Baeza Virgilio: Incorporación de inmigrantes sudamericanos en Santiago de Chile: redes migratorias y movilidad ocupacional



INTRODUCCIÓN

La inmigración internacional hacia Chile es un fenómeno de creciente importancia, tanto desde el punto de vista económico como desde el social y cultural. Durante el siglo XIX y principios del XX, Chile recibió flujos migratorios provenientes fundamentalmente de Europa y Medio Oriente. Los primeros, principalmente provenientes de Europa, fueron incentivados por el Estado para extender su soberanía en los territorios meridionales y fomentar el desarrollo económico ( Tijoux y Sir Retamales, 2015 ; Cano, Soffia y Martínez, 2009 ). Los segundos, con origen en Medio Oriente, constituyeron corrientes no impulsadas por el Estado y fueron el foco de fuertes prejuicios por parte de la ciudadanía ( Rebolledo, 1994 ).

Estos flujos se reflejaron en el Censo de 1907, donde Chile registró la mayor proporción de población extranjera hasta el siglo XXI (4.1% de la población). Desde 1930 hasta 1990, el stock se mantuvo cercano a los 100 mil inmigrantes internacionales. La dictadura militar y la crisis económica de los ochenta generó flujos de emigración muy por encima de los de inmigración (en 1982 se registró la más baja proporción de extranjeros, 0.7%), hasta el punto de que hoy en día cerca de 900 mil chilenos residen en el extranjero ( Dicoex, 2015 ).

A partir de 1990 el país comienza a recibir de forma creciente inmigrantes internacionales. Entre 1992 y 2017 pasaron de poco más de 100 mil a 750 mil –esto es, el stock se multiplicó por 7.1–, alcanzando el 4.4% de la población residente ( INE, 2018a ). Esta acelerada expansión permite señalar que Chile ha pasado de ser un país muy poco relevante para la inmigración a ser un polo de atracción de inmigrantes internacionales.

El presente artículo indaga en las características de la incorporación de los inmigrantes sudamericanos en el mercado de trabajo en su capital, Santiago, poniendo énfasis en el uso del capital social (en forma de redes) al momento de llegar a la ciudad y buscar trabajo, así como en las trayectorias de movilidad ocupacional que experimentan. Se busca encontrar convergencias y divergencias entre los grupos nacionales en relación a sus procesos de incorporación en la ciudad, además de identificar sus patrones de movilidad ocupacional en sus transiciones laborales.

El artículo se estructura en cinco apartados. En el primero caracterizo brevemente esta nueva inmigración, destacando su origen regional, concentración geográfica en el país, distribución por sexos, edad y nivel educativo. En el segundo apartado explico los fundamentos teóricos (capital social y movilidad ocupacional) de la investigación. En el tercer apartado describo las fuentes de datos utilizadas y los métodos de análisis. En el cuarto presento los resultados del uso de capital social y movilidad ocupacional absoluta y relativa en el proceso de incorporación de los inmigrantes sudamericanos en Santiago. Finalizo el artículo con las principales conclusiones de la investigación.

CARACTERÍSTICAS DE LA NUEVA INMIGRACIÓN INTERNACIONAL

La gran mayoría de la inmigración internacional en Chile es de origen sudamericano. Como se muestra en la Tabla 1, tres cuartas partes del total de la inmigración residente en Chile proviene de países de la región: más del 70% proviene de seis países sudamericanos –Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador– ( INE, 2018a ). Como resultado de esta tendencia se modificó radicalmente la composición nacional del stock de inmigrantes residentes en Chile: en 1982, inmigrantes europeos y sudamericanos tenían pesos similares en relación al total de inmigrantes residentes; en 2017, la inmigración sudamericana predomina claramente sobre las demás regiones de origen.

Tabla 1.

Origen regional inmigrantes internacionales residentes en Chile según su peso relativo con respecto al total de inmigrantes, 1982-2017

Origen 1982 1992 2002 2017
América del Sur 43.8 55 67.1 75.9
Europa 41.7 27.5 17.6 6.5
América del Norte 6.5 7.2 6.4 2.1
América Central 1.8 2.4 3.1 12.2
Asia 4.9 6.3 4.3 2.8
África 0.6 0.7 0.7 0.2
Oceanía 0.6 0.8 0.8 0.3
Total (%) 100% 100% 100% 100%
Total (N) 83,805 105,070 195,320 746,465

FUENTE: Elaboración propia a partir de censos nacionales de población 1982, 1992, 2002 y 2017, Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Una segunda característica es que los flujos migratorios internacionales se concentran en la Región Metropolitana de Santiago (RMS). Esta concentración se ha acentuado en los últimos 10 años: en 2005, un 59% de los migrantes residía en la RMS; en 2017 esta cifra aumentó hasta 65.3% ( INE, 2018a ). Si bien en 2017 la RMS concentraba la mayoría de la población inmigrante, la proporción de ésta sobre la población total llegó al 7%, porcentaje por debajo de las regiones del norte del país como Tarapacá (8.2%), Arica y Parinacota (13.7%) y Antofagasta (11%). La gran concentración de inmigrantes en la capital del país nos remite a un caso emergente de migraciones Sur-Sur intrarregionales, que se caracterizan por dirigirse preferentemente a las ciudades (city-directed migration) con dos grupos bien marcados: profesionales y trabajadores poco cualificados ( Durand y Massey, 2010 ).

Un tercer elemento relevante a destacar de la inmigración actual en Chile es su feminización. Como se muestra en el Gráfico 1 , del total de población inmigrante residente en Chile en 2017, un 51% son mujeres, destacando los stocks de inmigrantes de Brasil (57%), Bolivia (56%), Colombia (54%), Perú (53%) y Ecuador (52%). La inmigración proveniente de Argentina tiene una distribución por sexos que se asemeja más a la de España, Estados Unidos o China.

Gráfica 1.

Proporción de mujeres en población inmigrante por origen nacional residente en Chile, 2017

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FUENTE: INE (2018a).

Respecto de la distribución por edad, la población inmigrante residente en Chile se concentra en los tramos etarios más productivos para el mercado de trabajo: 71% del total de inmigrantes se encuentra entre los 20 y 49 años de edad ( INE, 2018a ), sobrepasando ampliamente a la población total en el mismo tramo, cuya concentración es de 44.5%, según las proyecciones del INE para 2017 ( INE, 2018b ). Al respecto, Naciones Unidas señala que la población en edad de trabajar (20 a 64 años) es significativamente mayor entre los inmigrantes en comparación con la población total, y que los flujos migratorios sur-sur son más significativos entre el grupo etario de 20 a 34 años ( UN, 2013 ).

Una quinta característica de la nueva inmigración en Chile es su elevado nivel educativo. En términos generales los inmigrantes con 18 o más años poseen niveles educativos más altos que la población chilena del mismo rango etario: 82% de la población de origen inmigrante posee un nivel educativo medio o superior, frente a 62% de la población chilena en la misma categoría (Ministerio de Desarrollo Social, 2018); los inmigrantes tienen 2 años más de escolaridad promedio que la población chilena, que posee 11.1 años de escolaridad promedio; y entre aquellos que provienen de Sudamérica destacan los inmigrantes de Venezuela (15.5 años), Argentina (13.3 años), Ecuador (13.2 años) y Colombia (12.5 años) ( Ministerio de Desarrollo Social, 2018 ).

MARCO TEÓRICO

El creciente flujo de inmigración internacional hacia Santiago de Chile se enmarca dentro dinámicas económicas, políticas y sociales que han reestructurado la economía capitalista ( Glick Schiller, 2009 ; Glick Schiller, Çağlar y Guldbrandsen, 2006 ). La globalización ha generado tanto procesos de dispersión como de concentración en las ciudades ( Mattos, Fuentes y Link, 2014 ; Brenner, 2013 ; Sassen, 2002 ): externalización de funciones económicas en busca de mejores condiciones (salariales, territoriales, tributarias, legislativas); concentración de funciones de control y gestión en los niveles más altos, en las llamadas ciudades globales ( Sassen, 2005 y 1991 ). La ciudad contemporánea está atravesada por esta dialéctica de implosión y explosión, concentración y extensión ( Brenner, 2013 ).

En Santiago, desde la década de 1970, se han experimentado cambios importantes en la estructura del empleo: pérdida de peso de las ocupaciones que exigen menores cualificaciones, como son las ocupaciones relacionadas con el trabajo agrícola, pecuario y pesquero, además de trabajadores no cualificados; disminución del empleo industrial y manufacturero; y aumento del empleo del sector terciario, tanto de baja cualificación y poca especialización, como de alta cualificación ( INE, 2014 , 2002 , 1992 , 1982 y 1970 ).

Además, Santiago ha ido acentuando en las últimas décadas su papel de principal eslabón entre lo nacional y lo global, debido a la localización en su territorio de funciones económicas clave: funciones directivas y de gestión (bancos, sedes corporativas, asociaciones de comercio, industria y minería, aparatos del Estado, entre otros) y funciones de servicios (financieros, profesionales, infraestructura y comunicaciones). Como resultado de esta orientación, la ciudad se ha convertido cada vez más en una economía de servicios, concentrando tres cuartas partes de su fuerza de trabajo en actividades del sector terciario: la tasa de crecimiento promedio de ese sector económico en el período 1990-2013 creció a niveles superiores que los sectores primario y secundario en Chile, experimentando la misma tendencia que países de la región como Argentina, Colombia y México ( Aravena, Escobar y Hofman, 2015 ). La demanda de trabajo en el sector servicios es uno de los factores de atracción que han convertido a Santiago en un destino relevante de los inmigrantes de la región.

Es este el espacio económico y social al que los inmigrantes se incorporan. Utilizo el concepto de incorporación en el sentido dado por Glick Schiller y Çağlar, como un proceso de construcción y mantenimiento de relaciones sociales, económicas y políticas de forma regular, por las que los sujetos o los grupos se involucran en múltiples campos sociales compuestos por redes de redes asimétricas y desiguales (2011). Este planteamiento asume dos posiciones teóricas en su base. La primera, que la incorporación no es un proceso único, lineal y determinado a priori, como lo concibe la corriente asimilacionista canónica ( Kivisto, 2004 ; Alba y Nee, 1997 ; Rumbaut, 1997 ; Kazal, 1995 ; Gordon, 1964 ) sino que los caminos de incorporación pueden ser múltiples. Y que estos caminos de incorporación se construyen de manera diversa y heterogénea debido a las propias características y condiciones del espacio social en el que se desarrollan, y a las posiciones y recursos que los propios inmigrantes o grupos de inmigrantes despliegan en él. El capital social que poseen los inmigrantes aparece como un factor crítico en los procesos de incorporación.

Capital social

El concepto de capital social desarrollado por Bourdieu (1985 , 1980 y 1979)  permite entender las diferentes trayectorias de incorporación de los inmigrantes en las sociedades de destino. Cuando las condiciones en el destino son hostiles (discriminación étnica, trabas legales, segregación laboral, entre otras), el capital social de los inmigrantes produce posibilidades dentro de la estructura limitada, aunque dinámica, de desarrollo individual y colectivo.

