Laredo. The information on automobiles and trucks shows that they were carrying a large number of spare tires (792), possibly because they were not easily available in Mexico. They also brought different kinds of pipes with them (549) that could be used as spare parts if their vehicles broke. According to the data, most of these vehicles were Ford models ( Gamio, 1930a, p. 225 ).

Phonographs, beds (1,745), mattresses (1,484), and bedsheets (807) stood out among the household implements, which suggests a certain adoption of the comfort standards of American life. The degree to which returning migrants had become accustomed to such standards was confirmed by the numerous new needs that they had developed (Gamio, 1930a, p. 225). The number of chairs (2,156) and kitchen utensils (1,642) was also worthy of notice, perhaps because their materials and designs were uncommon and original in Mexico. A less important category includes bedding, included in 634 packages (same number of beds included in the list of household items), tables (596), stoves (581), and picture frames; these were items intended to increase comfort in kitchens and bedrooms ( Gamio, 1930a, pp. 226-228 ).

Data on domestic animals show the predominant presence of chickens (2,247), followed by goats (333) and, to a lesser extent, roosters (131) and mules (111). As Gamio pointed out, the number of cattle brought back by the ‘immigrants who came back’ in 1927 was low. The amount of imported agricultural and industrial tools was also very limited in comparison with other items such as beds, mattresses, or clothing, except for only a few sets of tools (289), plows (182), and axes (156). In general terms, reimmigrants brought few tools with them ( Gamio, 1930a, pp. 224-225 ).

Therefore, in 1927, most of the items brought into Mexico by returnees were chairs, beds, mattresses, phonographs, chickens, and some cars. At this point, Gamio’s forceful attempt to support his conclusions on the significance of the effect of the ‘American material culture’ on immigrants begins to emerge. This influence could, of course, have been a reality in some cases, but none is expressly indicated and conclusions are generalized. His opinions concerning the cultural impact are also exaggerated, especially in regard to his association between books and the literacy level acquired by some migrants. Again, this could have happened in some cases, but Gamio generalized their significance. Overall, the evidence provided by the scholar is not convincing enough as an account of the influence of the American culture on the majority of migrants who returned to Mexico.

Gamio's information had additional shortfalls that should be discussed in order to determine their scope. In the first place, it is not clear who the information came from, in other words, who were the people who provided it. It is unknown whether they were single, married, how large were their families if they had any, as well as the length of their stay in the United States and the reasons why they returned, among other data. In other words, the information on the profile of the ‘returning immigrants’ is missing. The documented information suggests that they were people who returned to the country after many years in the United States carrying numerous items, that most of them were married, and that women and children were among them. The sample was very general and, unfortunately, no contemporary studies have attempted to quantify systematically the information analyzed by Gamio in this study. There is a sporadic record in certain newspapers from the border on the things brought by Mexicans when they returned to their country, and they sometimes indicated whether they were single people or families. Data on the characteristics of returnees and on the items that they brought back with them are available from consulates in Mexico and the United States. However, in both cases, the information lacked a systematic analysis, which is why the study lacks a more rigorous statistical apparatus.

Another limitation of Gamio’s study is associated with the lack of significant events affecting migratory flows in 1927, such as exceptionally high emigration or migrant return caused by recession or large-scale deportation. Numbers of migrant returns larger than those registered in 1927 (69,125) were observed in several other years between 1920 and 1927 (1923, 85,825; 1924, 105,834; 1925, 77,056).

Therefore, the information from 1927 is a biased sample of such number, of the characteristics of the returnees, and of the things they brought back with them.

Gamio himself acknowledged that his plan to study the ‘cultural condition’ of Mexicans who returned to their homes after living for some time in the United States failed to accomplish its expected goals completely. This was due to the fact that, at the time of the study (1927-1928), the flow of returnees to the regions that he visited (in Guanajuato, Jalisco, and Michoacán) had decreased considerably as a result of religious conflicts (namely the Cristero War, a violent clash between the Church and the State that took place from 1926 to 1929). Instead of returning to their states, returnees often headed to less troubled states.

To fill this gap, the anthropologist analyzed the items brought back to Mexico from the United States by the returnees through different points along the border in 1927 ( Gamio, 1930b, p. 21 ). However, we consider that the material associated with cultural influences of an intellectual nature used by Gamio was insufficient and allowed for partial conclusions only.