Bourdieu define el capital social como el agregado de los actuales o potenciales recursos ligados a la pertenencia a una red de relaciones sociales (durable e institucionalizada), que provee a cada uno de sus miembros del capital que posee el grupo en su conjunto (1985 y 1980). El volumen del capital social de un sujeto depende del tamaño de las redes que puede movilizar y del volumen de capital económico y cultural que posee en relación a la red a la que se conecta. Los sujetos invierten –consciente e inconscientemente– en la generación y mantenimiento de las redes de relaciones que les permiten acceder a determinados recursos. Esta inversión se plasma en ejercicios de intercambio. Por un lado, los beneficios acumulados del grupo son la base de la solidaridad que a la vez hace posibles los beneficios que acumulan e intercambian sus miembros. Por el otro, el intercambio sucede con y dentro de ciertos códigos y fronteras, que excluyen del mismo la posibilidad de interacción bajo otros parámetros o fuera de sus fronteras.

En el campo de las migraciones, y apoyándose en el trabajo de Bourdieu (1985 , 1980 y 1979 ), Alejandro Portes ( Portes 2000 , 1998 ; Portes y Sensenbrenner, 1993 ) define el capital social como la capacidad de los individuos de gestionar recursos escasos en virtud de su posición en redes o estructuras sociales más amplias. El capital social no es una propiedad inherente a un individuo, sino que existe y se ancla en la red de relaciones y contactos de ese individuo. El capital social puede proveer de acceso a recursos o restringir las libertades individuales controlando el comportamiento (a través de las normas sociales). El capital social es mantenido por diversas actividades, como visitas, comunicación periódica, participación en eventos, membresía en asociaciones, etcétera ( Vertovec, 2003 ), en el sentido señalado por Bourdieu (1980) de la inversión en tiempo y recursos para su reproducción.

Portes (2000 y 1998 ) plantea una triple definición del capital social: a) capital social como fuente de control social, b) capital social como fuente de beneficios mediados por la familia, y c) capital social como fuente de recursos mediados por redes no familiares, definición cercana a la conceptualización antes descrita de Bourdieu (1985 y 1980) . En los trabajos de Portes hay una búsqueda de su aplicabilidad en el terreno de las ciencias sociales ( Cachón, 2012 ), describiendo además consecuencias no intencionales y negativas del capital social. Estas consecuencias son clasificadas por Portes ( Portes, 2000 , 1998 y 1995 ; Portes y Sensenbrenner, 1993 ) dentro de cuatro tipos: a) acceso restrictivo a las oportunidades, en el sentido de que los lazos que aseguran beneficios para los miembros del grupo, excluyen a los que están afuera de poder alcanzarlos; b) restricción de la libertad individual, apuntando a que la participación o pertenencia a los grupos necesariamente produce una pérdida de autonomía individual; c) excesiva presión sobre los miembros del grupo, en el sentido de que la clausura (closure) del grupo, que permite determinados beneficios, puede, bajo ciertas circunstancias, limitar el desarrollo de sus miembros; y d) nivelación hacia abajo de las normas del grupo, en el sentido de que en determinados grupos hay una presión que mantiene a los sujetos dentro del grupo y evita fugas hacia afuera de sus límites.

En el campo de los estudios migratorios se han entendido las redes migratorias como una forma de capital social y se definen como “...una serie de lazos interpersonales que conectan inmigrantes, antiguos inmigrantes y no migrantes con parientes, amigos y comunidad de origen, tanto en los lugares de origen como de destino” 2 ( Massey, Arango, Hugo, Kouaouci, Pellegrino y Taylor, 2006, p. 42 ). Las redes migratorias transmiten información, proporcionan ayuda económica y prestan apoyo a los migrantes de distintas formas. Aumentan la probabilidad de movimiento en la medida en que reducen los costos y riesgos del mismo, y aumentan las expectativas de retorno de los individuos. Las redes migratorias son una forma de capital social, ya que gracias a ellas los individuos pueden acceder a recursos que son fundamentales para el proceso migratorio: trabajo, remesas, altos salarios, etcétera. Amortiguan el peso económico y emocional de migrar, y constituyen espacios de certidumbre para los migrantes al brindarles información y seguridad ( Gurak y Caces, 1992 ). Son, por esto, el principal mecanismo por el cual las migraciones se multiplican y se mantienen en el tiempo ( Imilan, Garcés y Margarit, 2014 ).

La investigación en el campo muestra que, incluso cuando las aparentes causas migratorias desaparecen (diferencial salarial, reclutamiento formal, etcétera), los flujos migratorios se consolidan y reproducen a través de las redes migratorias que se construyen. Éstas se reproducen y extienden en la medida en que los inmigrantes, al sostenerse en ellas, adquieren la posibilidad y la obligación de fortalecer la red brindando más información a los potenciales migrantes ( Tilly, 2007 y 1990 ). Este proceso de complejización y extensión de las redes sociales explica su función de microestructura de las migraciones ( Portes y Rumbaut, 2010 ).

Movilidad ocupacional

La movilidad ocupacional de los inmigrantes ha sido foco de atención desde los trabajos pioneros de Barry Chiswick sobre su inserción en el mercado de trabajo en Estados Unidos. Chiswick (1979 , 1978 y 1977) señaló que los inmigrantes se insertaban inicialmente en el mercado de trabajo en ocupaciones y con salarios por debajo del nivel de los americanos con las mismas características. Pasado un tiempo, y por efecto de su “americanización”, estas diferencias se matizaban e incluso anulaban, experimentando trayectorias de movilidad ocupacional ascendentes. Este patrón de movilidad en forma de “U”, con una caída inicial y una recuperación posterior, fue propuesto por Chiswick para explicar los procesos de ajuste de los inmigrantes en los mercados de trabajo (1979, 1978 y 1977). Chiswick identificó dos factores determinantes de este “progreso económico de los inmigrantes”: transferibilidad y autoselección. El primero tiene que ver con que el capital humano, la experiencia laboral y las habilidades adquiridos por los inmigrantes en origen, no son perfectamente transferibles en el mercado de trabajo de destino, y depende de su manejo del idioma del país de destino, posesión de licencias profesionales, certificaciones o credenciales que avalan dicho capital ( Redstone, 2008 ; Chiswick, Yew y Miller, 2005 ; Duleep y Regets, 1997 ; Chiswick, 1997 y 1978 ). El segundo factor señala que los inmigrantes económicos están más capacitados y motivados que aquellos sujetos que no migran ( Chiswick, 2008 , 1979 y 1978 ), lo que implica que, con las mismas características sociodemográficas, los inmigrantes “tienen más habilidad o motivación innata relevante para el mercado de trabajo que las personas nativas” ( Chiswick, 1978, p. 901 ).

Los trabajos de Chiswick (2008 , 1997 , 1979 , 1978 y 1977) , y de otros economistas que siguieron sus planteamientos, se sustentan en el enfoque teórico de la jerarquía social ( Erikson y Goldthorpe, 1992 ); esto es, analizan la movilidad como el movimiento de los individuos entre grupos sociales que se ordenan en una jerarquía según posean o no determinados recursos, como prestigio, riqueza, estatus ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ). Al considerar el logro ocupacional o salarial desde una perspectiva “atributiva”, es decir, como resultado de tener o no tener renta y riqueza, los economistas trabajan con correlaciones de ingresos tratados como variables continuas, dejando fuera de la ecuación variables de la estructura social, como las relaciones de producción en el mercado de trabajo ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ). Como resultado, tienden a sobrevalorar la movilidad y a invisibilizar la inmovilidad económica, en la medida en que desincrustan las trayectorias de movilidad de los individuos de la red de relaciones económicas y sociales por las que adquieren posiciones más o menos ventajosas en la estructura social ( Goldthorpe, 2013 ).

La perspectiva de Erikson y Goldthorpe (1992) sitúa la movilidad social dentro de la estructura de clases y propone un análisis relacional dentro de estas posiciones diferenciadas. Esta estructura de clase se configura con base en las relaciones que establecen los sujetos con las unidades productivas y el mercado de trabajo, proponiendo una primera división entre tres “posiciones de clase básicas”: empleadores, trabajadores autónomos sin empleados, y empleados ( Erikson y Goldthorpe, 1992 ). El planteamiento central de esta perspectiva es que, contrariamente a la idea de jerarquía social, existen grupos limitados de posiciones, cuya característica central es su cierre o “clausura” sobre sí mismos. A partir de este enfoque teórico, Erikson y Goldthorpe (1992) señalan que la movilidad absoluta –las tasas de movimientos intergeneracionales entre clases– es resultado de efectos estructurales exógenos, esto es, de la propia evolución de la estructura de clases en el tiempo. Y que la movilidad relativa, esto es, las tasas de movilidad de clase independientes de las influencias estructurales, muestra patrones estables de invarianza ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ). Este último análisis relacional, denominado de “fluidez social”, es realizado a través del uso de razones de probabilidad (odds ratios) para medir las posibilidades diferenciadas de los sujetos de lograr determinadas posiciones sociales dependiendo de su posición de inicio ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ).

Siguiendo la estrategia que Aysa-Lastra y Cachón desarrollan en su análisis de la movilidad ocupacional de los inmigrantes en España (2013a y 2013b), en este artículo complemento los planteamientos de la movilidad ocupacional de Chiswick (2008 , 1997 , 1979 , 1978 y 1977 ) y del análisis sociológico de la movilidad social de Erikson y Goldthorpe (2002 y 1992) , con la teoría de la segmentación de los mercados de trabajo ( Doeringer y Piore, 1985 ; Piore, 1979 ). La idea central de esta teoría es que el mercado de trabajo se compone de dos segmentos: uno primario, con salarios elevados, buenas condiciones de trabajo, prestigio asociado y estabilidad; y uno secundario, caracterizado por bajos salarios, precariedad, inestabilidad y peores condiciones de trabajo. En coherencia con el planteamiento de la movilidad social dentro de la estructura de clase, la teoría de la segmentación de los mercados de trabajo señala que ambos segmentos poseen la característica de apertura hacia adentro y cierre hacia afuera de cada segmento. Así, consideramos el análisis de la movilidad ocupacional absoluta y relativa dentro de cada segmento de trabajo, considerados como clúster de ocupaciones ( Aysa-Lastra y Cachón, 2013a y 2013b ), utilizando la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO-88).

Dos hipótesis de investigación guían este trabajo:

  1. Aquellos grupos nacionales con más arraigo en la ciudad, y que poseen comunidades con mayor presencia en el tejido económico y social, presentan un uso más extendido de su capital social (en forma de redes migratorias). En aquellos grupos de más reciente llegada, se presentan redes más cerradas, fundamentalmente compuestas por “lazos fuertes” (Granovetter, 1983 y 1973).

  2. Siguiendo el planteamiento de Chiswick (Chiswick et al., 2005; Chiswick, 1979, 1978 y 1977), encontramos trayectorias de movilidad ocupacional descendente en la primera transición laboral (último trabajo en origen/primer trabajo en destino) y de movilidad ascendente en la segunda transición laboral (primer trabajo en destino/último trabajo en destino). Es decir, una pauta de movilidad ocupacional en forma de “U”. Sin embargo, en línea con el análisis sociológico de la movilidad social de Erikson y Goldthorpe (2002 y 1992) y con la teoría de los mercados de trabajo duales (Doeringer y Piore, 1985; Piore, 1979), ambos movimientos ocupacionales se producen dentro de cada segmento de trabajo, esto es, una pauta de movilidad ocupacional segmentada en forma de “U”. Lo que supone que la estructura social tiende hacia la reproducción y que la “fluidez social” se da al interior de los segmentos de trabajo, y escasamente entre ellos.