What People Who Came from the United States Did in Mexico

Gamio believed that returnees had played an important role in the Revolution, the labor movement, and the Agrarian Reform. This belief was based on the hypothesis that the experience of living in another country had made a deep impression on these people—a better way of life in terms of wages, work, and, in general, social well-being, that is, both occupationally and ideologically. Therefore, they demanded better conditions and attempted to implement some of the forms of organization that they learned in the United States when they returned to Mexico. In Gamio’s vision, migrants brought with them the desire to improve the conditions in their homeland and demanded the government to provide better working and living conditions, which was reflected by their role in the civil war, labor organizations, and the agrarian struggles.

Concerning the Revolution, he believed that migrants returned to their country bearing ideas and memories of a better way of life; these ideas spread and developed among the masses, especially among peasants, the most frequent ‘class’ among migrants. He considered that migration had increased during the Porfirio Díaz administration due to the federal government initiative of building railroads to the American border. The yearnings of the ‘Mexican masses’ were embodied by the returnee, who represented a different kind of existence that highlighted the contrast between the ‘advantages and liberties of the American worker with the terrible misery of the Mexican’ ( Gamio, 1930a, p. 160 ). Demands of better living conditions would follow, and given that officials were ‘eternally unaware of social phenomena’ and failed to meet these demands, ‘the revolutions that have torn Mexico since the beginning of this century’ broke out ( Gamio, 1930a, p. 160 ).

The influence of return migrants on the Revolution was evident to Gamio from the fact that, since the Francisco I. Madero administration and until the late 1920s, ‘the pathway of the Revolution’ had run from north to south, meaning that presidents and many of the ministers and senior military officers had been born in the border states. Additionally, some of them had been educated or had lived in the United States. This idea that the Revolution had been driven by ‘men from the border or by former migrants’ was shared by other scholars ( Gamio, 1930a, pp. 160-161 ).

Gamio considered the Mexican labor movement as another ‘example of revolution based not on weapons but on economic factors’ where the influence of return migrants could be observed. Many of its leaders had been migrants, and according to Gamio, their main organizations were directly inspired by the American Federation of Labor (AFL), one of the first major union federations in the United States, founded in 1886 by Samuel Gompers. Gamio wrote that this influence ‘of American labor ideas’ was to be expected, especially among Mexican workers who worked in the ‘border states, in misery and ignorance,” while their American counterparts were ‘organized and developed’ ( Gamio, 1930a, p.161 ).

Gamio also suggested that ‘repatriated immigrants’ from the early twentieth century had ‘probably’ imported the agrarian movement from the United States to Mexico because the circumstances of American social life would have impressed the Mexican immigrants. A supporting argument for this hypothesis was, according to Gamio, that the Mexican revolutionary movement began in 1910 had acquired a social, economic, and political nature, in addition to its agrarian basis, only after migration to the United States began to take place at a large scale, which naturally increased the number of returnees in Mexico ( Gamio, 1930a, pp. 161-162 ).

Gamio’s perspective on the relevance of the men who returned from the United States during the Revolution, the labor movement, and the Agrarian Reform is most alluring; however, its accuracy is challenged due to the lack of enough evidence to support it. Gamio failed to present data and information to support this hypothesis, except for occasional examples. He was also based on the behavior of two-way migration flows.

To corroborate Gamio’s hypothesis, people from the migrants’ communities of origin would need to be asked how influential their returnees were in the struggle to improve local conditions when they came back from the United States. Subsequently, an analysis would have to be carried out at the regional, state, and even national levels. Only then would it be possible to present a conclusion concerning the degree of importance of returnees during the Revolution. Currently, available information makes Gamio’s hypothesis downright dubious because there is little evidence in its support.

In the late 1920s and early 1930s, Paul S. Taylor conducted a study in Arandas, Jalisco, a community characterized by its large proportion of migrants; the author fails to indicate whether migrants who returned from the United States had any role in the promotion of revolutionary ideas ( Taylor, 1933 ). Other communities in the north, center, and south of the country and their social and economic conditions should be analyzed in order to differentiate between the possible influence of returnees from the United States and the local circumstances of each community as motivations for their involvement in the Civil War.

There are also a number of questions that have not yet been raised, for example: Which among the returnees were determined to fight for a better way of life based on the standards they had experienced in the United States? How many of them were so? In which municipalities or states were they active? Was the number of migrants who returned ‘with revolutionary ideas’ at the beginning of the twentieth century a key factor in the Mexican Revolution? What were the differences between the life aspirations of migrants who returned to communities in the north (Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Sonora) and those of people who returned to the center (Michoacán, Guanajuato, Jalisco)? Are there any accounts of returnees who pointed out the differences between the living conditions in the United States and in Mexico to local or federal authorities? This would be a ‘bottom- up’ analysis.

An ‘up-bottom’ analysis poses additional questions. A thorough analysis would need to be focused on each of the cases of important characters who participated in the revolution and were educated in the United States or lived near the border (e.g., Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Francisco Villa, Pascual Orozco) to determine the extent to which their experiences near the border, their migration, or the social and economic conditions of their places of origin motivated their participation in the struggle. For the time being, Gamio’s proposal remains an unsolved hypothesis.

As for the influence of returnees on the labor movement, documented cases describe how ‘repatriated migrants’ played active roles in labor unions. One of them was Ricardo Treviño, who was a member of Industrial Workers of the World (IWW, a labor organization founded in 1905, open to all workers) during his residence in the United States; back in Mexico, in 1924, he was appointed secretary of foreign affairs in the newly created Regional Confederation of Mexican Workers (CROM) ( Álvarez, 1995, p. 54 ).

Práxedis Guerrero was also a migrant; he was a miner in Colorado and in Morenci, Arizona, and afterward, he became a worker leader in mining areas in different Mexican- American border states ( Torres, 2014, p. 139 ). For his part, Fernando Palomárez was a Mayo Indian from Sinaloa who migrated to the United States in 1905 and quickly became involved in the organization of mineworkers from the IWW Arizona chapter; afterward, he went to the Mexican mines in Cananea, Sonora, with the purpose of leading Yaqui and Mayo Indian workers ( Weber, 2012, p. 219 ). Recent research has revealed the active participation of migrants (from Sonora, Chihuahua, and Durango) in different labor organizations while working in the United States mining and railway industries, as well as their role in strikes; many of them became involved in union and labor rights activities as returnees ( Torres, 2014, pp. 134-135 ).

The Mexican Liberal Party (PLM) was a political organization founded at the beginning of the twentieth century, by Enrique and Ricardo Flores Magón, among others. The Magón brothers fled Mexico due to the persecution of the Porfirio Díaz administration. They began their activities in the United States in 1904. PLM members were mainly industrial workers, and the organization had a strong presence in California, Texas, and New Mexico.

By 1905, the PLM had attracted a social base of workers composed of migrants who traversed the southern United States and northern Mexico in search of employment. These circumstances facilitated a close relationship between the PLM and the IWW in some parts of the United States, as well as a constant relationship between these organizations and the Mexican labor movement ( Torres, 2014, p. 137 ). Under these circumstances, some migrants were undoubtedly in contact with PLM leaders and participated in labor and union movements in the United States, and they replicated these activities as return migrants in Mexico.

This was especially true for certain areas along the border, for example, the mining centers of Chihuahua, where workers were often in contact with their counterparts in Arizona and Texas ( Friedich, 1981, p. 33 ). A finer interpretation should consider other cases in which exclusively national conditions were more significant, namely the rise of the labor movement in the rest of the country, the unrest of the Mexican labor environment driven by the overthrow of Porfirio Díaz, and the emergence new labor unions and confederations in response to the country’s internal conditions ( Carr, 1991 ; Ruiz, 1978 ; Torres, 2014, pp. 57-58, 148 ).

Gamio also thought that returnees had represented an important force in the Agrarian Reform, and he found direct relationships among increased migration, migrant return, and the demands of the Mexican agrarian sector. He points out that they took place at the same time, which is accurate to a certain degree because these demands were expressed almost at the same time as an increase in emigration and reimmigration rates between 1917 and 1929. However, this hypothesis requires further demonstration or evidence, which Gamio failed to provide—it would be necessary to analyze the social and economic conditions in the returnees’ places of origin and to determine how much weight their experiences as migrants could have had on the agrarian movement.

Ann L. Craig (1983) agreed with Gamio’s hypothesis that the work experience acquired by some migrants in the United States contributed to ‘agrarian activism’ upon their return to their communities of origin. In search of evidence, she conducted a study on the first agrarian activists in Lagos de Moreno, Jalisco, and described the case of several migrants who migrated to the United States in the first years of the twentieth century, returned to Mexico in the 1920s, and played active roles in the agrarian reform ( Craig, 1983, pp. 154, 189-193, 195-215 ).