Metodología y fuentes de datos

En esta investigación utilicé datos de tres fuentes: datos del Departamento de Extranjería y Migración (DEM) del Ministerio del Interior de Chile sobre la población inmigrante, estimados a partir del último Censo de población válido (2002) y de los registros administrativos migratorios en el período 2005-2014 (visas, permisos, nacionalizaciones, solicitudes de refugio y expulsiones) ( Ministerio del Interior, 2016 ); datos procesados de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen), en su versión 2015 ( Ministerio de Desarrollo Social, 2016 ), cuya unidad de análisis es el hogar y las personas que residen en él; y datos generados con una encuesta de desarrollo propio en el marco de mi tesis doctoral, denominada “Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015”, realizada entre los meses de abril y junio de 2015.

El universo muestral consistió en inmigrantes de ambos sexos, entre 18 y 65 años de edad y un tiempo de residencia mínimo de seis meses, de los cinco países de habla hispana con mayor peso cuantitativo en la ciudad de Santiago (Perú, Argentina, Bolivia, Ecuador y Colombia), los que juntos representan 65% de la inmigración de la RMS. Se aplicó un método de muestreo por cuotas no probabilístico. La muestra se fijó en 700 casos, 140 para cada grupo nacional, divididos entre hombres (70) y mujeres (70).

Para evitar una sobrerrepresentación de individuos ( Corbetta, 2007 ) con determinados perfiles más fáciles de localizar por sus ocupaciones (trabajadores del comercio y servicios), durante el trabajo de campo se combinó la captación activa en la vía pública con la técnica de bola de nieve y se limitó los contactos obtenidos por ésta última con dos medidas: 1) restringir el número de contactos captados a partir del contacto inicial a un máximo de dos, sin que surgieran más contactos a partir de éstos últimos; y 2) los contactos obtenidos no debían ser familiares del contacto inicial. La muestra final, ligeramente diferente a la proyectada debido a dificultades de localización y errores de no respuesta ( Corbetta, 2007 ), se muestra en la Tabla 2.

Tabla 2.

Muestra Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015

Nacionalidades Hombres Mujeres Total
Perú 70 69 139 (8.3%)
Argentina 95 64 159 (7.8%)
Bolivia 60 82 142 (8.2%)
Ecuador 61 47 108 (9.4%)
Colombia 73 79 152 (7.9%)
Total 359 (5.2%) 341 (5.3%) 700 (3.7%)

FUENTE: Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015.

[i] Nota: Entre paréntesis errores muestrales, a un nivel de confianza del 95%.

En el apartado de resultados, cuando el análisis considera a los inmigrantes de las cinco nacionalidades contempladas en la encuesta como agregado, la muestra es ponderada según pesos relativos y distribución por sexos de cada una de los grupos, con el objetivo de acercarse a las características de la población en Santiago. En estos casos hablo de inmigrantes sudamericanos. Cuando las observaciones se enfocan en los grupos nacionales, la muestra no está ponderada para contar con suficientes casos para el desarrollo de un análisis comparativo.

Para el análisis de movilidad ocupacional absoluta y relativa utilizo la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO-88), en su versión de un dígito (sin considerar la categoría 0, Fuerzas Armadas):

  1. Miembros del poder ejecutivo y de los cuerpos legislativos y personal directivo de la administración pública y de empresas

  2. Profesionales, científicos e intelectuales

  3. Técnicos y profesionales de nivel medio

  4. Empleados de oficina

  5. Trabajadores de los servicios y vendedores de comercios y mercados

  6. Agricultores y trabajadores calificados agropecuarios y pesqueros

  7. Oficiales, operarios y artesanos de artes mecánicas, y otros oficios

  8. Operadores de instalaciones y máquinas y montadores

  9. Trabajadores no calificados

Esta clasificación de ocupaciones, en línea con los planteamientos de la teoría de la segmentación de mercados de trabajo, se agrupa en dos segmentos: primario, ocupaciones 1 a 4; y secundario, ocupaciones 5 a 9. Los procesos de movilidad ocupacional absoluta de los inmigrantes sudamericanos en su primera transición (última ocupación en origen y primera en Santiago) y segunda transición (primera ocupación en Santiago y al momento de la encuesta) se analizan a través de distribuciones conjuntas ponderadas, mostradas en tablas de entrada (origen) y salida (destino) para las dos transiciones. El análisis de la movilidad ocupacional relativa o de “fluidez social” se realiza a través de razones de probabilidad (odds ratio3 ) agregadas por segmentos del mercado de trabajo primario (ocupaciones 1-4) y secundario (ocupaciones 6-9), considerando como categoría ocupacional de referencia la categoría 5, ya que se considera como una “zona de amortiguación” o de límite entre ambos segmentos ( Parkin, 1978 ).

Para ambos tipos de análisis utilizo una submuestra de encuestados compuesta por inmigrantes que tuvieron empleo en origen, obtuvieron un primer empleo en Santiago y, al momento de la encuesta, estaban empleados en la ciudad. Estas tres condiciones se aplicaron de forma sumativa. En los análisis de movilidad laboral no se controló la variable tiempo ya que 55% de esta submuestra residía en Santiago por un tiempo igual o menor a tres años; un 70% por un tiempo igual o menor a cinco años. Es decir, se trata de migrantes de reciente llegada a la ciudad.

RESULTADOS

En términos de inserción en el mercado de trabajo, la tasa de participación económica de los inmigrantes sudamericanos de 15 y más años de edad es considerablemente más alta que la presentada por la población chilena para el mismo segmento etario: 80.8% frente a 62.4%, respectivamente ( Ministerio de Desarrollo Social, 2016 ). A su vez, los inmigrantes sudamericanos presentan tasas de ocupación (76.6%) y desocupación (5%) mejores que la población nacida en Chile (58.1% y 7%, respectivamente), lo que refuerza la idea de que se han insertado en el mercado de trabajo en Santiago de forma muy activa ( Ministerio de Desarrollo Social, 2016 ), confirmando lo señalado por Chiswick en relación a la autoselección de los inmigrantes (2008, 1979 y 1978).

Redes migratorias

La principal fuente de apoyo que declararon tener los inmigrantes sudamericanos en sus primeros seis meses en la ciudad fueron sus familiares y amigos inmigrantes (Tabla 3). Se pueden identificar elementos diferenciados según grupos nacionales: los inmigrantes ecuatorianos se apoyan en redes cerradas, preponderantemente compuestas por familiares o de “lazos fuertes” ( Granovetter, 1983 y 1973 ); los inmigrantes peruanos, bolivianos y colombianos, en redes más extendidas, donde además de familiares, cobran importancia amigos inmigrantes, conocidos y contactos; la inmigración de origen argentino se apoya en la red más abierta, en la que destacan –además de las personas mencionadas para los otros grupos– amigos chilenos y empresarios, es decir, con mayor presencia de “lazos débiles” ( Granovetter, 1983 y 1973 ). Un elemento a destacar es la poca importancia para los inmigrantes de las instituciones de la administración pública (municipalidades y gobierno), a un nivel inferior que el mostrado por iglesias y Organizaciones de la sociedad civil (OSC), expresando la escasa relevancia de la política migratoria en el país ( Stang, 2016 ; Thayer, 2015 ; Stefoni, 2011 ).

Tabla 3.

Fuentes de apoyo del inmigrante en sus primeros seis meses de residencia en Santiago según nacionalidad

Fuente de apoyo Nacionalidad (%)
Perú Bolivia Argentina Colombia Ecuador
Familiares 36.3 30.8 30.5 31.9 41.4
Amigos inmigrantes 35.1 29.6 19.5 31.4 21.9
Amigos chilenos 7.6 8.9 25.3 8.1 7.8
Vecinos 1.2 4.7 0.5 1.1 0
Contactos/conocidos 7.6 7.7 10 9.2 11.7
Municipalidad/gobierno 0.6 0 0 1.1 0.8
Iglesias/OSC 1.8 1.8 1.6 2.7 3.9
No tuvo 9.4 15.4 11.6 13 11.7
Otra 0.6 1.2 1.1 1.6 0.8
Total 100% 100% 100% 100% 100%

Fuente: Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015.

[i] Nota: Datos relativos a número de menciones (N=843) de los sujetos encuestados (N=696).

Con respecto a las redes que funcionan como proveedores de oportunidades de trabajo, en la Tabla 4 se aprecia que la incidencia relativa de determinados actores se acentúa en detrimento de otros: disminuye la importancia de la familia en la obtención de un trabajo en favor de los amigos inmigrantes y de los contactos/conocidos; respecto de este último actor, la importancia relativa en relación a introducirse en el mercado de trabajo aumenta de manera muy significativa. Este hecho nos indica que los contactos y conocidos en el momento de brindar una conexión, son más eficientes que familiares y amigos chilenos para la ayuda a obtener un trabajo, en la línea del planteamiento de la fortaleza de los “lazos débiles” por sobre los “lazos fuertes” ( Granovetter, 1983 y 1973 ).

Tabla 4.

Fuentes de apoyo del inmigrante para encontrar su primer trabajo en Santiago según nacionalidad

Fuente de apoyo Nacionalidad (%)
Perú Bolivia Argentina Colombia Ecuador
Familiares 21.9 16 9.8 16.3 25.4
Amigos inmigrantes 36.8 24 13.5 36 20.2
Amigos chilenos 6.5 8.7 14.7 7.6 7.9
Vecinos 1.9 2 0.6 1.2 1.8
Contactos/conocidos 14.2 13.3 17.2 8.1 14.9
Municipalidad/gobierno 0.6 0 1.2 0.6 0
Iglesias/OSC 4.5 2.7 1.8 2.9 5.3
No tuvo 10.3 30.7 36.8 25.6 22.8
Otra 3.2 2.7 4.3 1.7 1.8
Total 100% 100% 100% 100% 100%

Fuente: Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015.

[i] Nota: Se muestran datos relativos a número de menciones (N=754) de los sujetos encuestados (N=696).

Un quinto de los inmigrantes sudamericanos declaró no haber tenido apoyo al momento de encontrar un trabajo en Santiago, cifra que aumenta considerablemente para el caso específico de argentinos (36.8%) y bolivianos (30.7%). Ambos casos pueden considerarse como extremos de un continuo en el que, por razones diferentes, deben gestionar su incorporación en el mercado de trabajo de una forma más autónoma que el resto de los grupos: en el caso de la inmigración argentina, gracias a que posee los mayores niveles educacionales y es la de mayor antigüedad en la ciudad, puede insertarse en el mercado de trabajo transfiriendo sus propias credenciales ( Chiswick, 1997 ); en el caso de la inmigración boliviana, con los menores índices educacionales y de mucho más reciente arribo, esta inserción debe producirse a través de otras estrategias, entre las cuales está el acercarse a otros grupos de inmigrantes. En el otro extremo, la inmigración de origen peruano presenta la menor proporción de personas que declara no haber tenido apoyo para obtener un trabajo, cuestión que se explica por su importancia cuantitativa en la ciudad y su consecuente expansión de redes de contactos, negocios de la comunidad, entre otros.