Some other cases presented by the author evince that both the work experience and the political ideas acquired by migrants in the United States were essential for their activities in their original communities; such is the case of Víctor Reyes, who lived in the United States from 1923 to 1928, and by 1930 had become an important figure in the agrarian movement. In other cases, there were no traces of work experience or activism north of the border that could be deemed crucial for their participation in the movement. For example, Juan Oliva and Arcadio Amézquita, who had migrated before 1920, but became acquainted with the agrarian reform until their return, in the early 1930s. In some cases, the activists had participated in political activities before migrating. In other words, they were already aware of the social problems in their communities and were interested in collaborating and participating in an organized manner to change the situation before migrating to the United States.

The case of Primo Tapia (1885-1926)—a Purépecha migrant from the early twentieth century who was a worker leader in the United States with the IWW and was acquainted with PLM leaders—has been cited as an example of a migrant who, upon returning to his community (Naranja, Michoacán), became the leader in the struggle for communal lands. However, certain nuances should be noted.

Tapia was influenced by the Magón brothers in the United States and became an ardent supporter of agrarian anarchism when he met them; therefore, his ideas were not directly concerned with his contact with American society but with perception of countrymen who had taken the revolutionary struggle to the exile ( Friedich, 1981, pp. 18, 81-159 ).

In the case of Arandas, Jalisco, there are no indications of returnees who had any role in the agrarian struggles. Paul S. Taylor considered that returnees had had very little effect on the attitudes and ways to live and work of their original communities ( T aylor, 1933, pp. 36, 48, 55-63 ); similarly, Enrique Santibánez, Mexican consul in San Antonio, considered that most Mexican braceros carried out agricultural work in the United States, and therefore, the bulk of return migrants could hardly bring elements of progress to their places of origin ( Santibánez, 1991 [1930], p. 123 ).

We have described a number of personal and local situations in which Gamio’s proposals can only be partially corroborated. Gamio’s hypotheses concerning the role of return migrants in the great social processes in Mexico at the beginning of the twentieth century are quite alluring because, although these processes were indeed simultaneous with increased migratory flows to and from the United States, there is little available evidence to confirm any of them.

The historical and anthropological studies presented thus far analyzed the conditions of some communities during the 1920s and 1930s; therefore, they can be used to examine each of the hypotheses. They also shed light on the different possible levels of analysis concerning the impact of returnees on their original communities.

Gamio presents an inflated account of the qualities acquired by the migrants and their impact on their country of origin. Therefore, they were not only the men who had become Übermenschen in the United States and returned to Mexico endowed with outstanding qualities, but they were also key factors in decisive social and economic processes occurring in Mexico at the beginning of the twentieth century.

THE REPATRIATION PROJECT

The repatriation project is another central proposal in Gamio’s work on return migration. He envisioned the project as a special program aimed at establishing small groups of repatriated farmers in one or more colonies isolated from other communities; the government would support these population centers by providing land and moderate investment for transportation and settlement ( Gamio, 1930a, pp. 238-240 ).

There are four main reasons why Gamio proposed this plan. Firstly, different circles of the Mexican society had already proposed migrant return initiatives similar to Gamio’s—the proposal was not new. Secretaries of state, worker leaders, and demographers expressed their support for the idea of forming agricultural colonies composed of returnees, especially farmers; this initiative was also expected to be conducted in such a way that official funding was minimal. Some of the supporters of this idea were Andrés Landa y Piña, head of the Secretariat of the Interior Migration Department in the late 1920s; Gilberto Loyo, one of the most important demographers of the time, who took part in the elaboration of population policy during the 1930s, and Vicente Lombardo Toledano, general secretary of the Confederation of Mexican Workers (CTM) and top leader of the organized labor movement, among others. The ideologues of irrigation in the mid-1920s shared similar ideas, and they insisted that this should be done in irrigated regions in northern Mexico ( Alanís, 2007, pp.101, 114 ; Aboites, 1987 ).

The second reason lay in Gamio’s concerns that returning migrants lost much of their potential when they returned to their places of origin and that wasting their attitudes and skills was disadvantageous for the country. Therefore, a colony of returnees would prevent these ‘new customs and knowledge, much more advanced than those prevalent in their places of origin’ from being lost, rendering no benefit to ‘our country’ ( Gamio, 1930a, pp. 236-237 ; Gamio, 1935, pp. 60-61, 58-60 ).