Movilidad ocupacional absoluta

Los procesos de movilidad ocupacional absoluta que experimentan los inmigrantes sudamericanos en su primera y segunda transición laboral se muestran, respectivamente, en las Tablas 5 y 6. Los resultados muestran que el patrón es la inmovilidad y allí donde se producen trayectorias ascendentes y descendentes, estas se producen mayoritariamente dentro de los segmentos, lo que expresa el cierre de los grupos entre ellos y una relativa movilidad dentro de ellos. En la primera transición ocupacional (Tabla 5) más de la mitad de los inmigrantes mantuvo la categoría ocupacional que tenía en su último trabajo en su lugar de origen (56.6%), un tercio experimentó movilidad descendente (33.2%), y solo un 10.2% experimentó movilidad ascendente. Respecto a la movilidad entre segmentos de mercado de trabajo, entre los que ascendieron (10.2%), un 8.3% lo hizo dentro del segmento secundario, un 0.9% dentro del primario, y solo un 0.9% ascendió desde el segmento secundario al primario. Entre los que descendieron (33.2%), un 19.2% lo hizo dentro del segmento secundario, un 2.3% dentro del primario y un 11.7% descendió desde el primario al secundario.

Tabla 5.

Movilidad ocupacional absoluta (distribuciones porcentuales) de inmigrantes sudamericanos entre última ocupación en origen y primera ocupación en Santiago

Primera ocupación en Santiago
Última ocupación en origen   1 2 3 4 5 6 7 8 9 % N
1 2.5 0.0 0.2 02 1.1 0.0 0.0 0.0 0.2 4.2 22
2 0.2 5.1 0.2 1.1 0.4 0.0 0.0 0.2 0.9 8.1 43
3 0.2 0.2 1.1 0.6 0.6 0.0 0.0 0.0 2.5 5.1 27
4 0.2 0.0 0.2 3.4 3.6 0.0 0.0 0.0 2.3 9.6 51
5 0.0 0.0 0.0 0.8 19.2 0.0 1.1 1.1 12.5 34.7 184
6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.2 0.0 0.2 0.0 0.4 0.8 4
7 0.0 0.0 0.0 0.0 1.3 0.0 3.6 0.6 1.7 7.2 38
8 0.0 0.0 0.0 0.0 1.7 0.4 0.6 0.4 1.7 4.7 25
9 0.0 0.2 0.0 0.0 3.0 0.0 0.6 0.6 21.3 25.7 136
% 3 5.5 1.7 6 31.1 0.4 6 2.8 43.4 100  
  N 16 29 9 32 165 2 32 15 230   530

FUENTE: Datos relativos calculados sobre muestra ponderada. Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015.

[i] Nota: Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO-88), versión de un dígito (ver Metodología). La diagonal que recorre la tabla desde la esquina superior izquierda hacia la esquina inferior derecha (en negrita) muestra la proporción de inmigrantes que experimentaron inmovilidad; por encima de la diagonal, aquellos que descendieron; y por debajo, aquellos que ascendieron.

Tabla 6.

Movilidad ocupacional absoluta (distribuciones porcentuales) de inmigrantes sudamericanos entre primera ocupación en Santiago y ocupación actual

Última ocupación en Santiago
Primera ocupación en Santiago   1 2 3 4 5 6 7 8 9 % N
1 2.6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 2.6 14
2 0.4 4.4 0.2 0.6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 5.5 30
3 0.0 0.0 1.8 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 1.9 10
4 0.0 0.2 0.0 5.9 0.7 0.0 0.0 0.0 0.0 6.8 37
5 0.7 0.4 0.4 0.9 29.0 0.0 0.0 0.2 2.2 33.8 183
6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0
7 0.2 0.0 0.0 0.0 0.7 0.0 4.2 0.6 0.2 5.9 32
8 0.0 0.2 0.0 0.0 0.0 0.0 0.9 1.5 0.2 2.8 15
9 0.2 0.4 0.6 1.1 7.9 0.2 0.6 0.9 29.0 40.8 221
% 4.1 5.5 3 8.5 38.4 0.2 5.7 3.1 31.6 100  
  N 22 30 16 46 208 1 31 17 171   542

FUENTE: Datos relativos calculados sobre muestra ponderada. Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015

[i] Nota: Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO-88), versión de un dígito (ver Metodología). La diagonal que recorre la tabla desde la esquina superior izquierda hacia la esquina inferior derecha (en negrita) muestra la proporción de inmigrantes que experimentaron inmovilidad; por encima de la diagonal, aquellos que descendieron; y por debajo, aquellos que ascendieron.

Respecto de la segunda transición ocupacional (Tabla 6), el 78.4% de los inmigrantes encuestados mantuvo su grupo ocupacional, un 4.8% descendió y un 16.8% experimentó movilidad ascendente. El patrón mayoritario de movilidad absoluta es de invarianza y entre aquellos que experimentaron movilidad, tanto ascendente como descendente, un 90% lo hizo dentro de su propio segmento de trabajo, corroborando el planteamiento de la discontinuidad entre posiciones sociales en la estructura social ( Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ), expresadas en segmentos de trabajo ( Doeringer y Piore, 1985 ; Piore, 1979 ).

Un análisis grueso respecto de los mercados de trabajo –primario y secundario– muestra que la proporción de inmigrantes ocupados en su último trabajo en origen era de 27% en el mercado primario y 73% en el secundario; en su primer trabajo en Santiago esta proporción cambió a 16.8% frente a 83.2% respectivamente, es decir, hubo un descenso ocupacional del primer al segundo segmento (Tabla 5). Las causas de este descenso estructural deben buscarse en factores exógenos ( Goldthorpe, 2010 ), que son, para el caso de Santiago de Chile, el predominio de empleos con bajos salarios en el mercado de trabajo (comercio, construcción, servicio doméstico) y un contexto de entrada marcado por la discriminación y el racismo ( Tijoux, 2016 ; Mora y Undurraga, 2013 ). Por su parte, la Tabla 6 muestra que la distribución de ocupados entre segmentos de trabajo primario y secundario al momento de responder la encuesta fue de 21% a 79% respectivamente, por lo que hubo un movimiento de contramovilidad pero que no fue suficiente como para alcanzar las posiciones iniciales en origen.

Analizadas ambas transiciones, se puede señalar que en la segunda transición ocupacional los inmigrantes sudamericanos, en términos agregados, recuperan parte del descenso ocupacional experimentado en la primera transición. Ambas transiciones nos señalan la existencia de un patrón de movilidad ocupacional en forma de “U” ( Chiswick et al., 2005 ; Chiswick, 1978 ): movilidad de tipo descendente en la primera transición y contramovilidad ascendente en la segunda transición ( Aysa-Lastra y Cachón, 2013a y 2013b ).

Movilidad ocupacional relativa

El examen de las pautas de movilidad ocupacional relativa (Tabla 7), a través de los logaritmos naturales de razones de probabilidad (odds ratios) de las dos transiciones ocupacionales mostradas en las Tablas 5 y 6 , permite señalar en ambas transiciones dos patrones regulares. Primero, la movilidad ocupacional se produce al interior de cada segmento y es muy marginal hacia fuera de ellos. Tanto en la primera como en la segunda transición hay “fluidez” dentro de los segmentos y “cierre” entre ellos. Segundo, la movilidad –descendente en la primera transición y ascendente en la segunda– se produce mayoritariamente dentro de cada uno de los segmentos de trabajo.

Tabla 7.

Movilidad ocupacional relativa (logaritmos naturales de razones de probabilidad) entre segmentos de trabajo primario y secundario de inmigrantes sudamericanos en Santiago en las dos transiciones ocupacionales

  Primera transición  
  Primera ocupación en Santiago  
Última ocupación en   Primario Secundario N (%)
Primario 4.1 -1.1 113 (40%)
origen Secundario -* 2.6 170 (60%)
  N (%) 82 (29%) 201 (71%) 283 (100%)
  Segunda transición  
  Última ocupación en Santiago  
Primera ocupación en   Primario Secundario N (%)
Primario 5 -** 87 (28%)
Santiago Secundario 0.9 7.3 221 (72%)
  N (%) 101 (33%) 207 (67%) 308 (100%)

FUENTE: Datos relativos calculados sobre muestra ponderada. Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015.

Nota: Media no ponderada de los logaritmos naturales de las razones de probabilidad de las 16 casillas de cada segmento de las tablas 5 y 6. Categoría de referencia: 5. En casillas sin datos se añadió 0.01 observaciones para calcular las razones de probabilidad.

* Sin cálculo porque solo hay un sujeto en la casilla.

** Sin cálculo porque no hay sujetos en esta casilla.

Ambas regularidades confirman el patrón de movilidad ocupacional en forma de “U”, pero de carácter segmentado, esto es, de movilidad descendente en la primera transición ocupacional y contramovilidad ascendente en la segunda transición ocupacional dentro de cada segmento de trabajo: “fluidez social” ( Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ) que se manifiesta dentro de cada segmento de trabajo y escasamente entre los segmentos. Este hallazgo se muestra en línea con otras investigaciones ( Simón, Ramos y Sanromá, 2014 ; Aysa-Lastra y Cachón, 2013a y 2013b ) acercándose a los planteamientos de la teoría de la asimilación segmentada ( Zhou, 1997; Portes y Zhou, 1993 ).

CONCLUSIONES

La inmigración sudamericana en Santiago es ya parte de la fisonomía de la ciudad. Su incorporación en el mercado de trabajo resulta ser más intensa que la de la población nacida en Chile en términos de tasas de participación, ocupación y desempleo. Esta tendencia ha sido explicada en la literatura económica con el término de “autoselección” ( Chiswick, 2008 , 1979 y 1978 ), en el sentido de que a iguales características demográficas (edad, educación, sexo) los inmigrantes tienen una orientación hacia el mercado de trabajo más activa que los autóctonos.

Dos características de la inmigración sudamericana son destacables. La primera, sus mayores niveles educativos formales: en términos generales, 1.4 años más de escolaridad que la población chilena en el mismo rango etario. La segunda, presenta una alta tasa de feminización, con algunos grupos nacionales cercanos a 60%. Parece claro, para el caso de la inmigración sudamericana en Santiago, el papel protagónico de la mujer en los procesos de toma de decisión y desarrollo de trayectorias migratorias, lo que se ha denominado “feminización de la supervivencia” ( Sassen, 2003 ).

El presente artículo mostró empíricamente el papel clave que juega el capital social en forma de uso de redes, en la incorporación de los inmigrantes sudamericanos en Santiago de Chile. En términos generales, un 85% de los inmigrantes sudamericanos utilizó sus redes (familiares, amigos inmigrantes, amigos chilenos y contactos/conocidos) en su proceso de llegada y primeros meses en la ciudad. En este sentido las redes funcionaron como un mecanismo de amortiguación de la llegada a destino, aminorando los costos económicos, emocionales y sociales del proceso migratorio ( Tilly, 2007 y 1990 ; Massey et al., 2006 ; Gurak y Caces, 1992 ). Esta construcción de un tejido social, económico y simbólico, que se extiende y complejiza –uniendo migrantes en destino y no migrantes en origen–, evidencia lo que Portes y Rumbaut (2010) han señalado como su función de microestructura de las migraciones.

Respecto de la primera inserción en el mercado de trabajo, se aprecia cómo familiares pierden relevancia respecto de contactos y conocidos al momento de encontrar un primer trabajo en Santiago. Esta fortaleza de los “lazos débiles” por sobre los “lazos fuertes” ( Granovetter, 1983 y 1973 ) subraya el carácter complejo y diversificado de las redes migratorias, capaces de brindar recursos —en este caso oportunidades de trabajo— a cuyo acceso no tendrían los inmigrantes dentro de su red más cercana. En este proceso se constataron diferencias entre los cinco grupos nacionales: inmigrantes argentinos, con mejores niveles educacionales y de mayor antigüedad en la ciudad, descansan menos en las redes –las que en su caso son de mayor amplitud que el resto– y más en la transferencia de sus credenciales ( Chiswick, 1997 ); inmigrantes bolivianos, con los niveles educacionales más bajos y de reciente llegada a la ciudad, dependen en gran medida de su acercamiento a otros grupos, principalmente peruanos; inmigrantes colombianos y ecuatorianos muestran patrones similares, aunque éstos últimos presentan redes más cerradas, compuestas fundamentalmente por familiares. Por su parte, la inmigración peruana, que supone 50% de la inmigración en la ciudad de Santiago, muestra la red más intensa en familiares y amigos inmigrantes, así como contactos y conocidos. Es, además, el grupo que marcó la menor proporción de personas que manifestaron no contar con ayuda en su primera inserción laboral en la ciudad. Datos que confirman los hallazgos de investigaciones cualitativas que han sostenido la presencia de una fuerte comunidad – económica, sociocultural y política– peruana ( Garcés, 2014a , 2014b ; Margarit y Bijit, 2014 ; Ducci y Rojas, 2010 ; Luque, 2007 ; Stefoni, 2005 ).

Este trabajo también encontró dinámicas de incorporación entre los inmigrantes sudamericanos en Santiago en línea con lo que plantea la teoría de los mercados de trabajo duales ( Piore, 1979 ), en lo que respecta a la primera transición ocupacional. Las migraciones internacionales obedecen a una demanda permanente y crónica de mano de obra en las sociedades más desarrolladas, debido a que los trabajadores autóctonos no completan los trabajos precarios, no cualificados e inestables ( Massey et al., 2006 ; Arango, 2003 ; Piore, 1979 ).

El análisis de movilidad ocupacional absoluta en la primera y segunda transición laboral de los inmigrantes sudamericanos, mostró trayectorias de movilidad descendentes en la primera, y contramovilidad ascendente en la segunda, señalando la existencia de un patrón de movilidad ocupacional en forma de “U” ( Chiswick et al., 2005 ; Chiswick, 1978 ). Sin embargo, la tendencia mayoritaria es hacia la inmovilidad, esto es, a mantener sus posiciones ocupacionales de origen en destino. Allí donde se manifestaron trayectorias ascendentes o descendentes, éstas se desplegaron dentro de cada segmento de trabajo (primario o secundario).

El análisis de la movilidad relativa o de “fluidez social” ( Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ) corroboró esta última conclusión, al mostrar una pauta de movilidad fluida dentro de cada segmento y escasa entre los segmentos de trabajo, es decir: apertura dentro del segmento y cierre entre ellos, lo que muestra discontinuidades entre las posiciones y una tendencia hacia la reproducción de la estructura social ( Erikson y Goldthorpe, 2002 y 1992 ). A su vez, la pauta de movilidad en forma “U” se presenta de forma segmentada, esto es, al interior de los segmentos primario y secundario del mercado de trabajo, y no de forma indiferenciada a lo largo de las posiciones ocupacionales.

Una mirada a la inserción en el mercado de trabajo permite indicar que no existe un único proceso de incorporación de los inmigrantes sudamericanos en Santiago, sino que hay múltiples caminos y trayectorias, que dependen tanto de las propias características de los grupos migratorios (educación, sexo, edad), de las dinámicas sociales que desarrollen (capital social y uso de redes), como del propio espacio social de incorporación –la ciudad de Santiago y su estructura socioeconómica–. A través del análisis de datos producidos en una encuesta ad-hoc, este artículo buscó esclarecer algunos de los aspectos clave de este proceso de incorporación, encontrando regularidades ya presentes en los resultados de otras investigaciones. Los aportes de este trabajo abren preguntas de investigación en relación a los factores determinantes presentes en las diferentes pautas de movilidad ocupacional en ambas transiciones, como son el capital humano, el capital social, el sexo, la experiencia migratoria, el origen nacional, entre otros.

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Notas

9 Las citas textuales de obras originales en inglés son de traducción propia.

10 Una razón de probabilidad de 1 indica independencia entre las variables de la columna y fila; valores menores o mayores a 1 indican asociación entre ambas variables (Agresti, 2007, p. 29).



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INTRODUCTION

International immigration to Chile has become an increasingly important phenomenon from the economic social, and cultural points of view. During the nineteenth and early twentieth centuries, Chile received migratory flows mainly from Europe and the Middle East. Immigration from Europe was stimulated by the State to extend its sovereignty in the southern territories and promote economic development ( Tijoux & Sir Retamales, 2015; Cano, Soffia & Martínez, 2009 ), whereas immigration from the Middle East was unhoped for by the government and the target of harsh prejudice among the citizenry ( Rebolledo, 1994 ).

These flows were reflected by the 1907 Census, a year in which the country’s foreign population peaked to levels similar to those of the twenty-first century (4.1% of the population). From 1930 to 1990, the stock of international immigrants remained close to 100 thousand. The military dictatorship and the economic crisis of the 1980s generated emigration flows well above those of immigration; the lowest proportion of foreigners (0.7%) was recorded in 1982, and around 900 thousand Chileans reside in other countries ( Dicoex, 2015 ).

Increasing numbers of people have migrated to Chile from other countries. Between 1992 and 2017, the number of immigrants increased from just above 100 thousand to 750 thousand, that is, the stock has multiplied by 7.1, which represents 4.4% of the country’s population ( INE, 2018a ). This accelerated expansion indicates that Chile has shifted from being an irrelevant migration destination to being an attractive beacon for international immigrants.

The present article explores the characteristics of the incorporation of South American immigrants into the labor market in the capital, Santiago, emphasizing the role of social capital (social networks) when these people arrive in the city and look for work and their subsequent occupational mobility trajectories. Our purpose is to identify converging and diverging aspects of the different national groups in terms of their incorporation to the city’s economic activity, as well as to identify their occupational mobility patterns associated with job transitions.

The article is structured into five sections. The first is a brief characterization of this new type of immigration, highlighting its regional origins, geographical concentration in the country, and distribution by sex, age, and educational level. The second section outlines the theoretical foundations of the study: social capital and occupational mobility. The third section describes the data sources and analysis methods used. The fourth section presents the results of the use of social capital and absolute and relative occupational mobility in the incorporation process of South American immigrants to Santiago. The final section presents the main conclusions of the study.

CHARACTERISTICS OF THE NEW INTERNATIONAL IMMIGRATION

The vast majority of international immigrants in Chile are of South American origin. As shown in Table 1 , 75% of immigrants in Chile are from countries in the region, more than 70% of them from six South American countries: Peru, Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina, and Ecuador ( INE, 2018a ). As a result, the composition of Chile’s immigrant stock has changed radically: in 1982, the proportions of European and South American immigrants in comparison with the total number of resident immigrants were similar, whereas in 2017, South American immigration was clearly predominant.

Table 1.

Regional Origin of International Immigrants in Chile According to their Relative Proportions with Respect to the Total Number of Immigrants, 1982-2017

Origin 1982 1992 2002 2017
South America 43.8 55 67.1 75.9
Europe 41.7 27.5 17.6 6.5
North America 6.5 7.2 6.4 2.1
Central America 1.8 2.4 3.1 12.2
Asia 4.9 6.3 4.3 2.8
Africa 0.6 0.7 0.7 0.2
Oceania 0.6 0.8 0.8 0.3
Total (%) 100% 100% 100% 100%
Total (N) 83,805 105,070 195,320 746,465

SOURCE: Elaborated by the author based on data from the 1982, 1992, 2002, and 2017 national population censuses, National Institute of Statistics (INE).

A second characteristic of the new immigration is that international migratory flows are concentrated in the Metropolitan Region of Santiago (MRS). This concentration has intensified over the past 10 years: in 2005, 59% of the immigrants lived in the MRS, whereas in 2017, this figure increased to 65.3% ( INE, 2018a ). It should be mentioned that, in 2017, immigrants represented 7% of the total population in the MRS, a lower percentage in comparison with that of regions in the north of the country, such as Tarapacá (8.2%), Arica and Parinacota (13.7%), and Antofagasta (11%). The concentration of immigrants in the country's capital reflects an emerging phenomenon of South-South intraregional migrations characterized by the city-bound migration of two well-defined groups: professionals and unskilled workers ( Durand & Massey, 2010 ).

A third relevant element concerning the current composition of immigration to Chile is the higher proportion of female migrants. As shown in Figure 1 , 51% of the total immigrant population in Chile in 2017 consisted of women, especially in the case of immigrant stocks from Brazil (57%), Bolivia (56%), Colombia (54%), Peru (53%), and Ecuador (52%). Distribution by sex in the case of Argentina is closer to that of Spain, the United States, or China.

Graphic 1.

Proportions of Female Immigrants in Chile by Country of Origin, 2017 

1665-8906-migra-v10-e2145-f4.png

SOURCE: INE (2018a).

Regarding distribution by age, the immigrant population in Chile is composed of the most productive age segments: 71% of all immigrants are between 20 and 49 years of age ( INE, 2018a ), widely surpassing the Chilean population in the same age group, whose concentration is 44.5% ( INE, 2018b ). In this regard, the United Nations notes that the working-age population (20 to 64 years) is significantly larger among immigrants in comparison with the host country’s total population and that south-south migration flows are more significant among the age group from 20 to 34 years ( UN, 2013 ).

The fifth characteristic of new immigrants in Chile is their high level of education. In general terms, immigrants aged 18 or more have higher educational levels than the Chilean population in the same age range: 82% of the immigrant population has a secondary or higher level of education, in comparison with 62% of Chilean adults ( Ministerio de Desarrollo Social, 2018 ). In average, immigrants have 2 more schooling years than the Chilean population, which averages 11.1 years, whereas among immigrants from South American countries, the percentages are: Venezuela, 15.5, Argentina, 13.3, Ecuador, 13.2, and Colombia, 12.5 ( Ministerio de Desarrollo Social, 2018 ).

THEORETICAL FRAMEWORK

The growing flow of international immigration to Santiago de Chile takes place in a context of economic, political, and social dynamics that have restructured the capitalist economy ( Glick Schiller, 2009 ; Glick Schiller, Çağlar & Guldbrandsen, 2006 ). Globalization has generated both dispersion and concentration processes in cities ( Mattos, Fuentes & Link, 2014 ; Brenner, 2013 ; Sassen, 2002 ), such as the externalization of economic functions in search of better conditions (in terms of salaries, territory, taxing, legislation), and the concentration of control and management functions at the highest levels in the so-called global cities ( Sassen, 2005 , 1991 ). The contemporary city is traversed by this dialectic of implosion and explosion, concentration and expansion ( Brenner, 2013 ).