The virtues of returnees would be seized upon by establishing the colonies; the reason why these settlements had to be relatively far from existing towns or communities was to avoid the ‘retrogression’ of cultural habits and the ‘physical decadence’ of regular settlements, since according to Gamio, returnees returned to their old way of life when they established themselves in existing communities, forced by tradition and the social environment ( Gamio, 1930a, pp. 236-237 ; Gamio, 1935, pp. 60- 61, 58-60 ). As pointed out above, Gamio was concerned that returnees would ‘lose’ their skills when they returned to their communities, ‘wasting’ them for the country.

The third main purpose of the repatriation project was to exploit the ‘potential of returned countrymen.’ For Gamio, the ‘culture of production’ acquired by migrants had to be leveraged by the state to promote development since repatriation could function as an ‘enormous educational system’ in which returnees would be ‘teachers on life in general.’ In other words, returnees would contribute to the education of the Mexican people, considered underdeveloped by Gamio, and influence the national culture ( Gamio, 1930a, pp. 160, 184, 236-241 ).

Gamio claimed that individuals endowed with so many virtues and abilities could return to the country to live and work fruitfully, helping each other, as they did in the United States, by means of these ‘progressive nuclei’ (agricultural colonies). He considered that a repatriation campaign supported by the government, in particular by the Secretariat of Public Education, would be feasible at an affordable cost and would allow the State to disseminate the integral education ‘amassed’ by the returnees among millions of uncultured Mexicans.

Gamio also believed that returning migrants would contribute to making Mexico ‘a great industrial and agricultural country,’ that is, their return would have a positive impact on the national economy ( Gamio, 1930a, pp. 49-50, 236-241 ; Gamio, 1935, pp. 54-73 ). Like many of his contemporaries, he had high expectations of the men who had returned from the United States. He dreamed of a special colony where they could establish themselves and spill the amazing qualities that they had brought with them. This colonization model would make the country and the regions flourish, not anymore the nineteenth-century project aimed at promoting immigration from Europe.

The background of these proposals—which can be regarded as normative or moral—had to do with concerns that Gamio had had in mind since the beginning of the century about the idea of a ‘dispersed and heterogeneous Mexico’ conforming itself as a nation per the ‘Western’ model ‘of racial, cultural, and linguistic unity.’ This project needed to improve the conditions of misery and exploitation experienced by indigenous groups (the majority of the Mexican population), which would facilitate the task of integrating them into ‘national progress.’ Therefore, it was necessary that the program improved their diet, clothing, education, and leisure activities, and they would also ‘embrace contemporary culture’ ( Valdovinos, 2011, pp. 233-234 ). It was precisely in this context that, for Gamio, migrants could contribute to the nation-building project that the political elites yearned for after the Revolution.

The last of Gamio’s reasons to propose the repatriation project was to avoid the failures observed in a case of 300 people who returned from La Laguna, California, to establish a colony. From April to August 1927, Gamio conducted a detailed analysis of the living conditions and circumstances in Acámbaro, Guanajuato, where they had settled. People lacked information on geography, agriculture, land conditions, roads, topography, and local products throughout the campaign. The land was insufficient, and hygiene conditions were poor, so many of the colonists left for different parts of the country or sought work at the La Encarnación ranch, in the state of Guanajuato ( Gamio, 1930a, pp. 235-241 ).

The returnees’ failed attempt to colonize Acámbaro led Gamio to state that government support would be necessary for the future and should include transportation, land supply, and the right to settle the lands without monetary cost. He also suggested to create a commission to organize repatriation and colonization whose goals would be, first, to determine the characteristics of the land, available transportation, and markets, and second, to visit locations in the United States where the Mexican community was sizeable—especially in regions where Mexicans worked in agriculture, such as Texas, Arizona, California, Colorado, and New Mexico—to promote and organize the return of these farmers. A third goal would be to provide supplementary verbal information and data ( Gamio, 1930a, pp. 238-240 ).

Gamio’s plan could have been realized exactly as proposed at the beginning of 1939, when General Lázaro Cárdenas’s government, on its own initiative (but spurred by criticism regarding its support for the arrival of Spanish exiles and seeking internal support for another official initiative) decided to carry out a small-scale repatriation project with limited support, which was promoted among migrants in Texas. As head of the Demographic and Repatriation Department, Gamio was directly involved.

Gamio suggested the place where the settlement should be located (the Lower Valley of Rio Grande, Tamaulipas) and traveled across the United States as part of the committee in charge of promoting repatriation. The project was ordered mostly due to national and international political factors rather than the situation of Mexican migrants in the United States or Gamio’s ideal of building upon the returnees’ capabilities to develop regions. The project caught the attention of the government only months after 1939, when Cardenas’s reforms were in decline and, most importantly, it never was a priority for the government’s agrarian or colonization policies ( Alanís, 2007, pp. 289- 293 ).

CONCLUSIONS

Manuel Gamio’s study on Mexican migration to the United States, as well as the best part of his work, focused on emigration, as requested by the director of The Laura Spelman Rockefeller Memorial and expected by the director of the Social Research Council. Nevertheless, as he delved deeper into the matter, the anthropologist saw the necessity of incorporating reflections around migrant return in his studies. He was perhaps the first scholar to study the phenomenon, and he began to create a profile of return migrants. His methodological basis for the profile were papers written in the United States.

The author stated the importance of visiting the communities of origin for a complete analysis of the phenomenon (he claimed that this was inviable due to Mexico’s internal conflicts). He also analyzed the influences migrants had been exposed to in the United States and made proposals on how to take advantage of their return. Finally, he established hypotheses about their alleged impact on Mexico’s major social and economic processes at the beginning of the twentieth century. His overall contribution was a commendable effort to introduce the first ideas on migrant return into the academic world, hence its transcendence.

Gamio showed that there was indeed an influence of American culture on returnees, which could be observed in the clothing worn by some of them and in the items they brought back to Mexico, which hinted at their assimilation of comfort standards while in the United States. He also proposed that the Mexican labor movement had been strongly influenced by the American labor movement, which can be confirmed by evidence. His attention was focused on a largely idealized profile of the returnees: they were men endowed with ‘special capabilities’ and ‘good physique,’ ‘literate,’ ‘well- fed,’ and they developed purchasing power. Therefore, it is possible that his observations were overly centered on middle-class returnees.

He failed to account for return migrants who carried very few items and resources and might have faced adverse conditions during their life in the United States (i.e., deportation); upper-class returnees were also overlooked.

Gamio’s assessment of the impact of return migration in Mexico was somewhat contradictory: on the one hand, he believed that it had been fundamental in certain social and economic processes in Mexico, and on the other hand, he stressed that the ‘great qualities’ acquired by returnees had been lost upon their return to their communities of origin, hence his insistence on the importance of the repatriation plan.

In general, Gamio exalted the qualities and virtues of return migrants based on the idea that their contact with the American material, social, economic, and cultural environment had made a deep impression on these people. Many of his contemporaries shared this idealization of the education and training acquired by emigrants in the United States and the advantages of their contribution to the country—it was a frequent topic in the national press.

Gamio seldom speaks of return migration as an unfavorable phenomenon. There are only a few lines where he points out that ‘many did not return to their lands’ but went to the capital of the country or other large cities; as a consequence, men who ‘could have been excellent farmers’ became ‘mediocre’ urban workers who competed with national workers and joined the ranks of the unemployed. He also thought that ‘harmful elements’ among the returnees resorted to crime in the cities or became bandits, and often, rebels.

Another group consisted of people who ‘had failed’ when they returned to Mexico and returned to the United States to never come back to their communities of origin; they condemned and criticized repatriation initiatives and presented their experience as a negative test, which demotivated other migrants to participate ( Gamio, 1930a, p. 238 ). In this regard, Gamio gave more thought to the alleged ‘benefits’ of return migration, including its future benefits, than to its possible negative effects on the Mexican society of that time.

Notas

2 In accordance with the composition of migration in his time, Gamio’s studies usually focus on men and rarely on women, children, or families.

3 Rockefeller Archive Center (RAC), Collection The Laura Spelman Rockefeller Memorial (LSRM), series 3, subseries 6, Box 56, folder 603. New York. December 4, 1925. RAC, LSRM, series 3, subseries, 6, Box 56, folder 603. Lawrence K. Frank, memorandum of interview with Dr. Manuel Gamio, New York, December 3, 1925.

4 Archivo Plutarco Elías Calles (APEC), drawer 33, exp. 38, leg. 1/6, inventory 2210. Documents by Manuel Gamio. Study of Mexican immigration in the United States and its background.

5 APEC, drawer 33, exp. 38, leg. 1/6, inventory 2210. Documents by Manuel Gamio. Study of Mexican immigration in the United States and its background. Definite Program, n.d., n.l.

6 APEC, drawer 33, exp. 38, leg. 1/6, inventory 2210. Documents by Manuel Gamio.

EL COLEGIO DE LA FRONTERA NORTE
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