Santiago has experienced significant changes in its employment structure since the 1970s. For example, the demand for occupations requiring low qualifications has decreased, for example those related to agriculture, livestock breeding, fishing, and unskilled work, as well as industrial and manufacturing employment, whereas low- and high-skilled, specialized and unspecialized employment in the tertiary sector has increased ( INE, 2014 , 2002 , 1992 , 1982 , 1970 ).

In addition, the role of Santiago as the link between the national and the global contexts has become increasingly important over the past decades; this is because the city concentrates key economic functions, both administrative and managerial (banks, corporate headquarters, and trade, industrial, and mining associations, among others) and services functions (financial, professional, infrastructure, and communications). As a result, the service economy has come to prevail, concentrating three quarters of the city’s workforce in tertiary sector activities: the average growth rate of this economic sector in the period from 1990 to 2013 was higher than the growth rate of the primary and secondary sectors in Chile, a trend experienced by other countries in the region, such as Argentina, Colombia, and Mexico ( Aravena, Escobar & Hofman, 2015 ). The demand for work in the services sector is one of the main reasons why Santiago is today an attractive destination for regional immigration.

This is the economic and social space to which immigrants are being incorporated. We understand the concept of migrant incorporation in the sense of Glick Schiller & Çağlar, as a process of construction and maintenance of social, economic, and political relations on a regular basis by which subjects or groups become involved in multiple social fields composed of networks of asymmetric and unequal networks (2011). This approach assumes two theoretical positions. The first, that incorporation is not a single, linear, and a priori-determined process, as conceived by the canonical assimilationist current ( Kivisto, 2004 ; Alba & Nee, 1997 ; Rumbaut, 1997 ; Kazal, 1995 ; Gordon, 1964 ); instead, we consider that the paths to migrant incorporation can be varied. These paths come to be in diverse and heterogeneous ways due to the characteristics and conditions of the social space in which they develop and the positions and resources brought by migrants themselves to such social space. The social capital possessed by immigrants is a critical factor in their incorporation processes.

Social Capital

The concept of social capital, as described by Bourdieu (1985 , 1980 and 1979) , sheds light on the different trajectories followed by immigrants as they incorporate into their host societies. When the conditions in the host society are hostile (due to ethnic discrimination, legal obstacles, or labor segregation, among others), the social capital of immigrants creates opportunities within a limited, although dynamic, structure of individual and collective development.

Bourdieu defines social capital as the aggregate of current and potential resources associated with a network of stable and institutionalized social relations that provides each of the members of the network with the capital possessed by the group as a whole (1985 and 1980). The volume of an individual's social capital depends on the size of the networks that they can mobilize and the volume of economic and cultural capital that they possess by virtue of their connection to these networks. The subjects invest their efforts, consciously and unconsciously, in the generation and maintenance of networks of relationships that allow them to access certain resources. This investment is translated into exercises of interchange. On the one hand, the accumulated benefits of the group represent the basis of its solidarity, which at the same time makes it possible to accumulate benefits and exchange them among its members. On the other hand, the exchange takes place within certain borders and codes, which exclude the possibility of interaction under other parameters or outside the borders.

In the field of migration, and drawing from Bourdieu's work (1985, 1980, 1979), Alejandro Portes ( Portes 2000 , 1998 , 1995 ; Portes & Sensenbrenner, 1993 ) defines social capital as the ability of individuals to manage scarce resources by taking advantage of their position in networks or wider social structures. Social capital is not an inherent property of an individual: it exists and is anchored in the individual's network of relationships and contacts. Social capital can provide access to resources or restrict individual liberties by controlling behavior (through social norms). Social capital is preserved by engaging in different activities, such as meeting with people, maintaining periodic communication, participating in events, joining associations, etc. ( Vertovec, 2003 ); as expressed by Bourdieu (1980) time and resources are invested to reproduce social capital.

Portes (2000 , 1998) proposed a triple definition of social capital: a) social capital as a source of social control, b) social capital as a source of benefits mediated by the family, and c) social capital as a source of resources mediated by non-family networks; the last definition is the closest to Bourdieu’s concept (1985, 1980). In his work, Portes applies the concept to social science ( Cachón, 2012 ) to describe the unintended and negative consequences of social capital, classified by the author into four types ( Portes, 2000 , 1998 & 1995 ; Portes & Sensenbrenner, 1993 ): a) restricted access to opportunities because the bonds that unite the members of the group exclude non-members from access to such opportunities; b) individual freedom is restricted because participation or membership in a group entails an unavoidable loss of individual autonomy; c) excessive pressure over group members in connection with the “closure” of social relationships in the group, which provides benefits but, under certain circumstances, can limit the development of its members; and d) downward leveling norms, which in certain groups are expressed as social pressure that maintains individuals within the group and prevents them from seeking opportunities outside the group.

The field of migration studies has understood migration networks as a form of social capital defined as a series of interpersonal ties connecting immigrants, former immigrants, and non-migrants with relatives, friends, and their communities of origin, both in their native countries and in their host countries ( Massey, Arango, Hugo, Kouaouci, Pellegrino & Taylor, 2006, p. 42 ). Migration networks are sources of shared information and provide migrants with economic aid and different kinds of support, increasing their probability to achieve social mobility inasmuch as they reduce its associated risks and costs and increase the individual’s expected returns. Migratory networks are a form of social capital. They provide immigrants with access to fundamental resources, such as employment, higher salaries, options to send remittances, etc. They cushion the economic and emotional weight of migrating and represent spaces of certainty where migrants can obtain information and security ( Gurak & Caces, 1992 ). They are, therefore, the main responsible mechanism for the expansion and endurance of migratory flows ( Imilan, Garcés & Margarit, 2014 ).

Research in the field has shown that even if the original apparent causes of migration are overcome (wage differential, lack of formal recruitment, etc.), migratory flows become consolidated and reproduce thanks to existing migratory networks. Networks are reproduced and extended inasmuch as immigrants use them and acquire the possibility and obligation of consolidating the system by providing more information to potential migrants ( Tilly, 2007 and 1990 ). This process increases the complexity and extension of social networks and explains their role as migration microstructures ( Portes & Rumbaut, 2010 ).

Occupational Mobility

The issue of occupational mobility among immigrants has been a focus of attention since Barry Chiswick’s (1979 , 1978 , 1977) pioneering work, in which the author notes that immigrants in the US were initially integrated into the labor market by providing them with low-level jobs and salaries below the average for Americans with similar characteristics. After a while, and as an effect of “Americanization,” these differences became nuanced and even nullified, resulting in upward occupational mobility. A Ushaped mobility pattern, characterized by an initial decline and a subsequent recovery of occupational status, was proposed by Chiswick to explain the adjustment processes of immigrants in labor markets (1979, 1978, and 1977). Chiswick identified two determinants of the economic progress of immigrants: transferability and self-selection. Transferability has to do with the fact that human capital, work experience, and skills acquired by immigrants in their countries of origin are not fully transferable to the labor market in the destination country: transferability depends on the immigrant’s language skills and possession of professional licenses, certifications, or credentials to support such capital ( Redstone, 2008 ; Chiswick, Yew & Miller, 2005 ; Duleep & Regets, 1997 ; Chiswick, 1997 , 1978 ). The second factor points out that people who migrate due to economic reasons are more capable and motivated than people who do not migrate ( Chiswick, 2008 , 1979 , 1978 ), which implies that, given similar socio-demographic characteristics, immigrants have more innate ability or motivation relevant to the labor market than native people ( Chiswick, 1978, p. 901 ).

Chiswick (2008 , 1997 , 1979 , 1978 , 1977) and other economists who have supported his approach base their research on the theory of social hierarchy ( Erikson & Goldthorpe, 1992 ); that is, they analyze mobility as the movement of individuals between social groups organized hierarchically on the basis of their access to certain resources, such as prestige, wealth, or status ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson & Goldthorpe, 2002 , 1992 ). When considering occupational or wage achievement from an attributive perspective, that is, as a result of having or not having income and wealth, economists treat income correlations as continuous variables and disregard variables related to the social structure, for example, production relationships in the labor market ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson & Goldthorpe, 2002 , 1992 ). As a result, they tend to overestimate upward mobility and make economic immobility invisible—individual mobility trajectories are disassembled from the network of economic and social relations through which people acquire more or less advantageous positions in the social structure ( Goldthorpe, 2013 ).

Erikson and Goldthorpe (1992) regard social mobility as an element of the class structure and analyze relationships between different positions. Class structure is built as a result of the relationships established by individuals with production units and the labor market; the authors propose a basic classification of class positions: employers, selfemployed workers without employees, and employees ( Erikson & Goldthorpe, 1992 ). The main argument of this perspective challenges the idea of social hierarchy and states that there are limited groups of positions whose central characteristic is their closure. Based on this theoretical approach, Erikson and Goldthorpe (1992) point out that absolute mobility—the rate of intergenerational movements movement between class positions—is the result of exogenous structural factors, that is, of the evolution of class structure over time, and that relative mobility—social mobility rates independently of structural influences—shows stable invariance patterns ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson & Goldthorpe, 2002 , 1992 ). This relational analysis, focused on social fluidity, uses odds ratios to measure the individual’s probabilities to attain certain social positions considering their initial positions ( Goldthorpe, 2013 ; Erikson & Goldthorpe, 2002 , 1992 ).

Using the strategy proposed by Aysa-Lastra and Cachón (2013a , 2013b) in their analysis of occupational mobility among immigrants in Spain, the present article harmonizes Chiswick's (2008 , 1997 , 1979 , 1978 , 1977) perspective on occupational mobility and Erikson and Goldthorpe's (2002 , 1992) sociological analysis of social mobility with the theory of labor market segmentation ( Doeringer & Piore, 1985 ; Piore, 1979 ). The main argument of this theory is that the labor market consists of two segments: a primary segment, characterized by high wages, good working conditions, associated prestige, and stability, and a secondary segment, characterized by low wages, precariousness, poor working conditions, and instability. Consistent with the approach to social mobility as an element of class structure, the theory of labor market segmentation indicates that both segments have the characteristics of inward openness and outward closure. Thus, our analysis of absolute and relative occupational mobility within each labor segment considers each segment as an occupation cluster ( Aysa-Lastra & Cachón, 2013a , 2013b ) per the International Standard Classification of Occupations (ISCO-88).

Two research hypotheses guide the present study:

  1. National groups rooted mostly in the city and whose communities have a significant presence in the economic and social fabric display a more widespread use of their social capital (in the form of migratory networks). Recently arrived groups are characterized by closed networks held together by strong ties (Granovetter, 1983, 1973).

  2. Using Chiswick’s perspective (Chiswick et al., 2005; Chiswick, 1979, 1978 and 1977), we identified downward occupational mobility in connection with the first job transition (from last job in origin to first job in destination) and upward mobility associated with the second job transition (from first to last job in destination). In other words, a U-shaped occupational mobility pattern. Reflecting Erikson and Goldthorpe's (2002, 1992) sociological analysis of social mobility and the theory of dual labor markets (Doeringer & Piore, 1985; Piore, 1979), the u-shaped occupational mobility pattern was observed to take place in both segments. These results suggest that that the social structure tends to reproduce and that social fluidity occurs within the labor segments but scarcely between them.

Methodology and Data Sources

The present study used data from three different sources. Firstly, data on immigrant population from the last valid Population Census (2002) and administrative migratory records from the 2005-2014 period (visas, permits, nationalization procedures, refugee applications, and deportations) were obtained from the Department of Immigration and Foreign Status (DEM), Chilean Ministry of the Interior (2016) . Secondly, data from the 2015 National Socioeconomic Characterization Survey (Casen) ( Ministry of Social Development, 2015 ), whose analysis unit is the household and its residents. Thirdly, data obtained using a survey developed by this author in the framework of the doctoral thesis entitled "Encuesta de Inmigrantes Sudamericanos en Santiago de Chile 2015” (survey of South American immigrants in Santiago), carried out between the months of April and June 2015.

In our survey, the sample consisted of immigrants of both sexes between 18 and 65 years of age who had lived in the city for at least six months; participants included people from the five quantitatively most important Spanish-speaking South American countries (Peru, Argentina, Bolivia, Ecuador, and Colombia), which represent 65% of total immigration in the RMS. The present study used non-probabilistic quota sampling. The sample was set at 700 cases, 140 per national group separated by sex: men (70) and women (70).

To avoid the overrepresentation of individuals ( Corbetta, 2007 ) presenting certain profiles that are easier to locate due to their occupations (in commerce and services), we combined active recruitment in public spaces with the snowball technique, and the study included only the participants that were contacted via the snowball technique with two limitations. 1) the number of participants recruited by initial contact was limited to a maximum of two, excluding further contacts provided by these two; and 2) participants with family ties with the initial contact were excluded. The final sample, slightly different from the projected sample due to difficulties to find participants and non-response errors ( Corbetta, 2007 ), is shown in Table 2.

Table 2.

Sample of Survey Administered to South American Immigrants in Santiago de Chile in 2015

Nationalities Men Women Total
Peru 70 69 139 (8.3%)
Argentina 95 64 159 (7.8%)
Bolivia 60 82 142 (8.2%)
Ecuador 61 47 108 (9.4%)
Colombia 73 79 152 (7.9%)
Total 359 (5.2%) 341 (5.3%) 700 (3.7%)

SOURCE: 2015 Survey of South American Immigrants in Santiago de Chile.

[i] Note: In parenthesis: sampling errors; confidence level: 95%.

When the analysis considers immigrants from the five nationalities included in the survey as an aggregate, the sample is weighted according to the relative weights and sex-based distributions of the groups with the purpose of matching the characteristics of Santiago's population. These cases refer to South American immigrants. When the observations are focused on national groups, the sample is not weighted so that enough cases are available for an adequate comparative analysis.

Absolute and relative occupational mobility analyses use the International Standard Classification of Occupations (ISCO-88), in its one-digit version (without considering category 0, Armed Forces):

  1. Legislators, senior officials and managers

  2. Professionals

  3. Technicians and associate professionals

  4. Clerks

  5. Service workers and shop and market sales workers

  6. Skilled agricultural and fishery workers

  7. Craft and related trades workers

  8. Plant and machine operators and assemblers

  9. Elementary occupations

This classification of occupations is in line with the theory of labor market segmentation, and it includes the two segments: primary, occupations 1 to 4, and secondary, occupations 5 to 9. The processes of absolute occupational mobility of South American immigrants between their first transition (last occupation in their country of origin and first in Santiago) and their second transition (first occupation in Santiago and occupation at the time of the survey) were analyzed using weighted joint distributions, shown as input (origin) and output (destination) tables for the two transitions. The analysis of relative occupational mobility, or social fluidity, used odd ratios2 by labor market segments (primary, occupations 1-4, and secondary, occupations 6-9), and considered category 5 as a reference occupational category, a buffer or limit zone between the two segments ( Parkin, 1978 ).

Both types of analysis used a subsample of respondents composed of immigrants who were employed in their original countries, obtained a first job in Santiago and, at the time of the survey, were employed in the city. These three conditions were applied in a summative manner. The variable of time was not controlled in the labor mobility analysis since 55% of this subsample had lived in Santiago for three years or less, and 70% for five years or less. That is, these migrants arrived in the city recently.

RESULTS

Concerning labor market integration, the participation of South American immigrants aged 15 and over in economic activities was found to be considerably higher (80%) than the participation of Chileans in the same age group (62.4%) ( Ministerio de Desarrollo Social, 2016 ). Occupation rates (76.6%) and unemployment rates (5%) among South American immigrants were higher and lower, respectively, than the same rates for population born in Chile (58.1% and 7%, respectively), which reinforces the idea that their incorporation into the labor market of Santiago has been very active ( Ministerio de Desarrollo Social, 2016 ) and confirms what Chiswick has pointed out concerning immigrant self-selection (2008, 1979, 1978).

Migratory Networks

Interviewed South American immigrants reported that, in their first six months in the city, immigrant relatives and friends were their primary support (Table 3). Different elements could be identified depending on specific national groups: Ecuadorian immigrants rely on closed networks, predominantly composed of relatives and very close associates ( Granovetter, 1983 , 1973 ); Peruvian, Bolivian, and Colombian immigrants prefer more extended networks where, in addition to relatives, immigrant friends, acquaintances, and contacts are also important; Argentinian immigrants have developed the most open network, which includes the types of relations stated for the other national groups in addition to Chilean friends and businessmen, that is, a more significant presence of “weak ties” ( Granovetter, 1983 , 1973 ). A remarkable aspect of this context is the scant importance given to immigrants by public administration institutions (at the municipal and federal levels), even less than the interest shown by churches and non-governmental organizations (NGOs), reflected by the marginal relevance of migratory policies in the country ( Stang, 2016 ; Thayer, 2015 ; Stefoni, 2011 ).

Table 3.

Sources of Support of Immigrants in Their First Six Months of Residence in Santiago by Nationality

Source of support Nationality (%)
Peru Bolivia Argentina Colombia Ecuador
Familiares 36.3 30.8 30.5 31.9 41.4
Amigos inmigrantes 35.1 29.6 19.5 31.4 21.9
Amigos chilenos 7.6 8.9 25.3 8.1 7.8
Vecinos 1.2 4.7 0.5 1.1 0
Contactos/conocidos 7.6 7.7 10 9.2 11.7
Municipalidad/gobierno 0.6 0 0 1.1 0.8
Iglesias/OSC 1.8 1.8 1.6 2.7 3.9
No tuvo 9.4 15.4 11.6 13 11.7
Otra 0.6 1.2 1.1 1.6 0.8
Total 100% 100% 100% 100% 100%

Source: 2015 Survey of South American Immigrants in Santiago de Chile.

[i] Note: Data represents sum of options mentioned (N= 843) by surveyed subjects (N= 696).

Concerning the role of networks as sources of job opportunities, Table 4 shows that the relative incidence of certain actors is accentuated to the detriment of others: it decreases the importance of the family in obtaining a job in favor of immigrant friends and contacts or acquaintances; the latter actors were found to be a significant factor to increase the individual's probabilities to enter the labor market. In other words, contacts and acquaintances are more effective than the immigrant's family and friends when it comes to helping them to obtain a job in Chile, reflecting Granovetter’s (1983 , 1973)  reflections concerning the higher potential of weak ties over strong ties in this regard.

Table 4.

Sources of Support Available to Immigrants to Find Their First Job in Santiago by Nationality

Source of support Nationality (%)
Peru Bolivia Argentina Colombia Ecuador
Relatives 21.9 16 9.8 16.3 25.4
Immigrant friends 36.8 24 13.5 36 20.2
Chilean friends 6.5 8.7 14.7 7.6 7.9
Neighbors 1.9 2 0.6 1.2 1.8
Contacts/acquaintances 14.2 13.3 17.2 8.1 14.9
Municipality/government 0.6 0 1.2 0.6 0
Churches/CSO 4.5 2.7 1.8 2.9 5.3
None 10.3 30.7 36.8 25.6 22.8
Other 3.2 2.7 4.3 1.7 1.8
Total 100% 100% 100% 100% 100%

Source: 2015 Survey of South American Immigrants in Santiago de Chile.

[i] Note: Data represent sum of options mentioned (N= 754) of surveyed subjects (N= 696). 

One-fifth of the interviewed immigrants declared not having received support to find a job in Santiago; this circumstance was especially frequent among Argentinians (36.8%) and Bolivians (30.7%). However, both immigrant groups have different reasons for managing their incorporation into the labor market autonomously; these reasons can be placed in opposite ends of a spectrum. Argentinians, whose educational levels are the highest across immigrant groups and whose presence in the city is the longest, can enter the labor market by presenting their credentials ( Chiswick, 1997 ), but Bolivians, who began arriving in the city much more recently and have lower educational levels than Argentinians, must use other strategies to obtain a job, such as approaching other immigrant groups. Peruvian immigrants were the group in which fewer people reported not having had help to find a job, which can be due to their quantitative importance in the city and, consequently, the availability of large networks of contacts and businesses run by members of the community, among other benefits.

Absolute Occupational Mobility

The processes of absolute occupational mobility experienced by South American immigrants in their first and second job transitions are shown, respectively, in Tables 5 and 6. These results show that the prevailing pattern is immobility, and upward and downward trajectories occur mostly within segments, which expresses the closure of the groups and their relative internal mobility. In their first occupational transition (Table 5) more than half of the immigrants maintained the occupational category that they had in their last job in their countries of origin (56.6%), one third of them experienced downward mobility (33.2%), and only 10.2% experienced upward mobility. Mobility between labor market segments is also shown in the table. Among the people who experienced upward mobility (10.2%), 8.3% did so within the secondary segment, 0.9% within the primary segment, and only 0.9% moved from the secondary segment to the primary segment. As for downward mobility (33.2%), 19.2% of surveyed immigrants remained in the secondary segment, 2.3% in the primary segment, and 11.7% descended from the primary to the secondary segment.

Table 5.

Absolute Occupational Mobility (Percentage Distributions) of South American Immigrants Between Last Occupation in Origin and First Occupation in Santiago

First occupation in Santiago
Last occupation in country of origin   1 2 3 4 5 6 7 8 9 % N
1 2.5 0.0 0.2 02 1.1 0.0 0.0 0.0 0.2 4.2 22
2 0.2 5.1 0.2 1.1 0.4 0.0 0.0 0.2 0.9 8.1 43
3 0.2 0.2 1.1 0.6 0.6 0.0 0.0 0.0 2.5 5.1 27
4 0.2 0.0 0.2 3.4 3.6 0.0 0.0 0.0 2.3 9.6 51
5 0.0 0.0 0.0 0.8 19.2 0.0 1.1 1.1 12.5 34.7 184
6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.2 0.0 0.2 0.0 0.4 0.8 4
7 0.0 0.0 0.0 0.0 1.3 0.0 3.6 0.6 1.7 7.2 38
8 0.0 0.0 0.0 0.0 1.7 0.4 0.6 0.4 1.7 4.7 25
9 0.0 0.2 0.0 0.0 3.0 0.0 0.6 0.6 21.3 25.7 136
% 3 5.5 1.7 6 31.1 0.4 6 2.8 43.4 100  
  N 16 29 9 32 165 2 32 15 230   530

SOURCE: Relative data calculated using a weighted sample. 2015 Survey of South American Immigrants in Santiago de Chile.

[i] Note: International Standard Classification of Occupations (ISCO-88), single-digit version (see Methodology section). The diagonal line of numbers from the upper left corner to the lower right corner of the table (in bold) shows the proportion of immigrants who experienced immobility; numbers above these show upward mobility, and the numbers below, downward mobility.

Table 6.

Absolute Occupational Mobility (Percentage Distributions) of South American Immigrants Between First Occupation in Santiago and Current Occupation

Last occupation in Santiago
First occupation in Santiago   1 2 3 4 5 6 7 8 9 % N
1 2.6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 2.6 14
2 0.4 4.4 0.2 0.6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 5.5 30
3 0.0 0.0 1.8 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 1.9 10
4 0.0 0.2 0.0 5.9 0.7 0.0 0.0 0.0 0.0 6.8 37
5 0.7 0.4 0.4 0.9 29.0 0.0 0.0 0.2 2.2 33.8 183
6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0
7 0.2 0.0 0.0 0.0 0.7 0.0 4.2 0.6 0.2 5.9 32
8 0.0 0.2 0.0 0.0 0.0 0.0 0.9 1.5 0.2 2.8 15
9 0.2 0.4 0.6 1.1 7.9 0.2 0.6 0.9 29.0 40.8 221
% 4.1 5.5 3 8.5 38.4 0.2 5.7 3.1 31.6 100  
  N 22 30 16 46 208 1 31 17 171   542

SOURCE: Relative data calculated using a weighted sample. 2015 Survey of South American Immigrants in Santiago de Chile.

[i] Note: International Standard Classification of Occupations (ISCO-88), single-digit version (see Methodology section). The diagonal line of numbers from the upper left corner to the lower right corner of the table (in bold) shows the proportion of immigrants who experienced immobility; numbers above these show upward mobility, and the numbers below, downward mobility.

Concerning the second occupational transition (Table 6), 78.4% of surveyed immigrants remained in the same occupational group, 4.8% moved downward, and 16.8% experienced upward mobility. The dominant pattern of absolute mobility is invariance; among those who experienced mobility, whether upward or downward, 90% did so within their own segment, which confirms the hypothesis of discontinuity between social positions in the social structure ( Erikson & Goldthorpe, 2002 , 1992 ), expressed as labor segments ( Doeringer & Piore, 1985 ; Piore, 1979 ).

A coarse analysis of the primary and secondary labor markets shows that 27% of immigrants were employed in the primary market and 73% in the secondary market in their original countries; in Santiago, these percentages changed to 16.8% and 83.2%, respectively. That is, the occupational status of immigrants moved downward from the first to the second segment (Table 5). The causes of this structural decline are related to exogenous factors ( Goldthorpe, 2010 ): the predominance of low-wage jobs in the labor market (commerce, construction, domestic services), and an entry context marked by discrimination and racism ( Tijoux, 2016 ; Mora & Undurraga, 2013 ). Table 6 shows that the percentages of immigrants employed in the primary and secondary segments at the time of responding to the survey were 21% and 79%, respectively; this result suggests a condition of counter-mobility, although not to the levels of the original countries.

When comparing both transitions in aggregate terms, South American immigrants were found to experience a partial recovery from the downward movement associated with the first transition. Both transitions indicate the existence of a u-shaped occupational mobility pattern ( Chiswick et al., 2005 ; Chiswick, 1978 ): downward mobility in the first transition and upward counter-mobility in the second transition ( Aysa-Lastra & Cachón, 2013a , 2013b ).

Relative Occupational Mobility

The natural logarithms of the odds ratios obtained for the two occupational transitions shown in tables 5 and 6 were used to analyze the relative occupational mobility patterns, which were found to be irregular in both cases. Firstly, occupational mobility occurs within each segment and is marginal outside the segment. Fluidity can be observed in both transitions within segments, as well as social closure. Secondly, mobility is downward in the first transition and upward in the second, and it occurs mostly within individual labor segments.

Both phenomena reflect the U-shaped occupational mobility pattern, although its character is segmented, that is, it presents downward mobility in the first occupational transition and upward counter-mobility in the second occupational transition within each labor segment; this is an example of social fluidity ( Erikson & Goldthorpe, 2002 , 1992 ), which occurs within labor segments and scarcely between segments. This finding reflects similar results in other studies ( Simón, Ramos & Sanromá, 2014 ; Aysa-Lastra & Cachón, 2013a , 2013b ) and echoes the theory of segmented assimilation ( Zhou, 1997 ; Portes & Zhou, 1993 ).

Table 7.

 Relative Occupational Mobility of South American Immigrants in Santiago (Natural Logarithms of Odds Ratios) for Two Transitions Between Primary and Secondary Labor Segments

  First transition  
  First occupation in Santiago  
Last occupation in   Primary Secondary N (%)
Primary 4.1 -1.1 113 (40%)
country of origin Secondary -* 2.6 170 (60%)
  N (%) 82 (29%) 201 (71%) 283 (100%)
  Second transition  
  Last occupation in Santiago  
First occupation in   Primary Secondary N (%)
Primary 5 -** 87 (28%)
Santiago Secondary 0.9 7.3 221 (72%)
  N (%) 101 (33%) 207 (67%) 308 (100%)

SOURCE: Relative data calculated using a weighted sample. 2015 Survey of South American Immigrants in Santiago de Chile.

Note: Unweighted average of the natural logarithms of the odds ratios of the 16 squares in each segment of tables 5 and 6. Reference category: 5. A value of 0.01 was used in squares without data to make the calculation of odds ratios possible.

* No calculation available as there is only one subject in the square.

** No calculation available as there are not subjects in the square.

CONCLUSIONS

The presence of South American immigrants in Santiago de Chile has become a characteristic feature of the city. Their incorporation into the labor market was found to be more intense than that of the Chilean population in terms of participation, employment, and unemployment. The economic literature has explained this trend using the concept of self-selection ( Chiswick, 2008 , 1979 , 1978 ), which states that, given the same demographic characteristics (age, education, sex), immigrants are more significantly oriented toward the labor market than the population in the host country.

There are two remarkable characteristics of South American immigrants. Firstly, their higher levels of formal education; in general terms, they have completed 1.4 more years of schooling than native Chileans in the same age range. Secondly, the percentage of female immigrants is higher, close to 60% in some national groups. This is a clear example of what Sassen (2003) has termed feminization of survival, highlighting the leading role of women in migration trajectories and decision-making processes.

The present article has presented an empirical account of the key role of social capital, expressed as migration networks, in the incorporation of South American immigrants to economic activities in Santiago de Chile. In general terms, 85% of South American immigrants relied on networks (family, immigrant friends, Chilean friends, and contacts or acquaintances) for support upon their arrival and over the first few months in the city. Networks served as buffering mechanisms for newcomers, helping them to reduce the economic, emotional, and social costs of the migration process ( Tilly, 2007 , 1990 ; Massey, et al., 2006 ; Gurak & Caces, 1992 ). The construction of this social, economic, and symbolic fabric, constantly growing in size and complexity as it establishes interrelationships between migrants in the host country and non-migrants in their home country, demonstrates what Portes and Rumbaut (2010) have described as the microstructural function of migrations.

Results on the initial entry into the labor market show how family members are less relevant than contacts and acquaintances when it comes to finding a first job in Santiago. This higher effectiveness of weak ties in comparison with strong ties ( Granovetter, 1983 , 1973 ) highlights the complex and diverse nature of migration networks, which provide resources, such as job opportunities, unavailable to immigrants in closed networks. The present study identified differences among the five studied national groups: Argentinian immigrants have higher educational levels and their presence in the city is longer than immigrants from the rest of the national groups; they rely less on networks than in using their own credentials, and their networks are the most open ( Chiswick, 1997 ). Bolivian immigrants reported the lowest educational levels and the shortest times living in the city; their opportunities depend to a great extent on help from other groups, mainly from Peruvians. Colombian and Ecuadorian immigrants present similar patterns, although the networks in the latter case are more closed and mainly composed of relatives. For their part, Peruvian immigration, which accounts for 50% of total immigration in the city of Santiago, has formed the strongest network of relatives and immigrant friends, as well as contacts and acquaintances, and the percentage of people who reported not having received support in obtaining their first job in the city was the highest in this group. These data confirm qualitative research findings pointing out the presence of an economically, socioculturally, and politically strong Peruvian community ( Garcés, 2014a , 2014b ; Margarit & Bijit, 2014 ; Ducci & Rojas, 2010 ; Luque, 2007 ; Stefoni, 2005 ).

The present study has also described incorporation dynamics among South American immigrants in connection with the theory of dual labor markets ( Piore, 1979 ) to analyze the immigrant’s first occupational transition. International migration is due to a permanent and chronic demand for labor in developed societies because local workers disregard precarious and unstable jobs requiring low skills ( Massey et al., 2006 ; Arango, 2003 ; Piore, 1979 ).

Our analysis of absolute occupational mobility in the first and second labor transitions of South American immigrants, showed downward mobility trajectories in the first transition and upward counter-mobility trajectories in the second, indicating the presence of a u-shaped occupational mobility pattern ( Chiswick et al., 2005 ; Chiswick, 1978 ). However, immobility is the prevailing trend; that is, immigrants tend to maintain the occupational status that they had in their countries of origin. Thus, upward and downward trajectories take place within individual labor segments (primary or secondary).

The analysis of relative mobility, or social fluidity ( Erikson & Goldthorpe, 2002 , 1992 ), confirmed this conclusion. Fluid mobility can be observed within the segments but scarcely between them, in other words, openness within segments and closure between them, as well as discontinuities between the positions and a tendency toward the reproduction of the social structure ( Erikson & Goldthorpe, 2002 and 1992 ). At the same time, the U-shaped mobility pattern is presented in a segmented manner, that is, within the primary and secondary segment of the labor market, and not undifferentiated throughout occupational positions.

This overview of the incorporation of immigrants into the labor market of Santiago reveals that immigrants follow different paths and trajectories according to the characteristics of their national migratory group, both its demographic configuration (education, age, sex) and its social dynamics (social capital and use of networks), and the social space where this incorporation takes place —the city of Santiago and its socioeconomic structure. The present study sought to clarify some of the key aspects of the labor market incorporation process by analyzing data obtained from an ad-hoc survey; the results of this analysis were similar to those reported by other authors. The present study poses new research questions concerning the determinants for the different occupational mobility patterns associated with job transitions, such as those associated with human capital, social capital, sex and gender, migratory experience, and national origins, among others.

Notas

10 An odds ratio of 1 indicates independence between variables in the column and variables in the row; values of 1 or smaller indicate an association between both variables (Agresti, 2007, p. 29).

EL COLEGIO DE LA FRONTERA NORTE
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